lunes, 27 de octubre de 2008

John William Cooke y el Partido Justicialista.


Apartado del libro "EL PENSAMIENTO DE JOHN WILLIAM COOKE EN LAS CARTAS A PERÓN 1956-1966". Aritz Recalde, noviembre de 2008.


(...) “Lo que antes insinué tímidamente, debo afirmarlo ahora con toda mi responsabilidad: el Partido Justicialista puede ser el camino para que la corrupción penetre en el Peronismo” (...) “Ya esos hombre ensayaron el neoperonismo y la política de no violencia con la libertadora, que a estos efectos era torpe” (...) “el triunfo de esa tendencia nefasta es el mejor regalo que puede hacerse al gobierno”. J. W. Cooke, 5 febrero de 1959 (Tomo II, P. 148).

Los Partidos políticos y como punto de partida, podemos decir que son agentes de organización y de representación política. A lo largo de la historia argentina y en una extrema síntesis, coexistieron dos tradiciones para pensar la finalidad, la forma de organización y las tareas que ejercieron, ejercen y que “deberían” implementar los Partidos. Por un lado, se ubica la tradición demoliberal burguesa y por otra y vinculado a la figura de Yrigoyen, pero y particularmente a la de Perón, transcurre la tradición del “Movimiento Nacional” a la cual se va a referir Cooke a lo largo de las Cartas.

Los Partidos de la tradición demoliberal burguesa tienen una génesis en el siglo XIX dado que son producto del afianzamiento del régimen liberal aliado al mercado mundial. Estos Partidos institucionalizaron el orden político de la oligarquía que es económicamente liberal, políticamente aristocrático, socialmente desigual y culturalmente neocolonial y dependiente de Europa. Dichos Partidos tuvieron en su origen y poseen actualmente, la finalidad prioritaria de ser un mero “agente electoral” y actúan como medios de representación en el “mercado político” estableciendo agendas de gobierno y canalizando demandas del electorado. Dichos Partidos se plantean representar a “ciudadanos” individuales que actúan en el mercado político y que son definidos de forma similar al movimiento de los factores del libre mercado. En su mayoría, poseen una identidad difusa que se modifica según el marco y el contexto de la alianza electoral. Desarrollan una organización burocrática y profundamente cerrada consolidando una cúpula profesionalizada con lógica propia en la cual se toman las decisiones, que esta separada de los cuadros auxiliares y los adherentes del Partido que se los convoca solo en períodos electorales. El teatro de operaciones de estos Partidos son los gabinetes empresarios, generalmente extranjeros, el Congreso y las instituciones del gobierno. Su relación con la masa se opera a través de los medios de comunicación de masas y/o la compra de aparatos y estructuras políticas preexistentes. En tanto su condición de clase los liga a la oligarquía, el capital financiero y a los grupos económicos extranjeros, sus programas de gobierno enfrentan cualquier posibilidad de desarrollo industrial independiente del país. A partir de aquí, que escinden la práctica política de la transformación social y económica a la cual definen como propia del “mercado”.

En el reverso de este modelo de Partido demoliberal se ubica el Movimiento Nacional producto del ingreso a las masas a la arena política en el siglo XX. Juan Perón[1] se refirió a la muerte del demoliberalismo y al nacimiento de nuevas formas políticas ya que:
(…) “la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados. Esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva que las viejas formas ya no pueden ofrecerles” (…) La historia del demoliberalismo burgués es simple y casi reciente. Cuando hace vente años el Justicialismo anunciaba desde la Argentina la “Hora de los Pueblos” y su doctrina, el mundo demoliberal y el soviético, apoyados por el imperialismo capitalista, lanzaban ya su ofensiva contra nosotros con la acusación de “antiliberalismo”, “demagogia”, “nazifacismo”, etc. Sin embargo, ha pasado el tiempo y la evolución paulatina e irremediable ha ido alejándonos cada día más de los supuestos liberales que ya en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron su fracaso, que se acentuó decisivamente con el desarrollo económico del siglo XX y se hizo efectivo e irreversible en la situación emergente de la Segunda Guerra Mundial”

A diferencia del Partido demoliberal el Movimiento puede ser un “agente electoral” pero “no solo”, “ni necesariamente”, ese es su único objetivo. Por el contrario, dentro del Movimiento existe una herramienta política electoral (en este caso, denominada Partido Justicialista) y otro conjunto de ámbitos organizativos. La trayectoria de Cooke luego del golpe del año 1955 se ejerció dentro del Movimiento que estaba impedido de actuar políticamente a través del Partido sin por eso, desaparecer el peronismo que excedió en su conformación ser una mera herramienta electoral. El Movimiento y dada su composición de clase, se plantea representar “colectivos” organizados y no individuos tal cual lo hace la tradición demoliberal. La noción de ciudadanía típica de los Partidos Demoliberales deja paso a la de “pueblo”[2], que involucra al conjunto de las clases y actores de un país enfrentados al imperialismo y su socio local, la oligarquía terrateniente o el capital financiero extranjero. Ya vimos como Perón denominó a dicho conjunto de clases y actores capases de alcanzar el desarrollo nacional y la industrialización, como Comunidad Organizada. En el contexto de acción del Movimiento la política y la economía se fusionan y la herramienta política es un medio de transformación económico y social. Su condición revolucionario implica, obligatoriamente, la necesidad de organizar al pueblo y es a partir de aquí, que el teatro de operaciones del Movimiento es la nación en su conjunto:

a- se enseña la Teoría y se inculca la Doctrina[3] en las masas[4] y en los cuadros políticos. Su práctica se desenvuelve en el marco del Estado y las organizaciones libres del pueblo.
b- se organiza el Movimiento a partir de la acción en la totalidad de la nación. Aparece dentro del Movimiento la rama sindical; una barrial; una cultural; una juvenil; una femenina, las formaciones especiales; etc.

El objetivo del Movimiento es alcanzar el desarrollo nacional y a partir de aquí que es, objetivamente, antiimperialista ya que enfrenta la dependencia estructural operada a partir del capital extranjero y sus socios internos. La inexistencia de industrias, la dependencia tecnológica y científica y el genocidio social del Tercer Mundo, reúne a diversos actores y clases en un mismo proyecto. El Movimiento es además, antioligaquíco, ya que el desarrollo nacional enfrenta a los poseedores de la riqueza social que en las naciones periféricas está, mayoritariamente, en manos del extranjero y sus aliados locales, la “oligarquía”. El proyecto de las minorías ligados a la metrópoli en el plano económico es agro exportador y dependiente; en el plano político es represivo y parasitario del Estado y actúa como la garantía de los intereses foráneos y el infra desarrollo del país.

La tarea básica de un Partido demoliberal o un Movimiento Nacional y más allá de una u otra tradición, consiste en articular una fuerza social de manera mancomunada con el objetivo de desarrollar una disputa por la distribución del poder político, económico y social. En este sentido, se puede sostener que dichos entes son la manifestación política de la lucha de clases. En ambos casos y generalmente luego de alcanzar nivel de desarrollo considerable y sin mediar un golpe militar o acto similar, uno de los ámbitos de actuación de los Partidos intenta ser el Sistema Institucional[5]. Una institución es la cristalización jurídica de una relación de poder y el mencionado “Sistema Institucional” y tal cual lo dice su nombre, es un conjunto de instituciones y actores organizados y reglamentados jurídicamente a través de la acción de “funcionarios de carrera” y de “cuadros políticos”. Estos últimos son sujetos con capacidades de actuar en función de un proyecto político estratégico y se formaron, históricamente, en los Partidos o Movimientos. Un Funcionario de carrera es un sujeto con capacidades de gestión administrativa de los proyectos y a diferencia de un Cuadro político, se forman en la Carrera profesional[6]. En este contexto, la lucha contra la dependencia y el subdesarrollo neocolonial se da a partir de la organización del Movimiento, que hace de la nación una gran escuela en donde reclutar y educar a sus cuadros políticos para encarar el control del Sistema Institucional y el enfrentamiento de poder.

El Movimiento es un agente de representación y de organización política que tiene una función electoral, ya que del resultado de las elecciones depende la posibilidad o no, de ocupar espacios en el sistema institucional. Su condición de ser un agente de representación implica canalizar y expresar demandas del pueblo; determinar las agendas de gobierno y dar continuidad la ideológica a los miembros del Movimiento. En tanto tiene una función de organización de la fuerza social para disputar el poder, se entiende que debe mantener la unidad del movimiento (organización y solidaridad entre sus miembros); dar orientación ideológica y promover la unidad doctrinaria a los Cuadros y la masa; y contribuir a que exista una unidad de “concepción” (conocer la “doctrina” y la “teoría de la práctica”) y de acción. El Movimiento se aboca a promover e implementar las vinculaciones con otros Partidos y Estados con los cuales interactúa.


Dentro del Movimiento existe una estructura compuesta por “cuadros de conducción” que desarrollan la estrategia; “cuadros auxiliares” que aplican la táctica y ofician como intermediarios con los adherentes y la masa del pueblo cuya finalidad es que este organizada y educada, elementos sin los cuales no se puede conducir. En este contexto adquiere suma importancia estratégica la formación de los cuadros políticos de conducción y auxiliares.

La historia de los Partidos políticos que acompañaron a Perón es relativamente corta. El primero fue el Partido Laborista que como ya mencionamos, fue fundado luego del 17 de octubre y disuelto tras la unidad de los partidos de la revolución en el año 1946. El Partido único, luego Justicialista, fue el instrumento electoral que dio el triunfo al gobierno en todas las oportunidades en las cuales se presentó a las urnas. Elecciones mediante, el peronismo más que un Partido, se caracterizó ante todo y desde sus orígenes, como un Movimiento, conformado por distintas expresiones de la sociedad argentina, a diferencia de la U.C.R. o de los partidos Socialista o Conservador, que poseían una estructura partidaria clásica.

El golpe de 1955 trajo nuevos desafíos al Partido Justicialista, dada la imposibilidad de practicar las elecciones y disputar el poder en las urnas, lo cual llevó a Cooke replantear los métodos de la acción política. El Partido Justicialista con Perón en el exilio y proscrito y desde la óptica de Cooke, no llegó nunca a ser el elemento de conducción que la historia exigía. Por el contrario, Cooke se refirió críticamente el comportamiento los cuadros políticos al mando del Partido a los que acusó, en muchas ocasiones, de no resistir la acción de los militares en 1955 y de pactar con diversos dirigentes de la oposición.

Las causas de esta práctica eran diversas. Cooke le mencionó a Perón en varias oportunidades que la formación ideológica de los cuadros de conducción era deficiente. Otra cuestión de suma importancia, tuvo que ver con los métodos de lucha empleados por el Movimiento ante una dictadura que prohibió las elecciones. En este contexto Cooke consideró que el Partido Justicialista debería actualizar su organización para la resistencia o en su defecto, no tenía razón de existir ya que y en sus palabras del 5 febrero de 1959 “no estoy exagerando en un ápice la importancia del Partido Justicialista. Como no creo que nosotros podamos llegar al poder por un proceso democrático y normal, no considero al Partido Justicialista como el medio de cumplir los objetivos finales” (Tomo II, p 149). Según Cooke uno de los dramas centrales del Partido tuvo que ver con que sus dirigentes tenían un punto de vista meramente electoralista, a partir del cual se cerró la posibilidad de desarrollar una política revolucionaria e insurreccional. No plantearse la vía insurreccional bajo un sistema político que bloqueaba la alternativa electoral, hacía del Partido una cáscara vacía sin una función concreta acorde a los desafíos de la resistencia.

Siguiendo con las críticas y tal cual Cooke mencionó en la nota del epígrafe, el Partido podía ser el camino para que “entre la corrupción” y se formulen acuerdos con los adversarios de Perón y del Movimiento. Las incapacidades y responsabilidades del Partido luego del año 1955 fueron mencionadas por Cooke en Carta del 24 de julio de 1961 cuando estableció que “los que hemos tenido la preocupación de meditar sobre las causas de nuestra caída del gobierno, computado tanto los factores que en un momento dado fortalecieron el frente cipayo como las fallas internas que entonces afloraron, hemos atribuido la máxima importancia a una debilidad estructural que resultaba de tener un líder revolucionario y una masa revolucionaria pero también una capa burocrática -sindical, política y administrativa- que hacía de aislante y no de mecanismo de transmisión, de freno y no de ejecutora de una política revolucionaria. (...) Es allí, en esas posiciones ideológicas absurdas y reaccionarias, donde está el mal y donde radica nuestra debilidad (Tomo II, Pp. 181-182).

En este cuadro y pese a que Cooke fue interventor en el Partido luego de junio del año 1955, su tarea se centró en la formación de los Comandos clandestinos y de las organizaciones extra partidarias ya que y en sus palabras del 25 de junio de 1958 en el Partido “el proceso de desintegración no se detuvo en ninguna estructura, y para la acción contra la tiranía hubo que valerse de los Comandos, nuevas formaciones que nada tenían en común con las formaciones políticas partidarias. (...) Por eso he luchado tanto por la incorporación directa de los obreros a los cuadros dirigentes partidarios, para que ese contacto no se debilite” (Tomo II, Pp. 78-79).

En la Carta del 3 de marzo del año 1962 Cooke estableció una diferencia clara entre los miembros del Partido y los gremios y desde Cuba sostuvo que “aquí estuvieron los gremialistas metalúrgicos (Vandor, Niembro, etc.). Recorrieron, vieron las cosas y comprendieron. Cuando se hacía la conferencia en Punta del Este, las 62 dieron una magnífica declaración. Los cuadros políticos, como son conservadores y están mentalmente congelados en el año 1945, nos están abochornando en toda América” (Tomo II, P. 212).

Con posterioridad a la elección a la gobernación de Buenos Aires que culminó con la caída de Frondizi, Cooke se refirió críticamente a los miembros del Partido. En la Carta del 15 de junio del año 1962 y adelantándose varios años a la futura organización de la izquierda peronista, estableció que existía una contradicción entre la “tendencia revolucionaria del Movimiento” y las “posturas reaccionarias” ya que los “cuadros intermedios que vienen de la vieja burocracia, que sólo conciben la política en los marcos tradicionales, ansiosos por congraciarse con los factores de poder y temiendo ser acusados de peronistas” (Tomo II, P. 228).


Eduardo Gurucharri mencionó una de las últimas participaciones públicas de Cooke, que no por casualidad, fue en el Plenario del Peronismo Revolucionario del año 1968 que marcó un hito importante en la conformación de la “tendencia revolucionaria” del peronismo. Dicha corriente política y tal cual mencionó Cooke más arriba, iba a aparecer como una alternativa a las “conducciones burocráticas” del Movimiento. En palabras de Gurucharri:

(…) “la apreciación de Cooke databa de 1964. Ahora era el momento y la gente del Bebe, Acción Revolucionaria Peronista, también estaba de acuerdo”. (…) “Debe rechazarse toda ilusión idealista de contar con las masas como acto reflejo por la sola presencia de un grupo armado”, había insistido Rearte en el documento de convocatoria. La idea, un tanto confusa aún, era crear una especie de partido de la izquierda peronista, aunque esas palabras no se usaran. Una plataforma donde hubiera lugar para representantes de las incipientes formaciones guerrilleras que estaban organizándose, aunque todavía no actuaran públicamente, para los sindicalistas de la CGTA y para las diversas agrupaciones políticas y del ámbito de la juventud y el estudiantado, apoyada en una red de organizaciones de base barriales y comandos fabriles” (…) “Roberto Sinigaglia, Jorge Gil Solá, Raimundo Villaflor y Bruno Cambareri representaban ARP. El domingo por la tarde, 19 de agosto de 1968, llegó Alicia Eguren acompañando al Bebe. Gil Soria fue el primero en reaccionar. Se paró y empezó a aplaudir. Los treinta o cuarenta reunidos lo siguieron. Un aplauso largo y un tanto asordinado por las circunstancias de la reunión, saludó la que sería la última aparición pública, si se puede calificar así la concurrencia a una asamblea clandestina, de John William Cooke. Estaba gravemente enfermo y todos lo sabían”.[7]

Tal cual pronosticó Cooke y luego de su muerte, se desarrolló la “tendencia revolucionaria” del peronismo que intentó desplazar a las “conducciones burocráticas” del Movimiento. Lo que no pudo percibir Cooke fue el fuerte enfrentamiento entre corrientes internas del Movimiento, Ezeiza y primero de mayo incluido. Asimismo y cuestión importante, Cooke no percibió la dinámica violenta y confrontativa que adquirió el debate de Montoneros o las FAP con Perón y luego de casi dos décadas de lucha por su regreso. Cooke había planteado y con razón, que el Partido Justicialista iba ser el instrumento de penetración neocolonial, cuestión que finalmente se confirmó en los hechos. Ahora bien y pese a eso y en el plano de la mera especulación, cuesta pensar que Cooke pueda haber justificado el enfrentamiento directo de la Tendencia con Perón y más allá de las provocaciones de la derecha peronista y el imperialismo que fueron en ese sentido. Cooke y pese a que discutió con el líder, lo reconoció como dirigente máximo del proyecto y como un legítimo conductor de la liberación nacional al cual había que acompañar conjuntamente al pueblo.


[1] Perón Juan, “La Hora de los Pueblos”, Ed. Norte, Madrid, 1968. Pp. 14-15.
[2] Ernesto Laclau desarrolló un prolifero debate en relación a la noción de “pueblo” y de “populismo”. En sus palabras, “el pueblo no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales. En otros términos, es una forma de constituir la unidad del grupo. No es, obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la populista”. “La razón populista”, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005. Pp. 97-98.
[3] (…) “Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerable problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico de los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis surgen las formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina y una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles”; (…) “las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándolas a los tiempos, el progreso y a las necesidades” (…) “lo importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo fundamental es sentirla, y lo más importante es amarla” (…) “La Teoría es solamente la interpretación inteligente de la doctrina y la forma de ejecutarla es ya la acción mecánica en el empleo del esfuerzo llevarla a cabo” Juan Perón, “Conducción política”. Ed. Secretaria de la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1974. Pp. 5-9.
[4] (…) “En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir desde abajo y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica y anárquica un conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar esa masa” (…) “Esto es simple: un conductor, por genial que fuese, no podría llegar a cada uno de los millones de hombres que conduce. Hay una cosa que debe marchar sola; es decir la doctrina, que pone a todo el mundo “a patear el mismo arco”. Luego está la organización, que le da unidad en la ejecución de las cosas”. Perón Juan, “Conducción política” (1974). P. 35.
[5] (…) “Cuando observamos el sistema institucional, lo común es ver al: gobierno y sus ministerios, con sus funcionarios y cuadros políticos; el Parlamento y sus comisiones, con sus cuadros políticos y asesores de partido político; los Partidos Políticos con sus cuadros políticos y militantes. En síntesis, observamos, al ejecutivo del gobierno como coordinador de una constelación de cuadros políticos y funcionarios organizados en ministerios, Secretarias subsecretarias y jefatura de gabinete. También al parlamento en su juego de presiones, regateos y acuerdos entre partidos políticos; oficialista y oposición”. Walter Formento “El Sistema Institucional Político de Dominación” (Conducción, Liderazgo, Represión). Ed. Centro de Investigación en Política y Economía (CIEPE), Buenos Aires 1998.
[6] Walter Formento (1998) “El Sistema Institucional”.
[7] Gurrucharri Eduardo, “Un militar entre obreros y guerrilleros” (2001). Pp. 245-247.

jueves, 16 de octubre de 2008

La comunicación que queremos para el siglo XXI: debates y propuestas para un nuevo Plan de Estudios









Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

Comunicadores Para el Pueblo (Editores) Aritz Recalde (compilador)


La versión impresa la podes adquirir en la mesa del CPP en la Facultad, sede del bosque.

Introducción: La Comunicación Social y la Reforma Plan de Estudios de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) Puntos de partida y desafíos para el debate.

La FPyCS ha tenido un crecimiento notable a nivel institucional en los últimos años y actualmente cuenta con alrededor de 6000 alumnos cursando y con aproximadamente 230 graduados que egresan al año. Dicha matricula de ingreso y egreso, ubica a la Facultad en el tercer lugar de importancia entre las carreras de Ciencias Sociales de la UNLP y en el octavo en relación al conjunto de carreras de la universidad. Asimismo y cuestión trascendente, la FPyCS de la UNLP se encuentra entre las tres Carreras de Comunicación Social de mayor de importancia del país.
El trabajo que presentamos a continuación introduce un debate de suma importancia para la agenda pública Argentina: desarrolla un breve repaso de los principales temas que se están discutiendo en la actualidad en el campo de la Comunicación Social, atendiendo particularmente las funciones que podría o que debería, según cada entrevistado, tener la disciplina. Ambas cuestiones se abordan teniendo como marco general la potencial reforma del Plan de Estudios de la FPyCS de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Dicha discusión y entre otras cuestiones y abordajes, involucra la posibilidad y la trascendente necesidad, de discutir la formación académica del comunicador social en relación a las demandas propias del campo de la disciplina, pero además y cuestión prioritaria, requiere establecer la formación educativa del comunicador en torno a las prioridades y objetivos de los habitantes de la región y el país, que nos dan el financiamiento y lo que es importante remarcar, nos aportan nuestra razón última de ser.
La FPyCS en el año 2006 presentó una propuesta de reforma del Plan de Estudios del año 1998 que fue suspendida. Este último Plan y entre otros temas, introdujo las Tesis, los Seminarios Interdiciplinarios, la orientación del Profesorado y la flexibilización en la elección de materias dejando entre las “optativas” varios cursos tradicionalmente obligatorios. Entre los temas más cuestionados y que tras un diagnostico certero la reforma del año 2006 se propuso modificar, fue este último de la flexibilidad en la elección de la formación por parte de los alumnos. Con este objetivo, se propuso un nuevo esquema de correlatividades y de materias obligatorias, que conjuntamente a la promoción de dos nuevas orientaciones y de espacios permanentes de investigación y de formulación de Tesis, sintetizan el núcleo duro de la propuesta 2006. El proyecto del 2006 fue el tercero en el período de la democracia, continuando las experiencias de reforma e implementación del Plan 1989 -que sustituyo al de 1977 de la dictadura- y el actual de 1998. El proyecto y más allá de que sea perfectible, inició un importante camino hacia la reformulación de nuestra formación académica. Lejos del consignismo y la simplificación realizada sobre el mismo por parte de algunas agrupaciones, consideramos oportuno analizar a conciencia, sin anteojeras y sistemáticamente, dicha propuesta, rescatando los avances que presentó en varios aspectos y marcando, cuando consideramos pertinente, las críticas y promoviendo propuestas para mejorarlo. El trabajo que usted va a poder leer a continuación se vincula a la reforma del Plan de Estudios mencionado y cuenta con el antecedente en la Consulta Popular Estudiantil sobre las fortalezas y debilidades del Plan 1998 que desarrolló Comunicadores Para el Pueblo en el año 2007. Conjuntamente a la consulta, se desarrolló una actividad de debate abierta con la presencia de un panel conformado por varios docentes de la Facultad. Con posterioridad a dichas actividades y como complemento, implementamos un diagnostico comparativo de los programas de otras carreas, lo cual nos permitió tener algunas herramientas para analizar el Plan 1998 y la propuesta 2006.
Finalmente y continuando las actividades mencionas y con el objetivo de enfrentar el desafío que implica una reforma académica, convocamos a un debate abierto a la comunidad docente, los profesionales y a un conjunto de actores ligados a la comunicación desde organizaciones sociales, políticas y culturales externas a la Facultad. La apertura que abrimos a la voz de las organizaciones libres del pueblo, tiene, por lo menos, dos claras justificaciones: por un lado, son esos habitantes y organizaciones de la nación los que sostienen con sus impuestos la educación pública y en cuanto tal, se torna prioritario poder vincular la formación académica de la Facultad a la solución de sus problemas y expectativas. Pero además y tema importante, nos distanciamos del pensamiento “cientificista” que establece que el saber se produce solamente en la Universidad y por el contrario, estamos convencidos que las organizaciones libres del pueblo desarrollan cotidianamente un conocimiento y son protagonistas de una experiencia rica y profunda, que puede ser un gran aporte al debate de la reforma del Plan de Estudios de la Facultad.
El planteo de la reforma de un Plan de Estudios adquiere una dimensión teórica y a su vez y paralelamente, incluye una dimensión pedagógica. Ambas cuestiones, tanto la elección de materias y temas, como la forma práctica de encarar el aprendizaje, van a tener un resultado político. Toda elección de materias y de programas, implica y solamente por una cuestión básica de tiempo y de recursos, recortar los temas a introducir, sumando algunas problemáticas y excluyendo otras. Esta elección va a implicar un posicionamiento, una mirada y una forma de entender y transmitir el conocimiento, que va a promover un determinado tipo de profesional de la comunicación.
En este marco, el recorte teórico y la proyección del perfil del comunicador del nuevo Plan, debería partir de un acuerdo general y básico entre la sociedad que nos financia y la Facultad, del tipo de profesional que queremos y que necesitamos para resolver los problemas de la región y el país. Es importante recordar que articular la formación académica con los problemas de la nación, involucra tener en cuenta la posibilidad de establecer una relación armónica entre la formación del comunicador, las políticas públicas, el conjunto de las organizaciones libres del pueblo y el resto de los factores de poder de la sociedad.

Este debate no es fácil de resolver y por el contrario, tiene distintos puntos de vista que deberán conciliarse. Entre las distintas miradas sobre el tipo de comunicador social podemos reconocer, al menos, cuatro propuestas de formación “profesional”:
1-están aquellos actores que sostienen que el Comunicador Social debe atender, prioritariamente, las necesidades y debates de la “Comunicación Alternativa” y la práctica de las Organizaciones libres del pueblo;
2- por otro lado, algunos van a plantear la importancia de vincular el perfil del profesional a las “demandas del mercado”;
3- asimismo, algunas personas van a plantear la importancia de mantener distancia del contexto y promover la “producción científica” independiente;
4- y por último, también estamos aquellos que sostenemos que el perfil del comunicador social debe relacionarse, prioritariamente, a las demandas del conjunto de las políticas de Estado depositarias de la soberanía popular e instrumentos de desarrollo nacional integrado.

Está claro que la elección de las alternativas mencionadas trae detrás de si un profundo debate desarrollado a través de la historia de la Comunicación y su relación con el país y el continente. Los cuatro posicionamientos no son los únicos y además y es bueno remarcarlo, no se excluyen necesariamente. Ahora bien y en una somera síntesis, si quisiéramos ubicarlos históricamente, podemos identificar cuatro momentos ligados a los puntos arriba mencionados:
1- durante las décadas de 1960 y 1970 los debates y prácticas de la
comunicación en Latinoamérica alcanzaron su punto más alto en lo que respecta a la crítica ideológica y la articulación, individual y colectiva, con la acción política. Allí están los libros e investigaciones de Heriberto Muraro de la década del setenta o los trabajos de Mattelart escritos durante el gobierno de Salvador Allende. Asimismo y en relación a las prácticas comunicacionales, podemos recordar las experiencias de comunicación alternativa de las Radios Mineras de Bolivia de las décadas del cincuenta y sesenta, la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) de Rodolfo Walsh o el paso del argentino Ricardo Masseti en la fundación de Prensa Latina. Asimismo y llegando a la actualidad, podemos ver que existen diversas experiencias de comunicación en el marco de las organizaciones libres del pueblo, como y por ejemplo, aquellas vinculados al Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO). En este contexto, varios estudiantes, profesionales o docentes, van a sostener que el perfil de comunicador debe ligarse al estudio y/o el acompañamiento de experiencias de esta índole.
2- En lo que respecta a la articulación de la Comunicación Social y el Estado y
pese a la prácticamente inexistencia histórica de Políticas Nacionales de Comunicación en el país, es innegable la trascendente dimensión que adquirió la ley 14.241/53 del Servicio Nacional de Radiodifusión, la agencia de noticias TELAM o el Canal 7, creados durante los dos primeros gobiernos peronistas. Asimismo y de distinta índole o latitud, es bueno recordar la trascendente importancia que adquirieron el programa de Comunicaciones de Velasco Alvarado de Perú del año 1968, el debate de la UNESCO y el Informe Mac Bride en los setenta, el actual canal latinoamericano TELESUR, la programación del canal del Ministerio de Educación de la Nación ENCUENTRO o el proyecto reciente del Satélite Simón Bolívar. Estos casos son expresiones claras y trascendentes, de la potencialidad que tiene el Estado para desarrollar y promover las comunicaciones en una nación del sur de América. En este marco, vamos a encontrar propuestas que establecen que el perfil del comunicador debe estar orientado, prioritariamente, al estudio de la Planificación de la esfera Pública y las Políticas Nacionales de Comunicación.
3- De la crítica ideológica de los años setenta ingresamos a la década de 1980
en donde se desarrollaron extensamente los “Estudios Culturales”, muchos de ellos, importaciones de marcos conceptuales del marxismo europeo de posguerra. A diferencia de las décadas anteriores, se abordaron las diferencias culturales desentendidas de los factores materiales de poder y en muchos casos, se naturalizó la realidad existente y el programa neoliberal implementado en esa década y la siguiente. Ante el afán de recalcar la capacidad del receptor de resignificar lo que recibe de los medios de comunicación, se perdió de vista en estos estudios, el proceso de concentración de medios y de poder de la década.
4- Durante los años noventa se promovió un modelo de comunicación
estrechamente relacionada a los estudios de marketing y opinión pública publicitaria o electoral. En este sentido y de manera similar a los modelos anteriores, estarán aquellos docentes, profesionales o estudiantes, que van a sostener la importancia de orientar la formación académica en torno de la demanda laboral de mercado.

Una vez que acordemos los puntos precedentes, vamos a tener que plantear algunas dicotomías que nos presenta la posibilidad de la Reforma del Plan. Por un lado, entre los planteos que sostienen la importancia de mantener una Formación Teórica amplia y entre aquellos que por el contrario, promueven una formación prioritariamente técnica y más bien orientada a la práctica periodística concreta, que a los estudios o investigaciones. En el caso de la Facultad y durante el año 2007, se aprobó la Tecnicatura de Periodismo Deportivo, cuestión que, parecería, impulsó esta última posibilidad. Pero, tecnicatura mediante y en lo que respecta a las Licenciaturas, consideramos importante conservar la matriz teórica amplia en nuestra formación y fomentar, paralelamente, las prácticas laborales y comunitarias.

Asimismo, la reforma del Plan incluye decidir entre propuestas que hacen
hincapié en la importancia de implementar una Formación Básica extensa ampliando la obligatoriedad de materias. Por otro lado, están aquellas personas que promueven un núcleo básico de materias obligatorias corto siguiendo el modelo del Plan de Estudio sancionado en el año 1998. En este sentido y tras la experiencia como docentes y alumnos, consideramos importante ampliar la formación básica y las correlatividades para homogeneizar las formaciones y elevar el nivel de los debates en los cursos. La especialización puede quedar circunscrita a la orientación en la última etapa de la carrera y paralelamente, a la elección de Seminarios de práctica técnica e instrumental de la comunicación, de ámbitos de formación de Tesis, de programas de Extensión o de Cátedras Paralelas. En lo que respecta a la propuesta del Plan del año 2006, observamos que introdujo el ciclo básico o “ABC” en el cual se propuso ampliar a 20 las materias obligatorias (en vez de las 13 actuales) y se introdujo un nuevo esquema de correlatividades. Asimismo, y en el tema de las especializaciones, el proyecto conservó las orientaciones de “Periodismo” y de “Planificación Comunicacional” y agregó además, las de “Investigación Socio Cultural y Política” y la de “Opinión Pública”. En este último punto por qué no pensar en la posibilidad ampliar los contenidos de la orientación de Planificación Comunicacional en cuestiones de agenda y políticas de Estado y servicios públicos de comunicación.

Hechas estas aclaraciones, podemos ver que la posibilidad de reformar el Plan incluye muchos interrogantes a contestar y diversas variables a resolver. Ahora bien y pese a esta complejidad, hay una pregunta que consideramos importante traer: ¿qué cuestiones no pueden dejar de estar en el nuevo Plan? Veamos algunos temas.
Como punto de partida, es de suma importancia para el Comunicador Social adquirir una formación sólida en Economía Política, conocimiento sin el cuál dificultosamente podemos comprender tres de los rasgos más importantes de los medios de comunicación del país y el continente: primero, la concentración de medios audiovisuales y gráficos en pocas manos; segundo, la extranjerización de las emisoras y las agencias de producción de programación y noticia; y tercero, la articulación de los intereses de empresas y gobiernos extranjeros y los medios de comunicación, simbiosis que se estructura y desenvuelve como imposición cultural y “política neocolonial”.
Asimismo, consideramos prioritario en nuestra formación reforzar el estudio de las Políticas y la Planificación incluyendo materias que aborden las siguientes temáticas: la legislación, planificación pública y las regulaciones de medios; una teoría del Estado del tercer mundo; la relación entre Planificación de la Comunicación y Desarrollo Nacional; la importancia existente entre las categorías de soberanía política, independencia económica y tecnológica y Plan Nacional de Comunicación.
Vamos a promover que las investigaciones se orienten hacia los problemas de la región y el país, superando los frecuentes estudios de “discursos sobre discursos”. Es importante implementar talleres e intervenciones comunitarias con el objetivo de generar ofertas académicas relacionadas con las demandas de las organizaciones libres del pueblo. Para garantizar la masividad de estas prácticas, es importante promover la acción comunitaria desde medidas que acrediten y premien académicamente a los participantes en este tipo de proyectos. Consideramos importante desarrollar Seminarios de grado sobre Comunicación Alternativa, Social y Comunitaria.
Un tema importante que quedó planteado en la Consulta Popular Estudiantil del año 2007 fue la posibilidad de hacer anuales las historias argentina y latinoamericana, con el objetivo de reforzar la mirada desde nuestro continente en la formación académica. Es importante traer a consideración que la propuesta del año 2006 contempló este tema ampliado las historias obligatorias en el Plan. Otra cuestión pendiente estrechamente ligada a esta, es que no existe en el Plan actual la materia Historia Argentina del siglo XIX.
Con el objetivo de articular la formación integral del comunicador social, consideramos central implementar espacios institucionales permanentes en los cuales los estudiantes desarrollen prácticas concretas sobre las herramientas de trabajo periodístico y de investigación, tales como la radio, la edición de programación, las prácticas de cámara, la formación de espacios de comunicación digitales, portales WEB, etc.

Con el objetivo de responder a estas y otras inquietudes familiarizadas, desarrollamos tres preguntas que fueron contestadas por un conjunto de docentes, profesionales y comunicadores sociales, universitarios y no universitarios, que nos dieron sus opiniones personales. La primera pregunta se relaciona a un “Diagnostico del estado actual de la Comunicación Social” y fue redactada de la siguiente manera: ¿Qué temas usted considera, se están debatiendo en el campo de la comunicación actual? Los temas que aparecieron están ligados a diversos debates entre los cuales podemos mencionar: cuestiones de incumbencia de la disciplina; temas vinculados a la aparición de nuevas tecnologías; a la digitalización; cuestiones ligadas a la Ley de Radiodifusión; a la extranjerización de la prensa; a los debates de la democratización en función de los alcances de los canales de cable y la televisión abierta; al estudio del poder económico y los medios; al conflicto agrario y la cobertura de la prensa; a temas de comunicación comunitaria y la tensión con la academia; a los desafíos que traen aparejados los tratados de libre Comercio y la Cultura; al debate de las desigualdades entre naciones en el terreno de la comunicación; a la tensión libertad de prensa y de empresa; a temas del rol del Estado y su relación con las organizaciones populares; a la falta de debate de muchos temas; a los análisis de la relación entre la disciplina y el mercado; a la aparición de nuevos estudios culturales; cuestiones de las Políticas Nacionales de Comunicación y el Desarrollo; al problema de duración de la carreras y las tesis: otros se refirieron al Observatorio de Medios; al debate sobre la libre expresión y el COMFER; al rol de las agencias de noticias como CNN o Al Jazzira; a la aparición de TELESUR; al abandono de los debates sobre el poder y la crítica o la diversidad de estudios, entre otros temas.

La segunda pregunta se relaciono al “Deber ser” de la Comunicación
Social” y quedo redactada de la siguiente manera: ¿Cuál es en su opinión la función o el “deber ser” del Comunicador Social? Aquí aparecieron respuestas que establecieron la importancia de distintas cuestiones entre las cuales se pueden rescatar los planteos de: comunicar de manera real; de acompañar la formación de una sociedad más justa; de afrontar el debate sobre calidad de los medios; de problematizar la relación entre comunicación y conciencia nacional; de apoyar la militancia e intervenir en el conflicto social; de acompañar el bien común; de apoyar el desarrollo de una mirada política, social y cultural propia del continente; de promover las Políticas de Comunicación Públicas; de acompañar el desarrollo nacional; de discutir la dinámica de la sociedad y la forma como transformarla; de cuestionar la concentración mediática de rediscutir la idea de verdad o de ubicar al comunicador en un proyecto nacional, entre otros.

La tercera y última pregunta, se relacionó a la “Articulación de los puntos 1
y 2 en el Plan de Estudios” y quedó redactada de la siguiente forma: ¿Qué problemáticas, materias o áreas de investigación, usted considera, deberían introducirse o tendrían que ocupar un lugar más amplio en el Plan de Estudios de la Carrera?. Entre las respuestas encontradas debemos mencionar la posibilidad de: desarrollar una formación curricular basada en una mirada latinoamericana; promover la práctica laboral y la extensión permanente; poner a prueba los marcos teóricos; difundir la comunicación Alternativa incluyendo una orientación en Comunicación Popular o Comunitaria; desarrollar una formación humanista; promover la articulación entre investigadores y docentes; modificar las correlatividades de algunas materias; modificar la duración de materias; articular el trabajo de las cátedras; articular Proyecto nacional y reforma curricular o introducir nuevas materias, entre otras cuestiones.

Las entrevistas aparecen por orden alfabético y van acompañadas de una breve referencia de las actividades en las que se desenvuelve el entrevistado.
El trabajo cuenta con una breve historia de la Carrera denominada “Siete décadas de estudios en Periodismo y Comunicación” que aporta una mirada integral del desarrollo desde sus orígenes a la actualidad.

Debemos recordar que el Plan de Estudios establece pautas generales y que solamente su aplicación concreta y comprometida por parte de los universitarios, promoverá determinado posicionamiento político e ideológico en relación su articulación o no, a las Políticas públicas, las Organizaciones Libres del Pueblo y el Conjunto de factores de poder de la sociedad. En este sentido, solamente la práctica cotidiana de los miembros de la Facultad y sus relaciones con el medio, dirá la última palabra sobre el nivel de adecuación o de distancia de la formación académica y la producción científica, en relación a los temas y la información socialmente necesaria para la región y el país.
Por último y cuestión que excede el mero debate del Plan, estamos seguros de la importancia de promover en nuestra formación una mirada desde autores latinoamericanos y nacionales. En el mediano y largo plazo, este posicionamiento debe dar los frutos esperados: desarrollar una escuela de comunicación social con una mirada y una teoría nacional y latinoamericana, que responda a los desafíos, las demandas y las exigencias del país y del sur del continente.-