jueves, 16 de diciembre de 2010

Crisis y Resurrección de la Literatura Argentina de Jorge Abelardo Ramos: colonización pedagógica y lucha cultural en el país semicolonial

Por Iciar Recalde (UNLP-Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui)

En el marco del IV CONGRESO INTERNACIONAL: Transformaciones culturales. Debates de la teoría, la crítica y la lingüística en el Bicentenario, Buenos Aires, 22 a 27 de noviembre de 2010 - Facultad de Filosofía y Letras, Puán 480


I- A modo de presentación
En estas sucintas páginas intentaremos presentar un análisis razonado de Crisis y resurrección de la literatura argentina de Jorge Abelardo Ramos, volumen publicado en el año 1954 con fuerte impacto en el campo intelectual y literario porteño, a raíz de su puesta en escena de una crítica inédita a dos figuras centrales de la cultura oficial argentina -Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada- y consecuentemente, de una fuerte impugnación a la política cultural propugnada por Sur en los años cincuenta. Creemos que el rescate del pensamiento de Abelardo Ramos, uno de los exponentes más brillantes de la izquierda nacional, silenciado durante décadas por las usinas de producción y reproducción del saber que se piensa legítimo, se torna fundamental en el contexto del Bicentenario, en la medida en que nos permite configurar protocolos críticos desde donde pensar la cultura y la literatura en su materialidad real, esto es, como partes constitutivas -pero además constituidas en la Argentina, nación signada por la dependencia económica y el sometimiento cultural al extranjero, receptora furibunda de teorías y debates ajenos. En este sentido, Ramos establece el principio de que en un país semicolonial, la lucha por la liberación de las ataduras de la dependencia, además de dirimirse en el terreno económico, se dirime en el campo de la cultura, esto es, para cambiar las condiciones políticas y sociales dependientes, es necesario efectuar una intensa crítica intelectual y política a las bases ideológicas del pensamiento que las sostienen. Crisis y resurrección de la literatura argentina, por lo tanto, se presenta menos como una obra de crítica literaria que como una obra política de crítica al denominado aparato de la colonización pedagógica como política cultural hegemónica. Esto es, más que discutir las cualidades literarias de Borges o de Martínez Estrada, pretende vislumbrar el peso que las concepciones de éstos -en tanto voceros del modelo social dominante- tuvieron sobre la formación cultural del conjunto de la sociedad argentina en sus derivaciones políticas concretas. En palabras de Ramos:

No ofrecemos al lector una exposición sobre literatura pura: ni los esfuerzos de la química han logrado situar nada en estado específico. (…) Nuestro tema será en consecuencia lo nacional y lo europeo en la literatura argentina y por implicación, en la formación del pensamiento nacional latinoamericano. Un entrelazamiento tan atrevido en apariencia entre la cultura y la política causará repulsión a nuestros intelectuales. Es bien natural que esto suceda, pues un franco debate de este género demostraría su divorcio del país en que viven. Su poliglotismo espiritual les impele a rechazar en el territorio subordinado lo que constituye el asunto habitual en la metrópoli europea, esto es, la más enérgica y apasionada polémica sobre las letras y sus fines.

-II- “La colonización pedagógica”
El punto de partida de Ramos será la distinción respecto a los modos de dominación ejercidos en los distintos modelos societarios conformados a través de la dinámica de poder en la división internacional del trabajo capitalista. En este sentido, existen países independientes o imperios que estructuran dos formas subsidiarias de dominación concreta: las colonias y las semicolonias. En las primeras, despojadas de poder político y ocupadas por las fuerzas extranjeras, el rol de la cultura no se torna determinante en la medida en que la fuerza de las armas prevalece. La conciencia nacional es la del país que ocupa y la influencia del imperialismo cultural se ejerce sobre todo en los sectores sociales más ligados al sistema imperial, a los beneficios de la expoliación del país. En cambio, en las semicolonias como la Argentina, que poseen un estatus político independiente decorado por la ficción jurídica –lo que Arturo Jauretche denominaría como estatuto legal del coloniaje-, la cultura se torna central para perpetuar el dominio imperial, en la medida en que permite configurar modos de ver y experimentar lo social en función de intereses ajenos a través de la puesta en funcionamiento del aparato de la colonización pedagógica:

(…) El imperialismo en los países coloniales otorga mayor importancia a su policía colonial que a su literatura clásica. Pero si en la colonia de Kenya la policía reemplaza a Eliot, en la vieja semicolonia de la Argentina, Eliot deberá suplantar a la policía colonial en el sistemático intento imperialista de sofocar la aparición de una conciencia nacional, punto de arranque y clave de toda cultura.

El término “colonización” supone que la cultura es un instrumento de dominación política que legitima programas económicos dependientes. La noción “pedagógica” implica por su parte la idea de que la cultura posee una función educativa y formadora del denominado aparato de la colonización pedagógica, esto es, toda la red de instituciones y prácticas socializantes que forma a los sujetos en un modo específico de ver y experimentar lo real. En este sentido, Ramos es bien explícito al establecer que todo programa económico se organiza en un proyecto político y que todo proyecto societario desarrolla una justificación y un programa cultural que hace posible su desarrollo. La idea de “aparato”, por su parte, obliga al análisis de la cultura en el entramado institucional que va desde el sistema educativo, hasta la prensa, los intelectuales, las academias, etc. y que opera en la construcción del pensamiento colonizado. En palabras de Ramos:
Nuestras clases selectas han imitado esas costumbres, propias de los pueblos vencidos, a quienes se les impone un traje, un tipo de comida, una literatura y una lengua.
En consecuencia, cultura y política son inescindibles ya que legitiman o imposibilitan, la reproducción de un proyecto dependiente o colonial. Y toda política colonial demanda para su funcionamiento una acción “pedagógica” para el sostén del sistema de dominación. Las clases dominantes en Argentina en la historia de su desenvolvimiento forjaron una intelectualidad a su servicio a través del internacionalismo y el universalismo de la cultura extranjera, cuyos focos de irradiación fueron las clases medias, hijas de lo que Ramos definirá como burguesía nacional y repetidoras más o menos fieles de un tipo de pensamiento oligárquico. Clases medias de las que, entrado el siglo XX, tradicionalmente provienen los escritores y a las que Ramos intentará llegar a través de sus escritos. El análisis del internacionalismo encarnado en figuras como la de Borges o Martínez Estrada, parte de la consideración de que la cuestión nacional o el nacionalismo, reviste distintas características en los países independientes y en las semicolonias. En aquellos, el nacionalismo jugó un rol las más de las veces ofensivo en la medida en que legitimó políticas de expoliación de las naciones más débiles. Pero en las semicolonias, el nacionalismo se torna imprescindible en el proceso de lucha por la liberación nacional y por la constitución de una cultura soberana obrando como plataforma defensiva de las agresiones e injerencias externas. En este sentido, el internacionalismo de los escritores voceros de la oligarquía no es más que una estrategia de encubrimiento de la asunción del nacionalismo de los países imperialistas:

Los seudointelectuales de nuestro país, educados en esta escuela de imitación, expresan invariablemente su aversión a una teoría de lo nacional que los explica y los niega. De ahí que acepten el nacionalismo de los europeos, esto es, el nacionalismo imperialista de un Eliot o de una Valery, cuyo tema es la averiguación de las hazañas culturales o históricas de su propio país.
Como asimismo:

La formación de esta intelectualidad argentina fue realizada por el imperialismo desde la victoria de Caseros. Resulta pues, completamente lógico que sus miembros hagan profesión de fe “internacionalista” o “universalista” frente a todas las tentativas de revaluar nuestro pasado o de transformar nuestro presente. Amparándose detrás de una cultura apolillada, que no inspira ya respeto ni en Europa, protegen su vaciedad con el escudo de un hermetismo literario o seudofilosófico que retrata no sólo la profunda confusión del Viejo Mundo, sino ante todo su propia impotencia creadora.
Si el fundamento de toda cultura es la afirmación de su personalidad nacional traducida en formas estéticas más o menos inmediatas, Ramos expresará sin titubeos que no existe una literatura argentina, en la medida en que la misma se constituye a través de la copia y la incorporación acrítica de estéticas extranjeras:

¿Por qué esas corrientes poseen una influencia tan notable en la literatura argentina? La razón más válida es que nuestra literatura no es argentina, sino que prolonga hasta aquí las tendencias estéticas europeas. Su misión es traducir al español el desencanto, la perplejidad o el hastío legitimados por la evolución de la vieja Europa. (…) Nuestros intelectuales traducen pasiones ajenas: desarraigados, sin atmósfera, -sombras de una decadencia o de una sabiduría que otros vivieron.
Por eso, advierte que es imperioso transformar en resurrección la crisis que atraviesa la cultura y la literatura argentina a través de la asunción de la conciencia nacional que se piense a través de categorías propias y en función de intereses conforme a las necesidades de su realidad concreta. El servilismo intelectual típico de las naciones semicoloniales, supone para Ramos un constante ejercicio de auto denigración y legitimación de la superioridad de la cultura extranjera en post del sostén de la situación dependiente del país. De esta manera, la diatriba operada en torno a Borges y Martínez Estrada –vertebrada además, a través de las lecturas que ambos proponen del Martín Fierro que oblicuamente definen su posición antinacional-, se convierte en la plataforma de lanzamiento de una crítica mucho mayor: la de la cultura de la dependencia en bloque y la estipulación de un tipo de lucha cultural que además de contribuir a la autodeterminación nacional, configure una identidad cultural que por nacional, adquiera sentido continental:

Pero es preciso advertir que la teoría de lo nacional no puede confundirse en modo alguno con una teoría de lo argentino. Somos parte indivisible de un territorio histórico ligado por la unidad del idioma. La realización de la unidad política latinoamericana será el corolario natural de nuestra época y el nuevo punto de partida para un desarrollo triunfal de la cultura americana, nutrida en su suelo y, por eso mismo, universal.

martes, 30 de noviembre de 2010

El kirchnerismo y la revolución cultural

Aritz Recalde, noviembre de 2010.

Desde el año 2003 el país está transitando por una profunda transformación cultural, que subvierte de raíz muchos de los valores y de las concepciones hegemónicas liberales y neoliberales. El renacer de una nueva cultura es producto de la reconstrucción de la conciencia nacional, que resurge tras el letargo político producido como resultado de la derrota popular con la dictadura de 1976. La revolución cultural en marcha atraviesa gran parte del tejido social y se encarna además, en acciones de gobierno como son la ley de servicios audiovisuales, el programa científico y universitario estatal, la promoción del matrimonio igualitario o en la recuperación de la conciencia histórica a partir de la política de derechos humanos, la galería de los patriotas latinoamericanos, el contenido de los actos del bicentenario o en la sanción del feriado recordatorio de la Vuelta de Obligado. A partir de éstas y otras medidas, la revolución cultural va desandando el programa neoliberal y el contenido de sus instituciones.
El neoliberalismo que caracterizó la cultura durante los años ochenta y noventa, fue impuesto a partir de la aplicación de una seguidilla de acciones militares inauguradas en 1955 y profundizadas desde 1976. Una vez acabada la etapa militar del proyecto neoliberal, el programa se organizó en instituciones públicas y privadas que transmitieron los valores de los grupos de poder antinacionales. No era la primera vez en la historia del país y la región, en que este modelo de sociedad se implementara por el método de la violencia. El liberalismo del siglo XIX se aplicó a partir de las batallas Caseros de 1852, de Pavón en 1861 y por intermedio de la Guerra del Paraguay de 1865-70. Su imposición en el siglo XX y de manera similar al XIX, se valió de los golpes de Estado y las acciones militares de 1955, de 1966 y particularmente, de 1976. Lo que fuera el contenido y la finalidad de la infame participación en la guerra del Paraguay, tuvo en el siglo XX su consonancia en la intervención de la Argentina en Nicaragua en 1977. Tras los asesinatos ejecutados dentro del país y en América Latina durante los siglos XIX y XX, la oligarquía, los grupos concentrados y el imperialismo, aplicaron la etapa cultural y de institucionalización del orden liberal. Caído Rosas, se organizó la arquitectura liberal con la Constitución de 1853 reformada en 1860 o con el código civil de Vélez Sarfield. Los intelectuales orgánicos al proyecto porteño difundieron su visión del país por intermedio de la historia oficial de Mitre o con el Facundo de Sarmiento, que oficiaron como textos fundacionales de la oligarquía portuaria para justificar su programa agrícola dependiente. Además y complementándose, Mitre nos legó un órgano de prensa con el diario La Nación.
La finalidad de la batalla de Caseros en el siglo XX puede ser comparada con el golpe de 1955 y lo mismo ocurre con los resultados de Pavón, que se acercan estrechamente al proyecto aplicado desde 1976. El terrorismo y la guerra de policía promovidas por Mitre por intermedio de Paunero y de Arredondo o por Sarmiento, son el antecedente directo de los asesinados y los desaparecidos por parte de los comandos de tareas de Videla en el siglo XX. El liberalismo necesitó de los asesinatos para imponerse y aplicó el terror contra el pueblo, bañando de sangre el país para traer la “civilización” o en el siglo XX, para terminar con el “comunismo”. Videla tuvo y de manera similar a Mitre con Rufino Elizalde o con Velez Sarsfield, a sus intelectuales orgánicos en las personas de José Alfredo Martínez de Hoz o en Domingo Cavallo. Sin desconocer la distancia intelectual y temporal que existe entre ellos, ambos compartieron la tarea de promover los cambios institucionales, políticos y culturales para aplicar el liberalismo extranjerizante y agroexportador.
Muertos sus adversarios políticos y refundadas las instituciones, estos dirigentes se abocaron a llenarlas de contenidos. La historia oficial que justificó el terrorismo aplicado desde 1955, la escribieron figuras como José Luis Romero, Gino Germani o Jorge Luis Borges, desde sus cátedras o cargos durante los gobiernos de facto o democráticos. A casi un siglo de distancia, la “civilización” venía a poner orden frente a la barbarie, pero ya no eran Rosas y los colorados del monte, sino Perón y la CGT. La oligarquía y el imperialismo en 1976 y de manera similar al siglo XIX, también tuvieron su proyecto institucional, su ley de reforma financiera y su apertura económica.
A los asesinatos de opositores, la persecución de simpatizantes o de “barbaros”, le siguió la organización de las instituciones y la imposición cultural. Luego del exterminio de los rivales del siglo XIX, transcurrió la calma de los cementerios bajo el ciclo político que va de Roca al Centenario. La oligarquía educó a los hijos de los caudillos asesinados, intentando convencerlos de que sus padres estaban bien ejecutados. Lo mismo ocurrió en la etapa que va de Videla a De La Rua, que fue un momento en el cual el neoliberalismo triunfante se impuso desde las instituciones culturales. La teoría de los dos demonios, la desmalvinización, el fin de la historia, las relaciones carnales con EUA o la extranjerización de la cultura, fueron transmitidos como valores y verdades incuestionables por el aparato de la colonización pedagógica. Las montoneras y los caudillos denigrados por Sarmiento y por Mitre en el XIX, fueron los “subversivos y los terroristas” del siglo XX, desacreditados y difamados por la escuela liberal o por el historicismo social que ocupó las instituciones universitarias desde la época de la libertadora y a partir de la apertura democrática de 1983.
Yrigoyen y Perón, ambos a su manera y en su tiempo, enfrentaron al liberalismo, a la oligarquía, al imperialismo, a su proyecto económico, a sus leyes y a sus valores. Desde el año 2003 el país y de manera similar al proceso de mediados del siglo XX, es parte de un renacer de la conciencia histórica y de la cultura nacional. Estamos ingresando, como a mediados de los años cuarenta, en una profunda revolución cultural. La crisis del año 2001 fue una bisagra que expresó la fragmentación de los valores del liberalismo y la eclosión de una nueva cultura nacional.
Desde el 2003 se está combatiendo la conciencia pastoril y dependiente de la oligarquía terrateniente, al cuestionarle el proyecto económico de país. El gobierno está apoyando la industria y con ello, el símbolo de la dependencia nacional y de la republiquita agroexportadora, cruje frente a la aparición de un pensamiento vigoroso, que se apuntala y se proyecta en una economía sólida y prospera, que genera empleo, desarrollo y sindicatos. La nación se afirma con la industria, que es un paso fundamental e irremplazable de la soberanía política y cultural. El INVAP o Atucha II, son dos importantes símbolos del renacer y de la refundación de las grandes metas y epopeyas científicas nacionales, que son hijas directas de la industrialización.
Otro paso fundamental en la lucha contra los valores neoliberales, se está ejecutando con la política de los derechos humanos y con la reivindicación de la militancia de los años setenta. Dichas medidas ofician como un acto de revisionismo histórico que pone en tela de juicio el proyecto de la oligarquía y se la sienta en el banquillo de los responsables de la tragedia nacional. Se está terminando la justificación del terrorismo liberal difundido bajo las frases del “algo habrán hecho” o de la “teoría de los dos demonios”.
Caen los valores neoliberales y además, están siendo debilitadas sus instituciones de transmisión de la cultura. La ley de servicios audiovisuales y el apoyo del gobierno a los medios públicos y no comerciales, están construyendo una pluralidad de voces, frente a la tiranía mediática de los oligopolios comerciales. Los grupos mediáticos, los factores de poder concentrado y el aparato de prensa del extranjero, ya no están solos.
El gobierno está derribando los valores de la oligarquía y sus instituciones. La sanción de la ley de matrimonio igualitario es revolucionaria en el plano del derecho y además, lo es en el plano cultural.
A este paquete de medidas, se le suma la justicia social del subsidio universal, las jubilaciones o las paritarias, que modifican la conciencia del pueblo en lo que respecta a sus derechos. En este marco, la política de integración regional busca romper con la dependencia y el europeísmo de los sectores medios y genera los puentes hacia una refundación cultural nacional latinoamericana.
La vertiginosa transformación cultural se organiza en torno de la recuperación de la conciencia histórica y a partir de un fuerte cuestionamiento de la tradición liberal. La interpretación historiográfica de José María Rosa, Arturo Jauretche o de Norberto Galasso, desfiló en el bicentenario, ocupa la galería de los patriotas latinoamericanos y se consagró con el feriado del 20 de noviembre.

La revolución económica, política y cultural de los años cincuenta, fue la materia a partir de la cual se conformó la conciencia nacional del activismo de los años sesenta y setenta. Desde el 2003 está naciendo una nueva generación de jóvenes que es educada en un país industrial y en el contexto de una revolución cultural. A partir de aquí, el proceso iniciado afirma la conciencia histórica del pueblo argentino y anticipa el renacer de una nueva generación política liberadora, en la antesala de la consumación de la conciencia nacional.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El feriado de la soberanía nacional y la política exterior argentina

Aritz Recalde, 20 de noviembre de 2010

Con el opio en las venas y los ríos de sangre africana, la ambición sobre el canto de olas navega hacia la muerte. Cenizas del 38 incandescentes tejiendo cadenas en el rio.
Tremola en el Paraná el Pabellón celeste y blanco, batalla de la Vuelta de Obligado.
Restaurador vi tu rostro en el mar del pueblo indignado, a Juan Bautista escupiendo las verdades del bronce cañón, a Mansilla y su fuego convertido en sol.
Tremola en el Paraná el Pabellón celeste y blanco, batalla de la Vuelta de Obligado.
Letra de Tercera Posición, Rock Nacional y Popular.

La sanción del feriado del 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional, es una acción que corona la aplicación de la mejor política exterior de la historia del país desde su independencia a la fecha. El feriado recupera nuestra conciencia histórica, que y como estableció Juan José Hernández Arregui, es un paso infranqueable en el cual transitan los pueblos para consolidar la conciencia nacional y la vida política independiente. El feriado de la soberanía nacional no es un hecho aislado ya que no fue casualidad que la Batalla de Obligado desfiló en el bicentenario de la patria y que el brigadier General Juan Manuel de Rosas, tiene su imagen colgada en la galería de los patriotas latinoamericanos. En el desfile del 25 de mayo de 2010 en la nueve de Julio y en los cuadros de la Casa Rosada, están expresados los símbolos de lo mejor del revisionismo historiográfico nacional y popular, que es desarrollado por los intelectuales como José María Rosa, Rodolfo Puiggrós, Fermín Chávez, Rodolfo Ortega Peña, Pacho O´Donell, Arturo Jauretche o el gran maestro Norberto Galasso.

El mejor homenaje que hace el gobierno nacional a la Batalla de Obligado de 1845, es su política exterior, que es soberana e independiente y que está fundada sobre las bases de la multilateralidad. Dicha política se organiza a partir de la promoción de la integración latinoamericana como eje vertebral de las relaciones. Este posicionamiento permite que la Argentina se relacione de igual a igual con países como Rusia, India, China, Vietnam, Estados Unidos y con el conjunto de naciones de Europa, de Asia y de África. Dichas vinculaciones se organizan a partir de la cooperación y atendiendo nuestros intereses como país soberano e independiente, dejando atrás las relaciones carnales menemistas. El ingreso del país al “G 20” es emblemático de los logros del gobierno que consolidó una inserción del país en el mundo por la puerta grande. En el plano de la integración de América Latina se han dado los pasos más importantes de la historia del continente, desde la época de Bolívar y de San Martín. La maduración de la integración alcanzó logros desde la UNASUR que son prácticamente inéditos, como fue detener los golpes de Estado contra procesos nacionalistas y populares en Bolivia o Ecuador o a partir de negociar la paz entre Venezuela y Colombia. La UNASUR contiene en su seno a miembros del MERCOSUR y el ALBA y actualmente se perfila con posibilidades reales para sustituir a la OEA y morigerar la injerencia de Estados Unidos en la región.
La política multilateral e integracionista aplicada por Néstor y Cristina, tiene su antecedente directo en Juan Perón. En su gobierno se planteó la tercera posición y se iniciaron las negociaciones multilaterales con los países socialistas, manteniendo además, vínculos con Europa o con Estados Unidos. Fue Perón el fundador del principal antecedente del MERCOSUR que es el tratado del ABC entre Argentina, Brasil y Chile, cuestión que se complementó con la firma de tratados con varios países del continente. Fue Perón además, quien al ver fracasar los acuerdos con los gobiernos, propuso la formación de una asociación entre los pueblos a través de la organización de una central sindical latinoamericana (ATLAS). En su haber quedó marcado el apoyo de Argentina a la Guatemala de Arbenz, a la revolución Boliviana de 1952, la ruptura del bloqueo a Cuba en 1973 y el ingreso del país al bloque de las naciones No Alineadas en Argel. Juan Perón había retomado muchas de las acciones y las opiniones de Hipólito Yrigoyen. Dicho dirigente dignificó la política exterior luego de décadas de sometimiento y defendió la posición neutral del país en la primera guerra, promovió la formación de un frente de países latinoamericanos y rechazó el expansionismo norteamericano. Yrigoyen revirtió la política aplicada tras la batalla de Caseros de 1852 que y salvo algún atisbo marginal como la doctrina Drago, implicó que nuestro país sea una semicolonia británica. Dicha dependencia se profundizó después del golpe de 1930 con acciones como Pacto Roca Runciman o los negociados con las empresas de transporte.
Hipólito Yrigoyen retomó aspectos de la política exterior de Juan Manuel de Rosas, cuyo objetivo fue organizar el Sistema Americano para reunir en un régimen federal al antiguo Virreinato. En este marco, se enfrentó y derrotó al imperialismo francés que protagonizó el bloqueo de 1838 y al anglo francés en 1845. La acción antiimperialista de Rosas fue reconocida por José de San Martín que se ofreció a combatir a Inglaterra y a Francia y le entregó su sable utilizado en la Independencia. Las acciones de los unitarios, la derrota de Oribe en Uruguay, el imperialismo británico y los errores y traiciones políticas de Urquiza, le impidieron culminar su obra. Lo que vino después es conocido por todos: los países del Virreinato divididos y sumergidos en la violencia en las batallas de Pavón o en la Guerra de la Triple Alianza. San Martín lo consideró su heredero al donarle el sable y actualmente Cristina lo reconoce como uno de los fundadores de la dignidad nacional.
Fuera de las acciones de Rosas, de Yrigoyen, de Perón, de Néstor y de Cristina, nuestra política exterior fue dubitativa y dependiente. La triste historia de la dependencia incluyó la participación del extranjero en la batalla de Caseros por el pedido explicito de varios argentinos. Involucró el sometimiento a Inglaterra que fuera el agresor contra el país en 1806, en 1808 o en 1845. Fuimos una semicolonia británica y francesa que llegó al Centenario reivindicando el sometimiento económico, político y cultural. Caído Perón llegaría el ingreso al FMI, la aplicación del Plan de estabilización con Arturo Frondizi, la importación de la doctrina de seguridad nacional norteamericana con Ongania y la participación desde 1976 en las acciones terroristas en Nicaragua o el Salvador. El punto máximo de la dependencia exterior, fueron las “relaciones carnales” con EUA o la venta de armas a Ecuador en el contexto de la guerra con Perú, durante Carlos Menem.
Para revertir este proceso llegó Kirchner y recuperó la perspectiva latinoamericana de la política exterior dando por tierra con muchas de las rivalidades históricas con Brasil o con Chile. Fue Néstor quien y continuando la acción de Juan Perón con el ATLAS y el ABC, convocó a los pueblos y gobiernos a derribar el ALCA en 2005. Fueron Néstor y Cristina los que reivindicaron a los combatientes del atlántico sur luego de la “desmalvinización alfonsinista” y lo realizaron defendiendo nuestros derechos en los organismos internacionales y dignificando económicamente a los patriotas que jugaron la vida peleando al enemigo. Valga este homenaje a Rosas y al pueblo que a lo largo de la historia defendió nuestra soberanía como en 1806, en 1837, en Obligado, en Malvinas y en la defensa diaria e impostergable, de nuestra industria, de los recursos naturales y de los interese del país y los trabajadores.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El 17 de octubre de Cristina Fernandez

Aritz Recalde, noviembre 2010.

Para la Agencia Periodistica del Mercosur

La masiva movilización de despedida de Néstor Carlos Kirchner lejos de ser un homenaje a la muerte, fue una clara demostración de su vitalidad política. El desfile popular que saludó los restos en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos y la inmensa procesión que cubrió las calles, reconocieron y ratificaron las acciones de un dirigente que marcó una etapa trascendente de la nueva Argentina.

La movilización pública, de manera similar al 17 de octubre del año 1945, fue una ratificación de los rasgos centrales del modelo de país. En 1945 los argentinos revalidaron el modelo industrial iniciado en el año 1943 que dejó atrás el proyecto liberal oligárquico. En la despedida del 28 de octubre de 2010, el pueblo ratificó el proyecto productivo inaugurado en 2003, que echó por tierra al neoliberalismo financiero y ello se expresó en la participación de los trabadores de la Confederación General del Trabajo (CGT) o de las cooperativas.

Aquel 17 de octubre, las masas dejaron atrás el proyecto de la oligarquía reflejado en los dirigentes empresarios y en los partidos demoliberales. La movilización de este 28 de octubre repudió a la oligarquía y lo expresó claramente al denunciar a su figura emblemática: se pronunció un fuerte repudió al vicepresidente opositor, Julio Cleto Cobos, que es el símbolo de la traición política y de la resolución 125 –medida a la cual asestó el tiro de gracia y que suponía regular las retenciones a la agro exportación para derivar esos fondos a obras y servicios públicos-.

El pueblo en el año 1945rechazó al imperialismo norteamericano encarnado en la figura del embajador Braden. Los participantes del homenaje a Kirchner reivindicaron las críticas de Néstor al FMI y su defensa a los programas populares latinoamericanos asediados por la CIA, como fueron los casos de Bolivia y Ecuador.

El 17 de octubre los trabajadores defendieron las leyes sociales, la baja de alquileres y el conjunto de las acciones de la Secretaria de Trabajo y Previsión. La última caravana humana que despidió al ex mandatario, se conformó de miles de trabajadores sindicalizados, de organizaciones sociales o de jubilados que reconocieron la importancia de la medidas como las 800 mil viviendas construidas por el Plan Federal, los 3,5 millones de subsidios de la asignación universal, la entrega de más de 2 millones de jubilaciones o las importantes reducciones alcanzadas en los índices de la pobreza, el desempleo y la indigencia.

Como en el año 1945, una parte importante de la sociedad ratificó el camino iniciado y está dispuesto a profundizar el modelo. Entre ellos, se encuentra un fragmento considerable de la juventud que reconoció en Néstor la posibilidad de volver a creer en la política, manifestando su admiración por las acciones antiimperialistas ejecutadas contra el ALCA o por aquellas ligadas al freno que se puso a los golpes de Estado en el continente.

La juventud, e importantes sectores de clase media, se identifican en la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales, en la política de Derechos Humanos, en la inversión histórica en ciencia y técnica, en la democratización de la televisación del deporte nacional o en la valiosa propuesta cultural del Sistema de Medios Públicos en canales como ENCUENTRO o en programas como 678.

El respaldo popular dado a Cristina permitió romper el bloqueo y la feroz campaña mediática contra el gobierno ejecutada por los monopolios. A partir de aquí, quedó demostrado que Néstor no era “tan malo” como estableció Clarín y que Cristina tenía mejor opinión pública que aquella supuesta condición de ser una “soberbia que compra carteras”.

La manifestación consiguió mejorar la performance electoral de cara al 2011 y pone a Cristina como candidata indiscutible del espacio del oficialismo. El homenaje permitió -al menos por ahora- disciplinar a algunos sectores díscolos del kirchnerismo que venían ejecutando acciones divisorias para ocupar candidaturas. En dicho cuadro, el gobierno dispone del apoyo explicito de la CGT que liga directamente su viabilidad histórica al modelo económico y político abierto en 2003. Si el proyecto triunfa crecerá la industria y a partir de allí, aumentarían los afiliados y el poder de los sindicatos. Caso distinto es la clase política y el Partido Justicialista, cuya dirigencia, en muchos casos y no en todos, apuesta a su juego propio a sabiendas de que no depende en el corto plazo del modelo.

El desafío que tiene que franquear el oficialismo va a ser el de garantizar la unidad política de un frente de gobierno que contiene a empresarios, a trabajadores, a sindicalistas, a gobernadores, a intendentes y a sectores medios. Dicha tarea implica promover nuevas figuras capaces de articular la heterogeneidad y de conducir el Partido y la política de alianzas para las internas simultaneas y obligatorias del año entrante. El triunfo electoral del 2011 y el correcto y necesario trasvasamiento generacional del proyecto, van a depender de la solidificación de la herramienta política.

Frente al espacio oficialista la oposición mediática va a jugar una guerra a todo o nada por la no aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales. Los grupos concentrados del campo se encuentran divididos, con buenos precios internacionales y con economía en crecimiento, cuestión que no permitiría repetir lo ocurrido en 2009. En este último año consiguieron convencer a la opinión pública de que fue la resolución 125 y no la crisis mundial o la sequía, las causantes de la recesión y de la caída de la actividad económica.

El capital financiero va a oponerse a la reforma de la legislación que impulsa el gobierno nacional por intermedio de Carlos Heller. Lo mismo va a ocurrir con el trascendente proyecto de distribuir ganancias de las grandes empresas –motorizado por la CGT-, que va a tener en los grupos concentrados un fuerte rechazo. La posibilidad de reformar la Carta Orgánica del Banco Central como viene proponiendo el oficialismo, va a correr igual suerte. En este cuadro, no deben descartarse que se repitan acciones desestabilizadoras al estilo del asesinado del militante Mariano Ferreira, del fomento de inflación o de la aplicación de operaciones psicológicas constantes desde los medios.




viernes, 5 de noviembre de 2010

17 de octubre 1945

Aritz Recalde
octubre 2010
El 17 de octubre de 1945 el pueblo se hizo presente en la plaza pública e inauguró una nueva etapa en la historia argentina: se abrió paso la década del nacionalismo popular revolucionario. La movilización popular cambió la historia del país y del continente. El pueblo y tras el letargo resultado de las acciones militares de Caseros y de Pavón y luego de haber presenciado la decadencia del radicalismo durante los años treinta, se expresó masivamente en las calles desnudando el asenso de la conciencia nacional.
Con la masiva movilización popular la clase trabajadora dirimió el conflicto que tuvo Juan Perón con los militares que lo habían detenido el 13 de octubre y que lo habían llevado en la cañonera Independencia a la isla Martín García. Previamente y a partir de una fuerte presión de las corporaciones, el imperialismo, la prensa y los partidos de oposición, Perón había sido obligado a renunciar a sus funciones de Vicepresidente, de Ministro de Guerra y de Secretario de Trabajo y Previsión.
El 17 de octubre y la detención de Perón se relacionaron directamente a las acciones iniciadas por la revolución de 1943, que aplicó importantes medidas sociales y económicas a favor de los trabajadores y la industria nacional. Algunas de ellas fueron la fijación de los precios de los alquileres, la expropiación de puertos en manos extranjeras o la creación del Banco Industrial. Además y cuestión fundamental, el gobierno impulsó la apertura de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social. Desde la Secretaria los representantes de los trabajadores realizaron una experiencia inédita de articulación entre el Estado, las demandas sociales y los delegados sindicales. En torno de las acciones de la Secretaria y del Consejo Nacional de Posguerra, los trabajadores y los técnicos del Estado y la industria, promovieron el paquete de leyes y de medidas como fueron el Estatuto del Peón del Campo, las normas de Maternidad, de Menores, la legislación de Arrendamientos o las de Vivienda.
La detención de Perón del 13 de octubre buscó revertir el reloj de la historia quitando a los obreros los derechos adquiridos desde el año 1943. Fue tal el impulso revanchista contra los trabajadores que las patronales se negaron a pagar el feriado del 12 de octubre y colocaron carteles en las puertas de las fabricas con la consigna “el 12 de octubre vayan a cobrárselo a Perón”. La inquietud dentro de las bases y las dirigencias gremiales fue en asenso e incluyó las visitas de los sindicalistas al General Avalos y al presidente Farrell los días 15 y 16 de octubre respectivamente, a los que se les pidió que garantizara las conquistas sociales. Las palabras de Avalos y Farrell no consiguieron apaciguar la inquietud de los trabajadores que produjeron diversas manifestaciones, muchas de las cuales fueron reprimidas por la policía.
En dicho marco de incertidumbre, las conducciones gremiales se reunieron el 16 de octubre y con 16 votos contra 11, convocaron una huelga general para el día 18 estableciendo que “la CGT, en defensa de las conquistas obtenidas y las por obtenerse y considerando que éstas se hallan en peligro ante la toma del poder por las fuerzas armadas del capital y la oligarquía, declara un Paro General en todo el país por el término de 24 horas, que se hará efectivo el día jueves 18 de octubre, a partir de la cero hora”.
El pueblo se adelantó al día 18 y el mismo 17 de octubre y proveniente desde distintos lugares del país, fue llegando a la Plaza de Mayo. Luego de una seguidilla de intrigas entre los militares, el general Perón ingresó a la Casa Rosada y desde el palco se dirigió a los manifestantes: “Trabajadores. Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honores en mi vida: ¡la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino!....” “Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse, sean hoy más hermanos que nunca”. Este discurso cambiaría para siempre la historia del país.
La jornada le permitió a Perón iniciar la campaña política que culminó con el triunfo electoral de febrero del año 1946. Asimismo y cuestión central, el día 17 de octubre nació una nueva fuerza política que terminó con el sistema bipartidista de conservadores y radicales, dando nacimiento al Partido Laborista que fue la columna vertebral del futuro Partido Peronista. Arturo Jauretche ya se lo había adelantado a Amadeo Sabattini cuando le escribió el 11 de octubre afirmando “Ya no hay otra alternativa para el país que Perón o la oligarquía. Nosotros nos vamos con Perón. No le extrañe que el pueblo haga los mismo”. La fuerza social se transformó en fuerza política y tras la elección del año 1946, se expresó hacia la organización del Estado inaugurando el programa de gobierno que generó las condiciones de vida más altas de América latina en toda su historia.
El 17 de octubre dio por tierra el programa político del imperialismo norteamericano enarbolado por su embajador Spruille Braden y el de la oligarquía terrateniente que cerró filas en el frente opositor de la “Unión Democrática”. A partir de este suceso, el gobierno entrante aplicó desde el año 1946 el programa industrialista organizado desde el Consejo Nacional de Posguerra -I y II Plan Quinquenal-. Asimismo y cuestión fundamental, la jornada de octubre le permitió al país disponer de soberanía para desarrollar la política exterior multilateral y latinoamericanista.
El 17 de octubre permitió el asenso de los militares nacionalistas. La fecha fue clave para la consolidación de la independencia económica y la industria nacional, ya que dio por tierra la posibilidad de asunción del poder de la oligarquía. Además y cuestión fundamental, el 17 de octubre derrotó al imperialismo norteamericano que tendía los tentáculos sobre América Latina.
Desde ese día y cuestión que llega hasta el presente, la vida de los trabajadores del país y de América Latina ya no sería la misma.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Nestor vuelve

Aritz Recalde, octubre de 2010

“La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación. (…) La opción es de hierro. Nación o Factoría. No hay una tercera alternativa”. Juan José Hernández Arregui

La despedida del pueblo argentino al ex presidente fue masiva y se derramó inagotable en una procesión acongojada por el vacio que causó la muerte del líder, sentida como la despedida del amigo y del compañero de ruta. Además, la marea humana que bañó las calles del país se vertió esperanzada, de a ratos apasionada y demostró que Kirchner no va a morir fácilmente en el acervo cultural del pueblo: quedó comprobado que Néstor vuelve. La manifestación popular evidenció la profundidad del cambio que se está produciendo en la sociedad argentina y afirmó la continuidad histórica en el proceso de formación de la conciencia nacional. En las jornadas de despedida se movilizó el capital cultural del pueblo que se transmite de una generación a otra, como conciencia histórica. En los trapos pintados por los pibes y las organizaciones, regresaron las montoneras y los caudillos federales, los anarquistas y los socialistas, las masas que caminaron con el peludo Yrigoyen, el arcoíris de razas que realizó el 17 de octubre, la juventud maravillosa de los setenta, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los piqueteros de los años noventa. En las banderas y en los canticos, entre el humo del choripan y el paty, la música del bombo y el ritual callejero, bien argentino y plebeyo, desfilaron los próceres que y para pesadilla de la oligarquía y los escribas del monopolio, regresaron desde la alegría y la movilización política de miles de argentinos y latinoamericanos. En los trapos y banderas se reflejó la conciencia nacional e histórica del pueblo que se pintó en las imágenes de Carpani, de San Martín, de Martín Fierro, de Túpac Amaru, de la CGT, de Cámpora, de Perón, de Evita, de Múgica, de Malvinas, del Eternauta, del Che, de Cooke, de Rosas, de Paco Urondo, de Discepolo, de Rodolfo Walsh o de la JP. Bajo estas banderas se movilizaron los jóvenes y los jubilados, las organizaciones sociales, las cooperativas, los sindicatos, las universidades o los profesionales. Las clases sociales se reunieron unidas en un mismo pueblo, reconociéndose en la identidad “yo soy argentino, soy soldado del pingüino”. La nación encarnada en el político popular y como tantas veces en la historia, demostró que Néstor vuelve.

La voluntad popular plebiscitó el programa inaugurado por Kirchner y pese a la feroz ofensiva política y mediática desarrollada contra su figura, no se puede esconder el reconocimiento masivo al cambio de política. El año 2003 cortó en muchos aspectos con el programa neoliberal y reafirmó la voluntad nacional en el único sentido posible de la palabra en América Latina: industrialización, soberanía política, justicia social e integración regional. El pueblo y con distintos niveles de conciencia y de comprensión, plebiscitó a Néstor que es el símbolo de la reconstrucción nacional. El programa económico del año 2003 impidió que seamos una factoría de servicios, una colonia agroexportadora o un mero banco para servir a las especulaciones bursátiles de los poderosos. En su lugar, inició un proceso de desarrollo industrial que hoy y pese a lo mucho que falta, ya esta pariendo a sus hijos y a sus nietos en los obreros afiliados a la CGT, en los jubilados que reciben haberes o en las miles de organizaciones sociales, juveniles, culturales y sindicales que germinan y que florecen en todo el país.

Juan José Hernández Arregui estableció que “toda lucha por la liberación contiene en su seno la emancipación cultural”. Consciente o inconscientemente, fuimos participes desde el año 2003 del derrumbe de los símbolos de la tiranía neoliberal. Con la crítica de Néstor al FMI o con Fidel Castro en la escalinata de Derecho, regresaron los grandes relatos a la arena política nacional que estuvo adormecida con el discurso único. Kirchner se reconoció en la militancia de los años setenta y bajó el cuadro de los milicos y dio por tierra las leyes de perdón a los asesinos y a los entregadores del patrimonio nacional. El presidente recibió a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y con esa actitud señaló a los criminales de la aplicación de un modelo que destruyó al país y que había que dejar atrás con justicia y con culpables presos. Luego y para sorpresa de muchos, incluyó a la gestión de gobierno a las organizaciones sociales que habían combatido a la dictadura y el neoliberalismo. Los escribas del odio iniciaron los ataques contra los “piqueteros en el gobierno”, contra la política de “derechos humanos”, que eran y en su ladina opinión, el resultado del resentimiento “montonero”. A partir de aquí, nuevamente discutimos los años setenta, los montoneros, la militancia, la política, la derecha y la izquierda, los muertos y los vivillos de la historia.

Con Kirchner se volvió a hablar de imperialismo en vez de “globalización”, reapareció la palabra América Latina y soberanía en la política exterior en vez del término “relaciones carnales con Estados Unidos”. En la política exterior recuperamos lo mejor de nuestra historia. Juan Manuel de Rosas movilizó al pueblo y cruzó las cadenas al Paraná para detener al imperio anglo francés y fue Néstor quien en pleno siglo XXI, derrotó al imperio norteamericano, no con cadenas y con cañones, sino con una masiva manifestación que reventó el estadio en Mar del Plata y le dijo no al ALCA junto a Chávez y a Evo Morales. Kirchner y cuestión que explica el porqué la juventud lo sigue fervientemente, fue el dirigente que se animó a decir las cosas por su nombre y que realizó grandes proezas. Fue quien le dijo a Bush que “no lo patotee”. Es quien se subió a un avión para ir a la selva en el rescate de Ingrid Betancourt. Fue el político que desde la UNASUR puso el cuerpo para garantizar la continuidad en la presidencia de Evo y de Correa. Néstor es quien le dijo a cara destapa y en plena luz del día a la oligarquía, que actuaba como “comandos civiles” y fue el dirigente que convoco al pueblo a las calles a enfrentar al enemigo histórico de la nación. Fue Kirchner quien enfrentó al monopolio mediático que pone y que derriba gobernantes, y nos dejó frases como “estas nervioso… que te pasa Clarín”.

Con Néstor y con Cristina Argentina se está reconstruyendo el Estado que edifica las cientos de miles de casas de los trabajadores, las rutas, las represas eléctricas, los gasoductos, las escuelas, las universidades o los satélites. Es el Estado que financia y como no ocurría hace décadas, la ciencia y la técnica nacional y que repatría científicos. Es el gobierno que reivindica la defensa de Malvinas y que dignifica a los combatientes. Es el gobierno que cambió la Corte y que intervino las mafias de la policía federal. Es la gestión que recuperó el dinero de los trabajadores en manos de los especuladores extranjeros y que lo puso en los estómagos de los hijos de la patria con el subsidio universal. Es el proyecto que redujo la pobreza, la indigencia, el desempleo y la deuda externa. Néstor expresa además, la alegría de los argentinos que se evidenció en la fiesta del bicentenario y en el futbol para todos.

Este gladiador como lo definió Maradona, tuvo aciertos y limitaciones, pero lo que es seguro, es que puso sus convicciones en juego hasta las últimas circunstancias. Fue un dirigente que se metió al barro, a la realidad de la política con sus blancos y sus negros, con los idealistas y con los tahúres, con los justicialistas o con los izquierdistas. Pese a que no lo entienda el progresismo argentino de modelitos socialdemócratas de buenos modales o de revoluciones socialistas impolutas, Néstor fue un verdadero peronista que lucho por su país y que mejoró la vida de la mayoría de los argentinos como nadie lo hacía desde la muerte de Juan Domingo.

Los desafíos que se abren al país, a las organizaciones libres del pueblo y a Cristina no son pocos. Los oligopolios mediáticos y económicos conspiran junto al imperialismo. La comadreja Cobos y su clase política derechista y decadente, verdaderos emblemas neoliberales de la traición, están al acecho. Pese a eso, confiamos plenamente en Cristina y no vamos a dar ni un paso atrás. La acción política, la militancia y la unidad del kirchnerismo con el conjunto de las organizaciones populares, van a ser la garantía del triunfo en el año 2011 y del cumplimiento de todo lo que falta por hacer en el proyecto nacional. Y como dijo Perón “pretender retroceder sobre nuestros pasos, es imposible para la comunidad argentina del presente. (…) Su empeño es tan vano como nadar contra la corriente. En la lucha entre el nadador y la corriente, a la larga, ganará siempre la corriente”.

sábado, 23 de octubre de 2010

Ferreira y la especulación electoral

Aritz Recalde, octubre 2010
Repúdianos el asesinato de Mariano Ferreira y de cualquier argentino, sea cual fuera su causa. Rechazamos el empleo de la violencia como un mecanismo para resolver diferencias políticas, sin distinción de credos o de ideologías. También consideramos oportuno rechazar la utilización intencionada del hecho que hacen los medios de comunicación y los representantes de la derecha y de la izquierda. EL ASESINATO DE UN DIRIGENTE SINDICAL NO PUEDE QUEDAR ATADO A LA ESPECULACIÓN ELECTORAL.
La justicia tiene la última palabra sobre quien fue el autor material e intelectual del asesinato. Pese a eso, creemos que es llamativo que se produzca un asesinato a plena luz del día y frente a las cámaras de televisión. Asimismo, creemos extraño que se dispare sobre un dirigente que carece de relevancia política en el entramado sindical y en la acción gremial particular. El dirigente del PO no era afiliado de la Unión Ferroviaria, tema a partir de cuál se puede entrever que no se buscó en el blanco político a un adversario de poder real en la Unión Ferroviaria. La mención a un “exceso” de la dirigencia sindical, es un argumento que no por atendible, no deja de llamar la atención. La forma en que se realizó el asesinato se parece más a una acción política y psicológica, que a un exceso.
Más allá de lo dicho y pese el interrogante que tiene que dilucidar la justicia, de lo que no quedan dudas es de las operaciones que están realizando los medios de comunicación. CON EL ASESINATO SE BUSCA MOVILIZAR A LA OPINIÓN PÚBLICA EN CONTRA DE LA CGT Y DEL GOBIERNO NACIONAL. ¿Con qué motivo?: debilitar la CGT e impedir que continúe unida al gobierno nacional. ¿Por qué?: si triunfa el gobierno y se fortalece la CGT se va a aprobar la ley de participación obrera de las ganancias, se va a sancionar la ley de reforma financiera, se va aplicar la ley de servicios audiovisuales, se van a profundizar las medidas como el subsidio universal por hijo y la entrega de jubilaciones y se va a seguir impidiendo desde la UNASUR, que las derechas y el pentágono derriben a gobiernos como el de Evo Morales o el de Rafael Correa.
La derecha mediática utiliza la falta de sentido político de la dirigencia de izquierda que se presta a la especulación electoral sobre la espalda del dirigente asesinado. Los dirigentes del PO y otras fuerzas similares, culpan sin prueba y sin argumento sólido alguno a tan agravante acusación, a la Juventud Sindical, al gobierno nacional, a la CGT y a Hugo Moyano. Moyano se reunió con los trabajadores reprimidos a los que les dio el apoyo público de la CGT: eso no importaría en opinión de los medios y de la izquierda ya que es un “burócrata”. En una central con millones de afiliados, la diversidad de los entramados es inmensa y se dice muy poco bajo la acusación categoría de “burocracia sindical”. Las acusaciones de “burocracia” se generalizan a todo el movimiento obrero menos a la escasamente representativa dirigencia de izquierda. En esta operación se debilita el movimiento obrero ya que todos los trabajadores son caratulados como idiotas útiles de una conducción asesina y traidora. En especial, se trata de mostrar que el acto del 15 de octubre fue protagonizado por burócratas y potenciales asesinos.
Pese a lo que dicen por televisión los periodistas, la “burocracia de la CGT” recuperó el poder adquisitivo del salario de sus representados, recobró la paritarias, apoyó la aplicación de un proyecto de país que produjo más de 4,5 millones de empleos y actualmente y cuestión trascendente para la historia del movimiento obrero, discute en el parlamento una ley para otorgar participación en las ganancias a los trabajadores. En la CGT como en otras instituciones, hay diferentes actores y actitudes. Hay dirigentes mafiosos y honestos, negociadores y luchadores, pragmáticos e idealistas. Frente a esto, la tarea denigratoria que realizan la derecha y la izquierda solamente fortalece a los intereses de las grandes corporaciones.
El embate de la derecha latinoamericana dejó señales en Bolivia, en Honduras, en Ecuador y ya lo ha hecho en nuestro país con la desaparición de Jorge Julio López. El mecanismo es la desestabilización mediática y política y la implementación y promoción de hechos de violencia. La derecha argentina asesinó a Ferreira. Con la campaña mediática lo que busca es utilizarlo para atacar el movimiento sindical y a los trabajadores argentinos. El muerto se lo tiran al gobierno nacional, a la CGT y al conjunto de los trabajadores que marcharon el 15 de octubre en River, no solo al PO, a los tercerizados o la izquierda.
Solamente la unidad de las centrales gremiales con el gobierno nacional, pueden garantizar que se haga justicia a los culpables materiales e intelectuales del asesinato.

viernes, 15 de octubre de 2010

SOBRE LA TOMA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UBA

Aritz Recalde, octubre 2010.

La FUBA desarrolló una campaña política partidista por intermedio de la ocupación de la Facultad de Ciencias Sociales y del Ministerio de Educación de nación. Su objetivo real y pese a que no siempre es declarado públicamente, busca establecer en la opinión pública que el gobierno nacional aplica una política de infraestructura educativa “igual a la de Mauricio Macri”. El resultado lógico del planteo, se resume en lo siguiente: si el gobierno nacional y el de la Ciudad son “burgueses de derecha y están enfrentados a los intereses de los estudiantes”, la alternativa política del país es alguna extravagante secta de izquierda o la FUBA. Tomando distancia y en nuestra opinión:
- PRIMERO: queda demostrado en los hechos que la Ciudad y la Nación están aplicando dos proyectos claramente enfrentados y antagónicos en todos los ámbitos y en especial, en el educativo;
- SEGUNDO: la gestión de Néstor y de Cristina representan al gobierno que mayor inversión ha realizado en ciencia y técnica desde la década del setenta a la fecha. Dicha cuestión implica que nuestra inversión en educación sobre el PBI (6,47%) es de las más altas de la región (ver anexo de gestión K en educación);
- TERCERO: las actitudes de la FUBA no se proponen resolver las demandas estudiantiles, sino que y por el contrario, solamente quieren hacer una campaña política partidaria de sus agrupaciones nacionales.
- CUARTO: el modo en que se plantean las iniciativas desde la conducción de la FUBA - y sin desconocer que hay jóvenes bien intencionados que participan de las tomas-, es erróneo y equivocado y denota una marcada ignorancia, irresponsabilidad y oportunismo.

En opinión de la FUBA la toma de la Facultad y del Ministerio se justificaría por el mal estado de algunos edificios. Sin negar la importancia de seguir mejorando las instalaciones, queremos decir dos cosas. PRIMERO: el gobierno nacional está invirtiendo importantes cifras de dinero en la Facultad de Sociales y en la UBA. SEGUNDO: no se terminan las obras por negligencia de la propia universidad y no por responsabilidad del Estado Nacional.
Sobre el primer aspecto es importante mencionar la existencia del PROGRAMA DE APOYO PARA EL DESARROLLO DE LA INFRAESTRUCTURA UNIVERSITARIA, a partir del cual ya se terminaron 110 obras en las universidades nacionales. En dicho programa y solamente en la UBA, el gobierno está invirtiendo $ 147.150.829 entre obras terminadas, en ejecución y proyectadas. Entre las obras terminadas se encuentra la Primera Etapa de la remodelación de la FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES, los ascensores del HOSPITAL DE CLÍNICAS y de la FACULTAD DE ARQUITECTURA y la renovación de la Instalación eléctrica de la SEDE DE URIBURU 950. Entre las obras en ejecución se encuentra el importante edificio de la FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS que cuenta con una inversión de más 48 millones de pesos y que tiene un nivel de avance superior al 98%. Entre las obras del Programa se encuentra la Segunda Etapa de la FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES que implica una inversión de $ 23.995.947 y dicha obra tiene un avance físico cercano al 76%.
Sobre el SEGUNDO aspecto queremos resaltar la responsabilidad que tiene el gobierno de la universidad. La UBA en el goce de su autonomía dispuso de aproximadamente 2 mil millones de pesos de la partida presupuestaria 2010. A dicha cifra deben sumarse los aumentos otorgados por el Estado nacional en el año, más las partidas de programas especiales (voluntariado, planes de mejoramiento, becas, etc.-) más los proyectos de ciencia y técnica (CONICET, incentivos, etc.), más los programas de infraestructura del MINPLAN y además y cuestión central, deben computarse los cientos de proyectos de consultorías rentadas con el sector privado y público que ejecutan. A partir de aquí, podemos aseverar que la UBA administra más de 3 mil millones de pesos anuales.
En este marco, la pregunta que podría hacerse la FUBA es a donde se destinan los millones de pesos de los trabajos rentados y por qué no se reserva una modesta cifra de ellos a un fondo de obras e infraestructura, que permita acelerar y finalizar los trabajos (por ejemplo, destinar solamente 4 millones para terminar la segunda etapa de sociales). La única respuesta posible a estas actitudes es que la UBA se gobierna con altos niveles de negligencia y de desidia y esto involucra a todos los claustros. Para cerciorarse de lo que estamos diciendo, resta visitar otras universidades que heredaron de los años ochenta y noventa dificultades presupuestarias y que inician y culminar obras haciendo una utilización racional, eficiente y ordenada de los recursos públicos. En una universidad autónoma los responsables de la administración de los recursos son los miembros del cogobierno, incluyendo a los estudiantes y no es cuestión solamente de mirar al “gobierno K”. La autonomía da derechos, pero además, implica responsabilidades.
Otro punto fundamental a resaltar, es la distancia existente entre los dichos y las prácticas concretas de los miembros de la FUBA. Una de las manifestaciones de esto quedó reflejada en la toma cuando rompieron un aula para hacer un bufete… Hay que decir además, que administran empresas que facturan varios miles de pesos mensuales (fotocopiadoras y bufete en una universidad de aproximadamente 330 mil alumnos - consumidores) sin pagar impuestos, ni servicios, ni alquileres y con salarios bajísimos y casi sin excepciones, en negro y sin hacer aportes. De estos fondos que no son de un partido y tampoco de la FUBA y que son de la universidad en su totalidad, no surgen recursos ni para cambiar un foquito, ni pintar un aula, ni comprar un picaporte. Los negocios de la FUBA ejecutados sobre los bienes del Estado y el dinero de los estudiantes, son una caja negra utilizada para pagar la política de los partidos nacionales. Pese al discurso revolucionario del hombre nuevo pidelotodo, nunca la FUBA realizó ni una sola campaña de voluntariado para mejorar el patrimonio universitario que dicen defender y menos aún, para concientizar sobre su cuidado. Es el socialismo del “animémonos y vallan”. Por el contrario y cada vez que pueden como hicieron en la toma, descuidan y destruyen lo que es de todos. Eso sí, cuando aparece un gobierno que invierte millones, que les hace obras y que apoya la ciencia y la universidad, lo combaten con rimbombantes consignas.
Otra cuestión digna de mencionarse, es el hecho de que las tomas y reclamos se profundizan contra aquellos decanos que están apoyando medidas populares y trascendentes para el futuro del país. Un caso típico es el debate encarado por la Facultad de sociales para la sanción de la ley de medios. La FUBA no apoya a un decano y a una Facultad que contribuyen a sancionar una medida que es histórica y que es revolucionaria y que encarna los anhelos y las luchas de las carreras de comunicación y del conjunto de la universidad. Por el contario, se aboca al consignismo partidista para arrimarle votos a algún partido autodenominado de izquierda en el año 2011.

Frente a lo injusto e innecesario de la toma, la comunidad universitaria y el conjunto de las organizaciones libres del pueblo, tienen la responsabilidad de defender, de difundir y de profundizar el proyecto nacional en ciencia y técnica más importante de las últimas décadas. El gobierno nacional aplica una política industrialista y popular que recuperó la ciencia y la técnica al servicio de la industria y los intereses nacionales. Estamos seguros de lo que decimos y no necesitamos que la FUBA secuestre ningún ministerio o que digan que “le tuercen el brazo al gobierno”, para seguir haciendo cientos y cientos de obras.

lunes, 20 de septiembre de 2010

MODELOS DE DESARROLLO E INTEGRACIÓN REGIONAL EN AMÉRICA LATINA

Aritz Recalde, agosto de 2010
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“La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Eduardo Galeano.

“El Estado promoverá, sobre los principios de una relación justa, equitativa y con reconocimiento de las asimetrías, las relaciones de integración social, política, cultural y económica con los demás estados, naciones y pueblos del mundo y, en particular, promoverá la integración latinoamericana”. Artículo 265 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia.

“Les convoco a que suscribamos un verdadero Tratado de Comercio de los Pueblos, bajo los principios de integración de nuestras economías y sociedades, que nos complemente, que sea solidario, como los dedos de una mano, para ir con firmeza y afecto a sentar las bases reales de nuestras soberanías alimentarias, energéticas y financieras de la región, que sean sostenibles en el tiempo, respetuosos de nuestro ambiente”. Rafael Correa

El siglo XXI conmemora el bicentenario de las revoluciones latinoamericanas y nos encuentra en el proceso de construcción y de edificación de la segunda y definitiva independencia, que es el desarrollo integral de nuestras naciones. La primera independencia fue la política y paradójicamente, en la medida que rompimos lazos con las metrópolis ganando soberanía, quebramos los vínculos con los pueblos y los gobiernos de la nación latinoamericana y esta condición favoreció la dependencia de nuestros Estados frente a los intereses de las potencias. Salimos de la esfera colonial española y portuguesa para ingresar a la órbita del imperialismo británico, francés o alemán que aceleró la balcanización del continente.
Tal cual estableció Enrique Gugliarmelli la primera “Independencia, fue obra del pueblo en armas. La segunda y actual, es la de su desarrollo integral” . La segunda independencia reconoce entre sus tareas impostergables la necesidad de consolidar el desarrollo económico pleno y sustentable, emancipar socialmente y políticamente a las organizaciones libres del pueblo e implica solidificar una cultura nacional y latinoamericana que permita dar el salto científico y tecnológico. Además y cuestión primordial, la segunda emancipación americana tiene que consolidar la soberanía política de los Estados pero - y a diferencia de las independencias del siglo XIX- debe integrar a los gobiernos y a los pueblos del continente en un sistema confederado, cooperativo y solidario. Esta tarea implica conocer los puntos de encuentro y las diferencias de los Modelos de Desarrollo de cada país de América Latina, apuntalando o promoviendo en la agenda de integración la resolución de los intereses globales de la región.
La segunda independencia y la integración regional no son una mera manifestación de deseo intelectual, sino que y por el contrario, son un camino imprescindible para que los pueblos del continente no sean aplastados por los intereses objetivos de las metrópolis imperialistas. Los recursos del tercer mundo son un objetivo económico, político y militar permanente y tomada la decisión por parte de las potencias de apropiarse de los bienes de los Estados del sur de la tierra, es un problema meramente de tiempo, de posibilidad y de circunstancia. La confirmación de la política expansionista y colonial no debe verificarse en torno del debate moral que ella esconde, sino que y por el contrario, se deduce del más elemental análisis histórico. Ya lo estableció claramente Justino O` Farrell cuando afirmó que “las grandes potencias imperiales, bajo el pretexto de desarrollar la “obra civilizadora”, ocultan su verdadera esencia y escamotean a la realidad lo que deben garantizar: su expansión” . Así fue como la ciencia occidental dio un marco de posibilidad concreta a la obra imperialista y la navegación y la técnica para superar distancias, apuntalaron la vocación expansionista europea: la historia del imperialismo fue y sigue siendo, la historia de la tecnología y la innovación puesta al servicio de las potencias expansionistas. Los límites expansionistas del imperialismo los dispone su capacidad industrial, su avance tecnológico y la organización política del pueblo y el gobierno que quieren ocupar: el tope a los intereses objetivos de las potencias está dispuesto por nuestros Modelos de Desarrollo y por la capacidad que dispongamos para alcanzar la integración regional.

La historia reciente de occidente y lamentablemente, lejos de frenar la política expansionista del imperialismo europeo o norteamericano, ha acelerado el proceso de apropiación de los recursos de los otros Estados del planeta . Durante la colonización inicial la población de América Latina fue la mano de obra de Europa que operó la exportación de los recursos naturales. La segunda etapa expansionista europea posterior a las independencias americanas, fue la neocolonial e implicó la apropiación de los mercados para la colocación del trabajo extranjero y la confiscación de la energía y de los recursos naturales. La tercera etapa expansionista neoliberal es el resultado del triunfo político y militar garantizado por las dictaduras y los gobiernos apuntalados por Estados Unidos y su finalidad privilegiada fue cerrar la etapa de las revoluciones nacionalistas y socialistas del tercer mundo. Se trató con esta política y en gran parte de los casos, de obstruir la posibilidad de aplicar Modelos desarrollistas, socialistas y nacionalistas. Una vez obstruida la etapa de liberación y destruida la industria de los países, se promovió una política de integración regional dependiente a los anhelos del capital financiero y monopólico norteamericano y europeo.
En palabras de Methol Ferre para América “Nacemos entonces bajo la hegemonía del Imperio Hispánico, el primero en dar la vuelta al mundo. Pero a Magallanes le siguió el pirata Drake. Y España en su retroceso histórico hace lugar desde la Independencia al predominio del Imperio Británico, que a su vez lo va cediendo al Imperio Yanqui, llegado con el siglo XX y consolidado en la segunda Guerra Mundial. Tres imperios sucesivos signan nuestra historia” .

La aplicación de Modelos de Desarrollo Neoliberales permitió que el imperialismo se apropie de las empresas públicas y privadas de las periferias fruto de la acumulación y el trabajo de los Estados. Paralelamente a la desindustrialización, el neoliberalismo produjo una distribución asimétrica de los recursos entre el capital y el trabajo a favor del primero, sumergiendo en el terrorismo del hambre y la pobreza a gran parte de las organizaciones libres del pueblo de América Latina.

La vertiginosidad de la expoliación del tercer mundo adquirió ribetes trágicos en países como Argentina, Bolivia o Perú, que vieron destruir sus economías, desarticular las legislaciones sociales y privatizar sus empresas fruto de los procesos nacionalistas y desarrollistas. El embate imperialista neoliberal dispuso de los mercados, de los recursos naturales y financieros y de la mano de obra y con esta finalidad, las empresas trasnacionales y el capital financiero se organizaron políticamente a través de los gobiernos de las potencias y los organismos internacionales. A su expansión económica le correspondió una organización política y militar que le otorgó sostén: organizadas sus industrias las potencias se abren paso hacia la conquista de mercados y materias primas por intermedio de las finanzas, la política o la guerra, que son sólo medios para alcanzar sus fines. Las potencias no tienen ética, sus leyes escritas son sólo eso y la política, el terrorismo económico o la guerra y el exterminio de pueblos o de líderes populares , son decisiones circunstanciales de una misma codicia: la ganancia de sus capitales y el crecimiento de sus naciones.

Los países cuando amplían su estructura industrial y productiva, se proyectan en el plano político y cultural haciendo de su visión del mundo, un modelo de esquema mental distorsionado que exportan con la finalidad de que sea asimilado por las periferias: una de sus manifestaciones es la exportación de Modelos de Desarrollo y de Integración para América Latina. El pensamiento de las potencias es apropiado de forma deformada por los intelectuales y los políticos de los Estados subdesarrollados, que a través de este acto de sometimiento mental, planifican y justifican las políticas antinacionales sobre su pueblo y cavan las tumbas en donde enterrarse como miembros de un país subyugado. La justificación de los proyectos antinacionales que no pueden garantizar los fusiles, los aviones o las cancillerías, los ejecutan las instituciones educativas, culturales y periodísticas del aparato de la colonización pedagógica, que es planificado en las metrópolis y ejecutado por sus operadores internos en los Estados dependientes. Frente a este panorama, las organizaciones libres del pueblo y sus intelectuales enfrentan una batalla política y cultural por la supervivencia nacional y regional de América Latina. No existe emancipación social sin autonomía política, sin independencia económica y sin soberanía cultural y estos aspectos fundamentales de un Modelo de Desarrollo, no se consolidan sin integrar la región latinoamericana para poner tope a los intereses expansionistas del imperialismo.

En este cuadro, es que introducimos el debate sobre los Modelos de Desarrollo y su relación con la integración regional, ya que consideramos que de la realización o la obstrucción de ambos, se define parte importante de la viabilidad social, cultural, económica y política de América Latina.

Objetivos
El presente documento tiene como objetivo central analizar la relación existente entre los Modelos de Desarrollo y los tipos de integración en América Latina actual. Con dicha finalidad, vamos a tomar como casos de análisis las experiencias nacionales de Brasil y de Argentina, por un lado; y los casos de Cuba y Venezuela por otro. La elección de los países no es aleatoria sino que responde a que los Estados de Argentina y del Brasil conforman uno de los polos de integración con características y perspectivas propias y diferenciadas. Asimismo ocurre con Venezuela y con Cuba que conforman un modelo de integración que y tal cual veremos, reposa en su Modelo de Desarrollo particular.

Para alcanzar los objetivos establecidos el documento introduce una definición de los conceptos utilizados como el de Modelo de Desarrollo, nación, oligarquía, geopolítica, pueblo e integración regional. Con dichas categorías abordaremos un breve análisis de las experiencias nacionales identificando los cruces entre Modelos de Desarrollo y los tipos de Integración. Asimismo y a modo explicativo, mencionaremos un conjunto de HIPÓTESIS que articulan las relaciones entre los conceptos y que manifiestan nuestro punto de vista sobre las relaciones históricas, actuales y futuras entre los Modelos de Desarrollo y la integración regional.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La política argentina entre Isabel Martínez y la dictadura


Aritz Recalde, septiembre 2010.

El peronismo en el año 1973 aplicó un programa de gobierno similar al ejecutado entre los años 1946 y 1955. En el plano ECONÓMICO se implementó un proyecto nacionalista, industrialista y popular (Plan Trienal). En este marco, se sancionaron leyes protectoras de la industria nacional, se nacionalizaron depósitos bancarios, se promovieron las juntas reguladoras de granos y carnes, se nacionalizaron bancos, se creo una Corporación de Empresas Nacionales, se sancionó una ley de inversiones extranjeras o se promovieron medidas para gravar la tierra improductiva, entre otras acciones en sintonía con la década del cincuenta.
El programa fue concertado POLÍTICAMENTE con los representantes de la industria, del trabajo y del Estado a partir del Pacto Social. En temas SOCIALES los acuerdos alcanzados por el Pacto implicaron los momentos de mayor igualdad en la distribución del ingreso de la historia del país y del continente y ello se expresó en que los trabajadores se apropiaron de una cifra cercana al 50% de la riqueza del país. El encargado de diagramar los trazos del programa económico fue José Ber Gelbard que y siguiendo la tradición de Miguel Miranda, era un exponente de la burguesía industrial argentina y fundador de la Confederación General Económica (CGE).
El intento de repetir el programa nacionalista de los años cincuenta se encontró con serias dificultades en el plano político. Por un lado, se habían intensificado las diferencias históricas dentro del peronismo. Los grandes encuadramientos dentro del programa de gobierno eran la Tendencia revolucionaria y las juventudes políticas (izquierda peronista); los dirigentes ligados a la CGT, al partido justicialista y al empresariado nacional (centro o moderada); y los núcleos marginales vinculados a José López Rega o similares (derecha peronista). Se suponía que las diferencias políticas entre el centro y la izquierda peronista, estaban dadas por la posibilidad de otorgar o no, mayores competencias a los trabajadores y al Estado en la administración de los recursos y las empresas. La izquierda peronista abogó por el “socialismo nacional” que y en teoría, suponía avanzar en la estatización de varias empresas otorgando una participación importante al control obrero, en el contexto de aplicación de una política exterior de integración al universo de las naciones del tercer mundo. Más allá de las discusiones entabladas entre las posiciones de la izquierda y los sectores de centro, existían acuerdos básicos sobre gran parte de los proyectos del gobierno contenidos en el Plan Trienal. La derecha y por el contario, una vez que alcanzó mayores lugares de poder con la muerte de Perón, aplicó un programa económico, social y político que fue contrario a los trabajadores y a la industria argentina.
Estas diferencias internas se agravaron por el hecho de que desde el año 1955 las distintas dictaduras promovieron la violencia como un medio de dirimir las diferencias políticas. Los años setenta y a diferencia del primer peronismo, convivían con organizaciones armadas y con un alto nivel de violencia que hacía dificultoso ejecutar las políticas. En este cuadro, el protagonismo juvenil y lejos del ansiado trasvasamiento generacional pacífico iniciado en los años cincuenta, se vio sumergido en un espiral de enfrentamientos. En este marco, se inscriben los sucesos de Ezeiza en los cuales la derecha peronista disparó contra los manifestantes de otras vertientes que marchaban pacíficamente al encuentro con Juan Perón.
Asimismo y complicando el esquema político de la época, Perón se enfrentó a una izquierda armada que no reconocía la legitimidad del voto electoral y de la democracia popular. En este cuadro, el gobierno se encontró con fuertes debates internos en su fuerza, con enfrentamientos armados contra su gestión ejecutados en nombre de la izquierda y con la existencia de un aparato de seguridad y de fuerzas militares heredadas de las diferentes dictaduras y sobre las que no tenía control.
En el plano de la POLÍTICA EXTERIOR, el peronismo aplicó un programa multilateral que y de la misma manera que en el primer gobierno, se centró en la promoción de las relaciones con América Latina, en el impulso a los vínculos comerciales con los países del bloque de los estados no alineados, con las naciones comunistas y con la Europa capitalista. En dicho marco, el país retomó relaciones comerciales con Cuba y Argentina participó activamente de las reuniones de los No Alineados en Argel.
En dicho contexto, los enemigos históricos del gobierno promovieron la agudización de los conflictos y prepararon desde el año 1955 la “solución final” para dar por tierra al programa industrialista, nacionalista y popular. Las clases dirigentes habían intentando diferentes experiencias de fraude, de represión o de cooptación. El golpe de 1955, los fusilamientos de 1956, el Plan Conintes, el golpe de 1962, la dictadura de 1966, los fraudes electorales o los asesinatos de presos políticos en Trelew, tenían una intencionalidad concreta en el intento de terminar con el proyecto inaugurado en 1946. Al cerco político aplicado al gobierno por parte del poder concentrado de la oligarquía y del capital trasnacional, se le sumó la desestabilización económica y la guerra ideológica. Con este objetivo, los grupos concentrados promovieron el aumento de precios, la especulación comercial o implementaron operaciones culturales por intermedio de la prensa concentrada.
La muerte de Juan Perón el 1 de julio del año 1974 aceleró las internas políticas dentro del frente de gobierno e incluyó el avance de organizaciones terroristas como la Alianza Anticomunista Argentina (AAA). A la desaparición del líder del movimiento, se sumó la crisis económica mundial que implicó el aumentó de los precios del petróleo o inconvenientes como el bloqueo a los embarques de carne argentina a Europa.
El contexto latinoamericano del año 1974 no era demasiado propicio para aplicar los programas el gobierno popular y por el contrario, se caracterizó por la existencia de dictaduras militares en Brasil, Chile, Uruguay o Bolivia. Los golpes militares eran apoyados por Estados Unidos en el marco del Plan Cóndor que tenía por finalidad derrotar las experiencias populares en América Latina e inaugurar el neoliberalismo. En este marco, los factores internos y externos eran una seria dificultad para la continuidad del Pacto Social y del proyecto.
Isabel Martínez asumió la presidencia y junto a ella, ocuparon mayores posiciones grupos de derecha liberal ajenos a la historia del peronismo como es el caso de López Rega. Por primera vez en la historia y por intermedio de Celestino Rodrigo, el peronismo aplicó un programa económico liberal de contenido contrario a las industrias nacionales y a los derechos de los trabajadores. El intento de aplicar dicho proyecto fue enfrentado por los dirigentes de la CGT que obligaron al ministro a demitir de su cargo. En dicho cuadro de profunda inestabilidad política, económica y social, Isabel favoreció el asenso de Jorge Rafael Videla como comandante en Jefe del Ejército. Su figura es emblemática de la dictadura militar que se aplicaría en breve.

La dictadura de 1976
La dictadura se denominó a si misma como “proceso de reorganización nacional” y transcurrió entre los años 1976 a 1983 bajo las presidencias de Jorge Rafael Videla, de Roberto Viola, de Leopoldo Galtieri y de Reynaldo Bignone. Se busco y como lo establece su nombre, “reorganizar” la economía, la política, la sociedad y la cultura.
El programa ECONÓMICO se implementó en una batería de medidas y por intermedio de varios de Ministros, entre los cuales resaltan Alfredo Martínez de Hoz y Roberto Áleman. El proyecto se relacionó al liberalismo del siglo XIX y estuvo centrado en la promoción del modelo agroexportador y de los negocios de los bancos en lugar de las actividades de la economía real e industrial. En los hechos, ello implicó la desindustrialización del país, la concentración de la riqueza y la extranjerización de la economía. En el plano SOCIAL el plan se expresó como deterioro salarial, en la perdida de puestos de trabajo (desempleo), en el aumento de la pobreza y en la conformación de una fuerte desigualdad social. Unos pocos grandes grupos económicos, muchos de ellos extranjeros, se apoderaron de la riqueza social que no fue reinvertida en la industria y el desarrollo de los argentinos sino que y por el contrario, fue fugada al extranjero.
En términos POLÍTICOS, la dictadura tuvo como finalidad quitarle a los trabajadores y al empresariado argentino la posibilidad de incidir en la toma de decisiones y en la formulación de los proyectos del Estado. A partir de aquí, se implementó un plan selectivo de asesinatos y de persecuciones impartiendo el terror sobre los sindicatos, los partidos y el conjunto de las organizaciones libres del pueblo. El resultado de dicha política fue que las principales decisiones de la Argentina las tomarían a partir de aquí, los grupos concentrados de poder y los intereses extranjeros y ya no los trabajadores, los empresarios locales y el Estado. En POLÍTICA EXTERIOR la dictadura promovió nuestra relación dependiente y subordinada a los Estados Unidos y aplicó su programa de apoyo a las dictaduras en el hemisferio.
En el aspecto CULTURAL la dictadura buscó eliminar la conciencia nacional del pueblo, silenciando o impidiendo la aparición de otras voces por fuera del programa liberal, entreguista y represivo. Las producciones de los científicos, de los artistas o las ideas y las prácticas de la juventud fueron conceptualizadas como “subversivas” y en su lugar, los militares propusieron los valores de un supuesto mundo “occidental y cristiano”. En dicho marco, la dictadura realizó un pacto con la Iglesia Católica y con los grupos mediáticos Clarín, La Razón y La Nación a los cuales les entrego el control de Papel Prensa. Con esa acción, les otorgó a los grupos mediáticos el manejo del precio del papel y la posibilidad de que impidan el nacimiento de otras voces y opiniones. Asimismo y en esta línea, la dictadura sancionó una ley de medios de comunicación en el año 1980.
La aplicación del programa económico generó una fuerte crisis social y un estado de desestabilización permanente de la economía que se vio sumergida en la inflación crónica, la desinversión, la especulación financiera o la fuga de capitales. Dicho proyecto implicó un importante malestar social y político y favoreció la aparición de resistencias dentro del movimiento obrero. En este contexto, surgieron los organismos de derechos humanos y figuras como las Madres de Plaza de Mayo que son un emblema de la resistencia popular a la dictadura.
El fracaso económico, la desigualdad social creciente, la resistencia obrera y de los espacios como los organismos de derechos humanos y otras expresiones políticas entre las cuales estaba la Multipartidaria (PJ, MID, UCR, PI y Democracia Cristiana), contribuyeron al cuestionamiento al gobierno de facto y a la construcción de una alternativa. La derrota de la guerra de Malvinas aceleró la crisis del gobierno militar que culminó con el regreso de la democracia y con el triunfo en las elecciones presidenciales del año 1983 de Raúl Alfonsín.

El resultado de siete años de dictadura fue profundamente pernicioso para el país. Por un lado, los militares heredaron una economía con una inmensa deuda externa, con industrias quebradas, con grandes grupos concentrados y con un alto nivel de extranjerización. En el aspecto político, asesinaron una generación de activistas y les quitaron a los trabajadores su intervención en la planificación de los grandes temas del Estado, para transferir las decisiones a los representantes de los grupos concentrados y el extranjero. En el plano social, dejaron un país con altos índices de desigualdad, de desempleo, de marginalidad y de pobreza. Finalmente, en los aspectos culturales la dictadura socavó profundamente la conciencia nacional del pueblo argentino en todas sus manifestaciones.

martes, 31 de agosto de 2010

Legado de San Martín en el bicentenario


Aritz Recalde, agosto 2010.

En el año del bicentenario consideramos pertinente traer al lector algunas concepciones que reconocemos como parte fundamental del legado histórico de José de San Martín. Su figura es parte de un fuerte debate ya que y entre otras cuestiones, fue apropiado como un símbolo por diversas corrientes de pensamiento y de acción cultural y política en América Latina. Pese a dicha complejidad, creemos oportuno recuperar 6 aspectos fundamentales de su obra que pueden recuperarse como “legados sanmartinianos”.

1- Los militares no interviene en las guerras civiles.
“El general san Martín jamás derramará sangre de sus compatriotas y sólo desenvainara su espada contra los enemigos de independencia de Sud América”.
Manifiesto de San Martín, Valparaíso 27/7/1820

San Martín fue renuente a que los militares se involucren en las guerras civiles y estableció que los ejércitos eran fuerzas anticoloniales y libertarias y nunca policías internas. En este sentido y en el año 1819 San Martín actuó como mediador entre Buenos Aires y los caudillos Estanislao López y Gervasio Artigas, con la finalidad de impedir la guerra interna. A partir de aquí, se opuso a que el Ejército de los Andes intervenga en el conflicto promovido por el gobierno directorial de Pueyrredon contra el litoral. Dicha posición puede rastrearse en su carta a Estanislao López donde estableció que “mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas” . En esta línea, le escribe a Artigas y establece que “cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad”. Con dicha acción evitó la participación de su ejército en las guerras civiles y permitió consolidar la campaña de liberación del Perú. Dicha práctica le valió la sospecha de “traición” por parte de los porteños y tal cual lo relató José María Paz en sus Memorias “llegaron algunos a sospechar que estuviese secretamente de acuerdo con los jefes disidentes (…) Venía a dar cierto viso de probabilidad a esta sospecha la aversión que siempre había mostrado dicho general a desenvainar su espada en la guerra civil, como después lo ha cumplido rigurosamente” .
Su actitud de “desobediencia” a las órdenes porteñas es un importante antecedente de la sublevación del Ejército del Norte en Arequito en el año 1820, que se negó a reprimir a las montoneras federales. En dicha oportunidad, los caudillos Ibarra de Santiago del Estero, Bustos de Córdoba y Heredia en Tucumán apresaron al jefe de la expedición y se negaron a viajar a Buenos Aires para defender al Director Supremo .

2- La nación es América.
Es innegable la trascendencia histórica latinoamericanista del legado de San Martin que infundió un fuerte sentido de pertenencia continental en nuestra cultura política. San Martin fue un libertador americano y su campaña militar incluyó además de la Argentina, a Chile y a Perú. Asimismo, es importante resaltar el hecho de que su ejército se componía de oficiales de diversos países y que y por tomar un ejemplo, el cruce de la cordillera hacia Chile se realizó con la bandera del Ejército de los Andes y no con la de Argentina.
Un hecho de suma importancia que refleja el americanismo de San Martín puede rastrearse en las acciones ejercidas como Protector del Perú. En este cuadro se inscribe la promoción del tratado de unidad entre Colombia y Perú que se firmó por intermedio de Bernardo Monteagudo y de Joaquín Mosquera el 1 de mayo de 1822 .

3- La liberación americana incluye como tarea impostergable la emancipación popular.
“No varía un punto mi opinión respecto a la necesidad de una prontísima transacción con los montoneros (…) Si Ud. y la Comisión consiguen que ambos partidos se den la mano para defender la patria, será más glorioso para Ud. que el triunfo de Chacabuco y Maipú”. Carta de Tomas Guido a San Martín, Chile, 17/03/1819.

San Martín promovió acciones para emancipar a sus pueblos ya que la lucha anticolonial y la cuestión social, formaron parte de un mismo programa político. Por ejemplo, auspició en el año 1812 las medidas del II Triunvirato que implementó la libertad de vientres, eliminó formas de sujeción de los pueblos originarios (mita o encomiendas) o que descartó los títulos de nobleza . En esta misma línea, se ubica la liberación de los esclavos en posesión de los ciudadanos españoles y aquellos ubicados en la región de cuyo que fueron reclutados al Ejercito de los Andes en el año 1815.
En su condición de Protector del Perú impulsó medidas como la eliminación de la servidumbre de los indios, la libertad de vientres de los esclavos, la abolición de la inquisición y de los castigos corporales, entre otras acciones .
La concepción popular de San Martín quedó expresada en su vinculación con las montoneras y con los dirigentes del estilo de Martín de Güemes, de Gervasio de Artigas, de Estanislao López, de Facundo Quiroga o de Juana Azurduy que movilizó a los pueblos originarios en la lucha anticolonial contra España .

4- La liberación nacional implica desarrollar el Estado interventor.
San Martín promovió la conformación de un Estado interventor e industrialista. En el marco de la liberación americana, la voluntad del pueblo se organizó en brazo armado y como un pilar fundamental de la industrialización para la guerra. Estas acciones pueden rastrearse en su gestión en Mendoza en donde promovió la conformación de fábricas militares por intermedio del teniente coronel Fray Luis Beltrán. La economía organizada por San Martín en Cuyo produjo herraduras, ponchos, camisas, mantas, uniformes, tiendas de campaña, pólvora, partes de artillería, armas blancas o fusiles. Eduardo Astesano demostró como San Martín encargó producir monturas en Tucumán y Catamarca, herraduras en Buenos Aires y sables en Córdoba y Retiro .
En su condición de Protector del Perú San Martín promovió y entre otras instituciones publicas, la apertura de una Dirección de Minería y un Banco.
Su obra de gobierno incluyó confiscaciones y el Estado aplicó la lógica del interés común por sobre el egoísmo privado.

5- La liberación nacional requiere de un Estado educador.
San Martín promovió la conformación de instituciones públicas para promover la ciencia y la cultura. Entre sus acciones más emblemáticas en la materia, se debe mencionar que abrió escuelas en Mendoza o que enseñó matemática y teoría militar a los oficiales del Ejército de los Andes. En Perú fundó instituciones como la Escuela Normal o la Biblioteca Nacional.

6- San Martín es antiimperialista y combate al colonialismo y al neocolonialismo en todas sus formas.
“A su recibo ya sabía la acción de Obligado (…) de todos modos los interventores habrán visto por este echantillon que los Argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder, no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”. Carta de San Martín a Tomas Guido, Grand Bourg, 10/05/1846.

La historiografía oficial difundió la lucha ejecutada por San Martín contra el colonialismo español. No ocurrió lo mismo con su férrea denuncia ejecutada contra las acciones del neocolonialismo francés y británico durante la gestión de gobierno de Juan Manuel de Rosas. En esta línea, José de San Martín en Carta a Rosas del 5 de Agosto de 1838 estableció que “He visto por los papeles públicos de esta, el bloqueo que el gobierno Francés ha establecido contra nuestro país; ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso de delicadeza que Ud. sabrá valorar, si usted me cree de alguna utilidad, que espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que me destine”. En Carta a Rosas del 24 de enero de 1839 y refiriéndose a las acciones de los exiliados en Montevideo favorables al imperialismo sostuvo que “lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de dominación española; una tal felonía ni el sepulcro puede hacer desaparecer”.
Su vocación antiimperialista llevó a San Martín a entregar su sable a Rosas en el testamento redactado el 23 de enero de 1844, ya que y en su opinión testamentaria “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del sud le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla” .


Bibliografía
• Astesano Eduardo (1961). San Martín y el origen del capitalismo argentino, Ed. Coyoacan, Buenos Aires.
• Chávez Fermín (1991) Correspondencia de San Martín a Rosas, Ed. Tehoria, Bs. As.
• Galasso Norberto (2007). Seamos Libres. Lo demás no importa nada. Ed. Colihue, Buenos Aires
• Mitre Bartolomé (1950). Historia de San Martín, Ed. Sapasa Calpe, Buenos Aires.
• Nadra Fernando (1974). San Martín, ed. Cartago, Buenos Aires
• O´ Donnell Pacho (1994). Juana Azurduy. La teniente coronela. Ed. Planeta, Buenos Aires
• Ortega Exequiel (1978). San Martín Educador. Ed. Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.
• Paz José María (1979). Memorias (selección). Ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

martes, 3 de agosto de 2010

APUNTES PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA CULTURA


Aritz Recalde, agosto de 2010

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“Primitivo, bárbaro, irracional no son categorías científicas, sino políticas; sirven para designar el enemigo interno o externo; para justificar la injusticia de lo que se hace victima”. Amelia Podetti[1]

Vamos a definir el término cultura siguiendo a Juan José Hernández Arregui que la precisa como el conjunto de bienes materiales y simbólicos que conforman la identidad de un grupo social. Dichos bienes materiales y simbólicos se organizan como valores colectivos que son transmitidos por intermedio del lenguaje y se expresan como conciencia a partir del cual el hombre actúa e interpela el medio. La cultura a partir de aquí, es una categoría que se vincula estrechamente con la acción política entendida como una actividad cuya finalidad es actuar sobre una relación de poder. La práctica cultural adquiere siempre una dimensión política, en tanto los valores colectivos de los sujetos son puestos en juego en las prácticas que desarrollan sobre el contexto social e histórico. Asimismo y atendiendo esta particularidad, es innegable que la acción política contemporánea reconoce entre sus prácticas la tarea cultural: la lucha política se organiza a partir de la disposición de la conciencia de los pueblos.
El término sociología[2] de la cultura implica que el análisis se va a desarrollar atendiendo sus vínculos con la organización social, política y económica en la cual se inscribe. A partir de aquí, nos interesa analizar histórica y geográficamente situadas algunas de las causas de origen para la producción y la divulgación de la cultura. Estas variables deben ser puestas en juego atendiendo la especificidad del problema nacional[3] de los países del tercer mundo. Los cruces y relaciones de dichas dimensiones adquieren un contenido y unas características diferenciales en función de nuestra condición de país dependiente[4]. Amílcar Herrera se refirió a la particularidad del problema de la dependencia en el continente y estableció que “el subdesarrollo no es meramente un estadio primario del desarrollo, sino una situación estructuralmente diferente, en gran parte generada y condicionada por la misma existencia y evolución de las sociedades desarrolladas”[5]. Las relaciones entre poder, política y cultura involucran atender dos dimensiones de análisis: existe una dimensión nacional y otra de grupos sociales. Dicha especificidad lleva a considerar la funcionalidad de la cultura atendiendo su relación con los vínculos desarrollados entre los Estados y además, el concepto debe reconocer sus implicancias dentro de los intercambios entre agrupamientos sociales dentro un territorio.
El análisis histórico demuestra que las relaciones sociales y de poder se organizan y se perpetúan a partir de constituirse políticamente. Asimismo, es innegable que los grupos sociales y sus organizaciones políticas se manifiestan y proyectan culturalmente. Tomando distancia sobre un posible análisis determinista y economicista, reconocemos que la identidad cultural se desenvuelve en un contexto cuyas relaciones sociales, políticas y económicas son complejas y su origen no tiene una causalidad única e invariante. Ahora bien y pese a que creemos que no es correcto plantear una relación directa entre cultura y economía, no se puede desconocer que existen fuertes vínculos entre ellas. En América Latina los intereses económicos de las metrópolis y sus empresas trasnacionales se organizan y se proyectan políticamente y tienen una capacidad de influencia mucho mayor que otros actores sociales. Dicho predominio se ejerce fuertemente en las instituciones de producción y divulgación cultural. A partir de aquí y pese a negar que exista una causa única en el origen de la cultura, reconocemos que los análisis tienen que contemplar la especificidad cardinal de nuestra condición geopolítica de donde se desprenden rasgos y comportamientos fundamentales.
La cultura puede ser un medio de emancipación o de opresión en tanto que busca perpetuar o que intenta modificar una realidad social, económica y política con la cual interactúa. Cuando la cultura es un instrumento de opresión entre países se define como neocolonialismo. En el caso de que la cultura sea un medio para oprimir a grupos sociales dentro de una nación se puede hablar de racismo o de clasismo. En su sentido inverso, cuando la cultura es un elemento de emancipación entre Estados se la define como nacionalismo popular o antiimperialismo. Cuando adquiere una función emancipadora entre los grupos sociales de un país se define como cultura popular.




[1] Amelia Podetti (1969). “La antropología Estructural de Levi Strauss y el Tercer mundo”, en Revista Antropología del 3er Mundo, Año 2, Mayo. p 47.
[2] El Cuaderno del C.E.H.A. Nº 6 define el término sociología desde la perspectiva de Juan José Hernández Arregui.
[3] Según Methol Ferré “Tres elementos confluyen en la constitución del “Estado – Nación clásico”. Un Estado con su burocracia organizadora, que implica una gran herencia del derecho Romano, que incluye el ejército, símbolo mayor del monopolio de la violencia. Una industria, que desde la revolución maquinista inglesa implica, más en más, la unidad de ciencia y tecnología con la misma industrialización. Cada vez más, desde el siglo XIX, no es posible ninguna sociedad industrial moderna, sin un creciente dominio y difusión científico – tecnológico. Lo industrial implica lo científico – tecnológico de modo crecientemente indisoluble. Una sociedad que no tenga el mayor despliegue científico – tecnológico, será literalmente industrialista pero no será industrial. Una “alfabetización universal”, lo que implica una lengua en común, un idioma literario, si no total, si hegemónico. La cultura y la comunicación común que instaura una dinámica nacional igualitaria. Se objetiva en la alfabetización total, a la altura de las exigencias de la época. Este espacio “homogenizador” se manifiesta en una común cultura nacional”. Alberto Methol Ferre (2009). Los Estados continentales y el MERCOSUR, Ed. Instituto Superior Arturo Jauretche, Buenos Aires. p 67.
[4] En el Cuaderno del C.E.H.A. Nº 1 se amplían los términos de dependencia y de nación.
[5] Amílcar O. Herrera (1974). Ciencia y política en América Latina, Ed. siglo XXI, Buenos Aires. Pp 10-11.