miércoles, 30 de noviembre de 2016

Fidel Castro y su legado

Aritz Recalde, noviembre 2016

El mundo despide a una de las figuras políticas más importantes del siglo XX. Junto a Juan Domingo Perón, Fidel Castro (1926-2016) fue el dirigente quien más profundamente influyó en los debates políticos de Iberoamérica del último siglo. En muchos aspectos su figura es única y es la resultante de fusionar diversas tradiciones ideológicas y políticas que fueron variando en la vertiginosa, extensa y convulsionada historia personal y regional que le tocó vivir.  
Siendo hijo de un terrateniente, Fidel estudió en el colegio La Salle y luego con los jesuitas en un país de raigambre cultural religiosa. En su paso por la Universidad de La Habana, obtuvo el título de abogado y profundizó su conocimiento de la historia y de la literatura marxista.
En su juventud militó en la universidad y en el Partido Ortodoxo, donde hizo campaña contra la injusticia social y para terminar con la corrupción política. Su agitada biografía lo encontró actuando en la academia, asaltando el cuartel Moncada (1953) o realizando su propia defensa letrada frente a un tribunal donde anunció que “la historia me absolverá”. Beneficiado por una amnistía viajó a México y se abocó a retomar la lucha contra la dictadura y organizó el Movimiento 26 de Julio, consolidó una milicia y desembarcó en su país con un grupo de activistas en el yate Granma (1956). Ésta última acción recibió una estrepitosa derrota y ello no impidió que la decena de sobrevivientes organice una guerrilla en la Sierra Maestra y que en el año 1959 derriben a Fulgencio Batista. En la última ofensiva militar rebelde, 300 milicianos derrotaron a un ejército profesional de 10.000 soldados. Tenía tan sólo 33 años y en su corta vida había redactado volantes estudiantiles, organizado un movimiento político de masas, impulsado Radio Rebelde para comunicarse con el pueblo y combatido en la guerrilla.
Siendo una de las grandes celebridades políticas mundiales, entabló relaciones con los principales líderes sociales y religiosos del planeta. Polémico y frontal, desenvolvió diversas relaciones y acalorados debates con figuras encumbradas de la cultura y del deporte como Jean Paul Sartre, Julio Cortázar o Diego armando Maradona. Posiblemente, sea la polémica acerca de la detención del escritor Heberto Padilla, el momento más álgido de una relación entre Fidel y los intelectuales de su país y del mundo. La Revolución Cubana, críticas y debates de por medio, fue un laboratorio cultural y afloraron emblemáticos espacios de producción y de divulgación literaria y artística, como la Casa de las Américas o los ámbitos periodísticos como Prensa Latina en el cual participaron los argentinos Rodolfo Walsh, Ricardo Masetti y Rogelio García Lupo.
Fidel Castro y el conjunto del pueblo cubano atravesaron todo tipo de dificultades en un siglo de guerras mundiales y de revoluciones anticoloniales. A la independencia de España del año 1898 le siguió una administración con tutela norteamericana, que incluyó la sanción de una Constitución que le daba intervención a EUA en los asuntos internos cubanos. En las primeras décadas del siglo XX la política del país fue inestable y transcurrió entre conflictos sociales, huelgas como la del año 1933 que contribuyeron a la caída de Gerardo Machado, levantamientos militares o conspiraciones civiles. Los enfrentamientos políticos derivaron en la represión y en el asesinato de dirigentes como fue el caso de Antonio Guiteras (1935) o del estudiante Rubén Batista (1953).
Ya producida la Revolución y bajo una fuerte presión norteamericana, Cuba entabló una alianza geopolítica con la Unión Soviética que le permitió colocar sus productos de exportación (azúcar) y recibir petróleo y maquinaria industrial y agrícola. El pequeño país cuya dimensión es la de una provincia argentina y que los EUA consideraban su patio trasero y su plataforma para el turismo sexual, tomó una decisión soberana. John William Cooke mencionó que “lo que estaba en discusión para los pueblos latinoamericanos no era el comunismo, o si el gobierno de Castro era comunista, filocumunista, pseudocomunista, sino el principio de autodeterminación de los países del continente para hacer lo que se les dé la gana y buscar la solución que mejor les parezca”. A partir de dicha decisión, tanto los Republicanos (Eisenhower) como los Demócratas (Kennedy) y sin excepciones, ni contemplaciones, impulsaron embargos comerciales y agresiones armadas como la producida en Playa Girón (1961). No es casualidad por ello, que en pleno siglo XXI George Bush acusó a Cuba de formar parte del “eje del mal” junto a Irak, Libia o Siria y financió la “Comisión de Asistencia a una Cuba Libre” que apoyó grupos opositores y reforzó el bloqueo. Una década después y con tropas norteamericanas mediante, Irak, Libia, Siria fueron destruidos por una salvaje guerra.
La desarticulación de la Unión Soviética a fines de los años ochenta, obligó a Cuba a ingresar a los mercados mundiales en el marco de un bloqueo económico y político norteamericano. El país se vio inmiscuido en una etapa dramática en temimos sociales recordada como el “periodo especial”. A partir de acá, el país impulsó el turismo que le originó divisas y también nuevos desafíos culturales y políticos que a la fecha siguen sin resolverse. 
El ascenso presidencial de Hugo Chávez (1998) y de los nacionalismos regionales le dio oxígeno al proceso cubano, que encontró nuevos aliados políticos, económicos y sociales.  Durante la última década el Partido Comunista Cubano impulsó reformas en el marco de los “Lineamientos de la Política Económica y Social”, que favorecen la creación de un mercado y de una actividad económica privada y mixta.

El legado de Fidel
Fidel fue un nacionalista que siempre exigió el efectivo cumplimiento del derecho a la autodeterminación política y cultural de Cuba. Durante sus gestiones la isla construyó una identidad propia y diferenciable, como parte de una simbiosis de las tradiciones hispánicas, afroamericanas, norteamericanas y soviéticas. Cuba ejerció el derecho a la identidad e impulsó activamente su música, su literatura y su deporte como parte de los rasgos centrales de su ser nacional. Tanto la influencia liberal de los EUA, como la impronta soviética cristalizada en leyes, regulaciones o en tecnología, nunca borraron la originalidad cultural del país. Su registro historiográfico oficial articuló las tradiciones nacionales de José Martí y de la idiosincrasia de origen hispánica, con los aportes del marxismo.  
En el plano político Castro gobernó ejerciendo un carisma y una personalidad excepcionales. En este terreno, como en el cultural y pese a aplicar un sistema de Partido Único similar al soviético, no fueron eliminados los rasgos nacionales. En Cuba hay elecciones periódicas en todos los niveles de gobierno y sin desconocer que existe un control estatal central de muchas actividades, la sociedad civil conserva vitalidad y las organizaciones libres del pueblo participan de la vida política. Actualmente Cuba es gobernada por una nueva generación que remplazó a los titulares de la revolución del año 1959 y que aplica los principios de la Constitución de 1976 y de la Ley electoral de 1992. El proceso político fue institucionalizando un sistema para la organización popular del gobierno y la administración de los asuntos públicos. La Revolución Cubana sancionó la división de poderes legislativos (Asambleas), ejecutivos (Consejo de Estado) y judiciales (Tribunal Supremo Popular).
Sin estas particularidades de Fidel y de la Revolución, posiblemente, el proceso político iniciado hace décadas habría fracasado como ocurrió en buena parte de los regímenes comunistas europeos. Es el pueblo cubano quien derribó la dictadura de Batista y quién tomó la decisión de practicar dicho sistema político y difícilmente pueda ser evaluado fácilmente en torno de las críticas de los titulares de países europeos que aún tienen monarquías vitalicias (España), reelecciones indefinidas (Alemania) o de Estados que actúan en un “bipartidismo de formas” que responde más al poder económico que a la voluntad popular (EUA). Este sistema político que tiene aciertos y limitaciones, promotores y opositores, le otorgó estabilidad al régimen de gobierno en un contexto iberoamericano caracterizado por los frecuentes golpes de Estado, las ejecuciones masivas de dirigentes sociales, las crisis de gobernabilidad y los innumerables levantamientos populares seguidos de violentas represiones.   

Fidel Castro fue un dirigente antiimperialista y si bien entabló una alianza estratégica con la Unión Soviética, ello no impidió que el país desarrolle una línea de política internacional propia en diversos aspectos. Su ideología lo condujo a combatir la injerencia norteamericana y europea en su país y también en Iberoamérica, en África o en Asia.
Siendo un joven miembro de la Federación de Estudiantes Universitarios, viajó a la Argentina para contactarse con miembros de la Revolución Justicialista y conseguir apoyo para la creación de la antiimperialista Confederación Latinoamericana de Estudiantes. Con sostén financiero del peronismo, Castro estuvo en Colombia en el año 1948 en el contexto de la creación de la Organización de Estados Americanos. En la patria de Bolívar denunció la ocupación ilegal británica de las Islas Malvinas. Los vínculos entre el peronismo y Cuba se mantuvieron y en junio del año 1960 Juan Perón sostuvo proféticamente que ambas revoluciones antimperialistas luchaban “por idénticas causas” y “a nosotros nos llamaron fascistas en 1943, nazis en 1946 y comunistas en 1955, sin que fuéramos otra cosa que buenos argentinos deseosos de liberar a nuestro país (…) no escapa al menos advertido que el noventa por ciento de los pueblos latinoamericanos están con Cuba y con Fidel, no sólo porque tiene razón, sino también porque enfrenta valientemente a los eternos enemigos de sus pueblos.” En esta misma tesitura, en el año 1974 el gobierno de Héctor Cámpora suspendió el bloqueo comercial a la Isla.
Luego del triunfo de la Revolución en el año 1959, Cuba se tornó en un ámbito de reunión, de capacitación y de apoyo a las acciones de resistencia al imperialismo mundial. Fidel promovió activamente las acciones del Movimiento de Países No alineados y del Grupo de los 77. Desde mediados de los años sesenta el país recibió contingentes políticos de todos los continentes, ya que según palabras de John William Cooke emitidas desde la Habana, “esta es la Meca revolucionaria y todos vienen a beber en el manantial”.
Como parte de su lucha anticolonial, Fidel envió apoyo al África y soldados cubanos combatieron o capacitaron milicianos en Angola y en el Congo.  
Durante los años noventa Castro impulsó en soledad una prédica contraria al neoliberalismo, mientras que en paralelo Cuba exigió la democratización de la Organización de las Naciones Unidas.

Fidel fue un impulsor permanente de la unidad iberoamericana. Tal cual adelantamos, ya desde joven estuvo abocado a la consolidación de federaciones universitarias regionales. Durante los años sesenta Cuba apoyó a diversas organizaciones políticas del continente, muchas de ellas de carácter guerrillero. En los años setenta acompañó la asunción del gobierno de Salvador Allende y el ascenso del sandinismo en Nicaragua. Su intervención fue fundamental en la Revolución Bolivariana que comandó Hugo Chávez y Fidel contribuyó al ascenso de los nacionalismos boliviano y ecuatoriano y a la apertura de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA). La ALBA impulsó intercambios de profesionales y de recursos humanos y materiales que derivaron en programas de alfabetización, de atención de la salud o de intercambio científico.

Fidel Castro fue un humanista y trabajó por la emancipación social de los trabajadores y de sus familias. La tarea no fue fácil en un país pobre y dependiente que debió suplir su atraso económico y la inexistencia de grandes recursos naturales, con el desarrollo del capital humano y la ciencia. Ya desde su formación cristiana juvenil, el líder cubano desarrolló un profundo sentido social de la política que reforzó a partir de su conocimiento de la sufriente realidad del país. Los importantes avances cubanos en la lucha contra la mortalidad infantil, en la democratización de la educación, en el acceso masivo al deporte o a la salud, son reconocidos por sus admiradores y también por sus detractores. 

Es innegable que Fidel, como todos los líderes políticos, tuvo aciertos y cometió errores. En una etapa violenta del continente caracterizada por golpes de Estado y dictaduras, los cubanos impulsaron los métodos de la lucha armada y en la mayoría de los casos el saldo político para la región fue negativo. Si bien en una etapa Castro abogó por la formación de guerrillas, ello no impidió que en los últimos años La Habana sea el marco para la firma de los Tratados de Paz de Colombia.

Los norteamericanos intentaron matarlo en decenas de atentados dentro y fuera de Cuba y no pudieron amedrentar su voluntad. Le impusieron al país bloqueos económicos, prohibiciones políticas y agresiones comerciales de todo tipo, sin por ello conseguir que el pueblo abandone a su líder. Muchas veces barajaron los precios del azúcar o del níquel y los flujos del turismo fluctuaron y pese a eso, Fidel y su sueño siguieron firmes. La política cubana fue difamada mediáticamente por las grandes cadenas de noticias mundiales y pese a las oposiciones internas y externas que existen, el régimen siguió contando con el apoyo mayoritario su pueblo. Éste último y desde ahora en adelante, será el protagonista de decidir qué hacer del presente y del futuro de la Revolución. Fidel ya dejó su legado.  


martes, 22 de noviembre de 2016

El sujeto social del peronismo


Aritz Recalde, noviembre 2017


“Cuando Perón no esté, ¿qué significará ser peronista? Cada uno dará su respuesta propia, y esas respuestas no nos unirán sino que nos separarán.”  John William Cooke

Desde su origen el peronismo fue un espacio político plural y frentista y reflejó en buena medida, las contradicciones de la sociedad argentina. Dicha complejidad se estructuró en torno de un vértice representado por Juan Perón, quién trabajó por conformar un Movimiento político más que un Partido electoral. El Movimiento funcionó como una federación de organizaciones libres del pueblo (OLP), que construían un programa de recuperación nacional y de emancipación social compartido.  Las OLP funcionaban de manera autónoma y cada una de ellas tenía funciones y dinámicas propias.
Con la finalidad de traducir fuerza social en representación institucional, la Revolución creó una herramienta electoral de base sindical: el Partido Laborista. A dicha organización se sumaron fuerzas partidarias aliadas y dirigentes de diversas extracciones ideológicas. Con éstos últimos en el año 1947 Perón fundó el Partido Unido de la Revolución Nacional, herramienta electoral que siempre mantuvo la centralidad de los trabajadores propia del laborismo.
El mandatario distribuyó los roles y los espacios de poder dentro del Movimiento a partir de diferenciaciones de clase, de género, etaria y funcional.

Peronismo y clases sociales
El peronismo fue un Movimiento pluriclasista y le otorgó lugares de representación institucional y política al empresariado nacional y a los sindicatos de trabajadores. Estos últimos eran considerados la “columna vertebral” siendo el objeto y el sujeto de las políticas de la Revolución. Perón les asignó a los representantes del sindicalismo la Cancillería (Atilio Bramuglia), el Ministerio de Interior (Ángel Borlenghi), el Ministerio de Trabajo y Previsión (José Freire), lugares en todas las embajadas y un tercio de los cargos legislativos, entre otros ámbitos. El empresariado nacional manejó la cartera de Hacienda (Miguel Miranda) y obtuvo importantes beneficios financieros (Banco Industrial), comerciales (IAPI) y de impulso de la actividad productiva.  
Perón al momento de distribuir el poder interno del Movimiento, consideró que el centro de las decisiones tenían que estar en manos de la clase obrera. El mandatario tuvo como un interlocutor permanente a la CGT y abogó por la participación directa del obrero en la actividad política. Con la finalidad de garantizar su pleno poder, impulsó activamente la unidad del sindicalismo y si bien tuvo internas coyunturales con algún dirigente (Luis Gay o Augusto Vandor) se cuidó de no debilitar la Central gremial y en sus tres gobiernos la CGT estuvo unificada.
Durante los años ochenta y noventa, el sindicalismo perdió poder de decisión dentro del peronismo y fue erosionada su influencia en la política de la Argentina. La desindustrialización del país mermó el número de afiliados sindicales y debilitó su capacidad de negociación. Por otro lado, el espacio político de la Renovación Peronista cuestionó y eliminó la asignación del “tercio” sindical en el reparto de cargos de listas internas. En este contexto, la rama política del Movimiento adquirió mayor protagonismo en relación a la rama sindical. En la provincia de Buenos Aires el gremialismo fue desplazado por una nueva red de trabajo social barrial dependiente de intendentes o del gobernador: las “manzaneras”. Los cambios económicos del país y aquellos derivados del propio peronismo, le modificaron el perfil social y organizativo a un espacio político de origen industrial y sindical.
El menemismo cambió radicalmente la composición social del peronismo, al transferirle las decisiones fundamentales del país al capital extranjero y a la oligarquía interna. Durante su mandato existió un sindicalismo oficialista que justificó las privatizaciones de empresas, a cambio de acciones y participación en las nuevas administraciones. Además, un sector importante de los trabajadores resistió al neoliberalismo en expresiones de la economía formal (CGT- MTA o CTA) y de la informal (organizaciones sociales).
Desde el año 2003 en adelante el importante proceso de crecimiento del PBI (se duplicó en una década), el fortalecimiento del mercado interno de consumo, la intervención económica estatal y el paulatino proceso de sustitución de importaciones, favorecieron la creación de nuevos empleos. Resultado del patrón de desarrollo, aumentó exponencialmente el número de trabajadores y de afiliados de varios sindicatos.  Si bien el proyecto de país fue positivo para un sector importante de la clase obrera, el gobierno nacional no consideró al sindicalismo como un interlocutor directo o privilegiado y menos aún como parte central del reparto de espacios de poder. En particular durante los últimos años, Cristina Fernández apostó a conformar una herramienta política sustentada en la dimensión etaria (juventud) y no necesariamente de clase.
Las organizaciones sociales (trabajo informal) fueron un actor central de la resistencia al neoliberalismo de los años noventa. Buena parte de ellas, acompañaron la convocatoria del Frente Para la Victoria en el año 2003 y Néstor Kirchner fue el articulador de la diversidad de actores y de dirigentes sociales. Buena parte de estas organizaciones consiguieron mejorar sus condiciones de ingreso con medidas como la AUH o las cooperativas. En este caso, como con la CGT, los dirigentes sociales no se conformaron como un articulador político central del gobierno, que siguió apoyado en la rama política o en la rama juvenil del Movimiento.
La relación entre la conducción política nacional, la CGT y las organizaciones sociales no estuvo exenta de dificultades durante el último mandato presidencial. En general, Cristina Fernández no reconoce como interlocutores a las construcciones políticas existentes y no se apoya en las OLP para la construcción de poder, sino que apuesta a consolidar lo que considera es una “fuerza propia”. Dicha cuestión hoy está reflejada en que el sector mayoritario de la CGT y de las organizaciones sociales como la CTEP, no están encuadradas bajo la conducción de la ex Presidenta. 

Peronismo y género
Durante la Revolución Justicialista las mujeres alcanzaron representatividad institucional con la ley de voto femenino del año 1947. Además, la mujer ocupó lugares de protagonismo político al punto de que Eva Duarte ofició como la representante del gobierno frente a la CGT. Fue tal su importancia, que la central sindical la impulsó como vicepresidenta de los argentinos. Dicho protagonismo político concreto de la mujer en la Revolución, allanó el camino para las asunciones presidenciales posteriores de Isabel Martínez y de Cristina Kirchner. Ambas fueron las primeras mandatarias de la historia argentina y no es casualidad que las dos salieron del peronismo.
La Revolución Justicialista impulsó que un tercio de los cargos legislativos del Movimiento fueran para la mujer, adelantándose a la legislación actual que impulsa pisos mínimos de participación femenina y que avanza hacia la igualdad de representación.  
Durante la última década, el peronismo kirchnerista avanzó en el reconocimiento de derechos de una minoría sexual con la sanción de la igualdad de género y con el matrimonio igualitario. Como parte de la mutación cultural del peronismo, actualmente hay sectores kirchneristas que se identifican más con las políticas de género o de derechos humanos, que con los históricos aspectos de reforma social y de participación sindical de los trabajadores.

Peronismo y juventud
En los años cincuenta la Revolución impulsó la organización masiva de la juventud. Con esta finalidad, creó la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la Confederación General Universitaria (CGU), antecedentes de otras decenas de agrupaciones que proliferarían en los sesenta y setenta como la JUP, ANDE o las juventudes sindicales. Si bien en los años cincuenta la UES y la CGU aplicaban programas sociales del Estado y participaban de la política nacional, será en el tercer gobierno justicialista cuando ingresan orgánicamente al Movimiento. Su nueva participación dentro del peronismo incluyó la asignación de cargos públicos y desde el año 1973 al clásico reparto de lugares en el Estado entre clases sociales (rama sindical), genero (rama femenina) y por función (rama partidaria), se le agregaría la rama juvenil.
Con activa participación en la resistencia peronista desde fines de los años setenta, la juventud ocupó un lugar importante en el debate público. Sectores de su conducción se propusieron disputar espacios de poder con el conjunto del Justicialismo, incluyendo debates con los sindicatos, con Perón y con su vicepresidenta. Las tensiones entre los sectores internos del Movimiento, derivaron en rupturas como la producida en el acto del 1 de mayo del año 1974 o con el pase a la clandestinidad de un sector de la juventud durante el mandato presidencial de Isabel Martínez.         
Desde el año 2003 la juventud adquirió mayor protagonismo y dentro de los municipios o en los diversos espacios partidarios empezaron a crearse áreas para su inclusión formal. A partir del año 2011 Cristina Fernandez consideró que el peronismo tenía que organizarse, primordialmente, en torno de la cuestión etaria y la juventud ocupó lugares centrales del dispositivo político. La conducción inició una estrategia de construcción de poder centrada en la inclusión masiva de la juventud de clase media en el gobierno. La reciente inserción al peronismo de la militancia juvenil se realizó desde un encuadramiento mayoritariamente estatal, a diferencia de los años setenta cuando su participación era fundamentalmente social y de base. 

El peronismo y su rama política
La Revolución consideró como interlocutores y otorgó representatividad institucional a diversos actores con poder social. Principalmente, les concedió responsabilidades y funciones políticas y de gestión a la iglesia y a los militares. Además y cuestión central, el Justicialismo le otorgó un tercio de los lugares de gobierno a la rama política compuesta por dirigentes de procedencia en la UCR, conservadores, socialistas, comunistas o socialcristianos. Sin negar la diversidad social de orígenes, la herramienta electoral del peronismo nació, fundamentalmente, desde los sindicatos y no es casualidad por eso que en el año 1973 el líder del Movimiento les concedió varias vice gobernaciones a la CGT, además de lugares en las legislaturas y ministerios.  
Desde el origen del peronismo existieron tensiones entre la rama política y la sindical y muchas de ellas afloraron públicamente en los años setenta. John William Cooke lo teorizó con lucidez y postuló una crítica al accionar de la rama política luego del golpe del año 1955.
Como adelantamos, la rama política adquirió mayor preponderancia desde los años ochenta y noventa y actualmente reúne a un importante número de legisladores, intendentes y gobernadores.

¿Qué es el peronismo, a quién representa y quién lo conduce?
El peronismo clásico era un Movimiento pluriclasista, pero buena parte de sus decisiones estaban en manos de la rama sindical (CGT). La Revolución trabajó incansablemente por la unidad de los trabajadores y por la formación doctrinaria de sus cuadros. Durante los años ochenta y los noventa el peronismo se apoyó, fundamentalmente, en la rama política.
El kirchnerismo es un espacio originado, fundamentalmente, en la rama política del peronismo y evolucionó hacia la juventud. Al momento del último armado electoral, Cristina Fernandez subordinó a un segundo plano al sindicalismo y a la mayoría de la rama política del Movimiento. El balance electoral de la estrategia fue magro para el peronismo, que perdió intendencias, provincias y el gobierno nacional a manos de CAMBIEMOS. La dinámica de construcción política actual de Cristina Fernández parece acentuar la tendencia de los últimos cuatros años y se apoya en la rama juvenil, en resabios de la experiencia de “Unidos y Organizados” y en sectores de gremios principalmente estatales (CTA). La realización de actos políticos en las universidades es expresivo de la mutación social e ideológica del kirchnerismo, que elige como interlocutor privilegiado a la clase media. En los años cincuenta el teatro de la política eran los sindicatos y las organizaciones libres del pueblo propias de la clase trabajadora y en menor medida, los actos de Perón o Eva eran efectuados en instituciones típicamente de clase media.
Actualmente el peronismo enfrenta una crisis de conducción política, originada en buena medida, en una dificultad para definir cuál el sujeto social que lo compone. Si éste último aspecto fuera aclarado, posiblemente sería más simple determinar cuáles son los objetivos del Movimiento para los próximos años. ¿El peronismo debería reconstruir su estrategia sindical o tiene que evolucionar en un partido socialdemócrata?, ¿el Justicialismo tiene que hacer eje en su composición de clase o debe privilegiar la condición etaria de sus miembros?, ¿el Movimiento retomará el concepto de federación de organizaciones libres del pueblo (comunidad organizada) o derivará en un partido tradicional?.


Juan Perón ofreció un modelo de Movimiento Nacional. Actualmente y dentro de la diversidad política de la región, la revolución boliviana que conduce Evo Morales impulsa una herramienta política similar al peronismo histórico. El MAS representa a las organizaciones libres del pueblo sobre las cuales recaen las principales decisiones políticas del país. Las OLP tienen autonomía funcional y le otorgan a la masa social soluciones diarias y al gobierno nacional le marcan una agenda política. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

Alternativas a la crisis de la economía iberoamericana


Aritz Recalde, noviembre 2016
Sociólogo y docente universitario

La crisis económica norteamericana internacionalizada desde el año 2008, el deterioro de los precios de producto de exportación de Iberoamérica (soja, hidrocarburos o hierro) y la caída del crecimiento chino, produjeron serias dificultades productivas, sociales y políticas en la región. Frente al adverso contexto internacional, los gobiernos aplicaron diversas propuestas de política económica. En el texto vamos a mencionar de manera sucinta, dos programas de desarrollo para superar la crisis. 

El neoliberalismo argentino
El gobierno de Mauricio Macri propone resolver los problemas de la economía con medidas de corte liberal y en pleno siglo XXI se reiteran recetas ya implementadas en el siglo XIX. Los conceptos de libre mercado, apertura comercial, vuelta a los mercados, confianza inversora, desregulación financiera o reducción de costo del trabajo, ocupan un lugar fundamental del programa de CAMBIEMOS. El nuevo patrón de acumulación iniciado desde fines del año 2015 está centrado en dos estrategias:
PRIMERO: crecer con inversiones extranjeras. Para garantizar esta propuesta se bajan salarios, se permite la libre movilidad de capitales especulativos y se flexibiliza la potencial repatriación de ganancias a las casas matrices (“confianza inversora”). Resultado de estas y otras medidas, en lo que va del año ya salieron de la economía local más de 20.000 millones de dólares.  
SEGUNDO: potenciar tres áreas de la economía interna garantizando ganancias extraordinarias a un grupo pequeño de actores concentrados. El gobierno postula que el excedente acumulado por el sector financiero, las exportadoras de recursos naturales y las empresas de servicios, serán un incentivo para la reinversión y el aumento de la producción.

SECTOR
MEDIDAS
RESULTADOS PARA EL SECTOR
DERIVACIÓN PARA EL CONJUNTO DE LA ECONOMÍA


Sector financiero
Pago de los bonos en default sin quita. Emisión de LEBAC. Toma de deuda en moneda extranjera.

Alta rentabilidad en dólares para bancos y organismos financieros.  Formación de un negocio de deuda superior a los 45.000 millones de dólares en 2016.
Incentivos a la especulación financiera y deterioro de la actividad productiva. Altos costos de los préstamos productivos internos. Ajuste de cuentas públicas como resultado del pago de deuda.


Grupos agroexportadores y mineros concentrados
Devaluación. Eliminación paulatina de retenciones a las exportaciones de empresas mineras y sojeras. Reducción de impuestos a los bienes personales. Liberalización de operaciones de exportación.
Ganancia extraordinaria para las exportadoras y los productores superior a los 90.000 millones de pesos en 2016.
Ganancias extraordinarias para las mineras de 3000 millones de pesos en 2016.
Aumento del precio de los alimentos.  Deterioro de las cuentas públicas. Ingreso de divisas por exportaciones de alimentos y fuga vía ganancias y giros al extranjero. Empobrecimiento de la familia argentina y consumo suntuoso de una minoría.
Empresas de servicios públicos
Aumentos  iniciales del 1000 %. Ajustes entre 200 y 400% en 2016 y 2017.

Aumento sideral de la rentabilidad.
Pérdida de competitividad de la empresa argentina. Crisis social de las familias. Reducción del gasto público (baja de subsidios).

Con la finalidad de aumentar ganancias del sector exportador y deprimir el costo del salario en dólares, se impulsó una fuerte devaluación. Ésta última se trasladó a precios agudizando un proceso inflacionario inducido por una estructura económica oligopólica con poderosos formadores de precios, con la eliminación de controles internos y a las exportaciones y con  el alza desmesurada de las tarifas de servicios. Las paritarias de los trabajadores, las jubilaciones y la AUH cerraron por debajo de una inflación que se estima, será entre el 40 y el 45% anual.
Como resultado del programa económico se deterioró la capacidad de consumo del MERCADO INTERNO (60% de la economía). A diferencia del postulado de campaña electoral de CAMBIEMOS, cayó la INVERSIÓN nacional y es escasa la extranjera (ambas son el 20 % de la economía). En el plano de las EXPORTACIONES (15% de la economía) y exceptuando algunos rubros como la soja, hay una importante caída de los volúmenes. La recesión de Brasil y la baja del crecimiento chino mantendrían esta situación en el corto y mediano plazo. La decisión de reorientar la economía hacia los EUA, acarrea la dificultad de un marcado déficit comercial a favor de los norteamericanos.
Los datos de la macroeconomía del país son elocuentes y hay una recesión y una caída del PBI de 1,5 % (frente a un crecimiento cercano al 2 % del año 2015). La inflación es la más alta de los últimos años y existe un aumento preocupante de los déficits comercial y fiscal (para el 2017 éste último está calculado en 480.801 millones de pesos). Resultado del cierre de empresas se calculan que se perdieron más de 150.000 empleos. Para enfrentar este preocupante estado de situación, la cartera económica nacional barajó tres alternativas:
a-     Llegada de inversiones extranjeras: no se produjo la lluvia de inversiones esperada, más allá del ingreso fondos especulativos con altos costos para el conjunto de la economía y la sociedad.
b-    Endeudamiento en moneda extranjera: en lo que va del año se acumuló una deuda cercana a los 45.000 millones de dólares. En el año 2017 se calcula sumar otros 25.000 millones cuyo destino sería un 80 % a cubrir  gastos corrientes. Los servicios de la deuda aumentarán de 186.900 millones de pesos en 2016 a 247.328 millones en 2017.
c-     Recorte de gasto público -exceptuando el especulativo financiero-: en términos reales el presupuesto 2017 incluyó recortes en las carteras de producción (-15%), agroindustria (-14%) o salud (-12%). Se produjeron reducciones en ciencia y técnica y en las universidades nacionales la inversión en infraestructura bajó un 70% y hay ajustes en la asignación de las becas de bajos recursos, para carreras prioritarias o las destinadas a las ingenierías. El presupuesto 2017 contempló una paritaria salarial del 17 %, cuando se calcula una inflación del mismo monto y una devaluación del 19 %. Con estas cifras no se recuperará la capacidad de compra del salario de año 2015 y podría empeorarse de cumplirse los guarismos de organismo como el FMI que vaticinan una inflación superior a dos dígitos. 

El nacionalismo boliviano
Según datos publicados recientemente por la CEPAL, Bolivia crecerá en el año 2016 un 4,5%. A diferencia del modelo argentino, la gestión de Evo Morales apuesta a crecer con recursos propios y a mantener la capacidad de consumo del mercado interno. El gobierno sostiene una alta inversión pública que deriva en obras de infraestructura, en el control de áreas productivas estrategias por parte del Estado y en el desenvolvimiento de políticas sociales. Para garantizar el proyecto, el MAS reformó la Constitución en el año 2009 y nacionalizó los hidrocarburos en 2006, en el marco de un paquete de reformas que incluyó la democratización de varias áreas económicas.
Las cifras son elocuentes y la renta petrolera que quedaba en Bolivia en el año 2005 era de 300 millones de dólares y en 2014 alcanzó la cifra de 5.330 millones de dólares. El PBI de Bolivia se triplicó entre 2005 y 2014 y lo mismo ocurrió con el salario mínimo que aumentó en ese valor, en paralelo a que bajaron las tasas de pobreza y de indigencia.
El gobierno aumentó las transferencias a gobernaciones, municipios y universidades que pasaron de 6.669 millones de bolivianos en 2006, a 29.221 millones en 2014. Según fuentes oficiales, la inversión estatal boliviana subió un 795% entre 2006 y 2014, frente al escaso crecimiento del 15% registrado entre 1997 y 2005.
En un momento en el cual el principal producto de exportación del país (gas y petróleo) está a la baja y que su vital destinatario Brasil se encuentra en recesión, el país no detiene su desarrollo y mantiene un crecimiento con justicia social. Entre las causas del éxito, se encuentra en que Bolivia recuperó los principales resortes de su economía y destina los excedentes económicos al desarrollo nacional y social.

Pese a evidentes diferencias de escalas y de perfiles productivos y sociales entre Argentina y Bolivia, la comparación de modelos económicos puede ser efectuada. El MAS se opone a aplicar una apertura liberal indiscriminada de la economía y continúa la línea nacionalista de la economía peronista de los años cincuenta. La decisión de Morales parece coincidir con la tendencia internacional,  reflejada en la decisión del pueblo ingles de salir de la Comunidad Económica Europea y de evitar los resultados de la apertura comercial y financiera. Algo similar ocurre con la elección del presidente Trump en los EUA, quien anunció en campaña electoral una mayor protección económica para su país.  A diferencia de la tendencia internacional, Mauricio Macri aplica un programa liberal que ya fue practicado hasta el año 2003 y que derivó en la mayor crisis económica y social de la historia en el 2001. 


viernes, 14 de octubre de 2016

Unidos o derrotados

Por Aritz Recalde – octubre 2016


Durante los últimos años los gobiernos de la región tuvieron que implementar sus programas de desarrollo en un contexto económico internacional poco favorable. La caída de los precios del hierro, de la soja o de los hidrocarburos le ocasionaron serias dificultades a Dilma Rousseff en Brasil, a Cristina Kirchner en la Argentina y a  Nicolás Maduro en Venezuela. La baja de los precios de commodities se complementó con la disminución de las exportaciones, que fue resultante de que las economías europeas y norteamericana estaban cerca del estancamiento, sumado a la disminución de las tasas de crecimiento de China.
Frente a esta situación económica desfavorable se aplicaron cuatro programas de desarrollo.
Dilma y el PT emplearon un esquema de metas de inflación y la Presidenta ajustó el gasto público acentuando el estancamiento económico y el deterioro social. Aprovechando el desencanto popular, la enfrentaron sus anteriores aliados políticos, el grupo de medios Globo, el poder judicial y económico y los EUA.  El pueblo no salió masivamente a la calle y sin desmerecer los apoyos del MST, la CUT o la UNE, quedó evidenciado el deterioro del sostén político de la base social del PT.
Cristina Kirchner no aplicó reformas estructurales conservadoras como Rousseff y tampoco impulsó iniciativas nacionales de modificación de la estructura oligopólica y extranjerizada de la riqueza. La mandataria gobernó con déficit fiscal en una economía con bajos niveles de crecimiento, a la espera de que cambien las condiciones internacionales. El deterioro económico y social fue uno de los elementos que Cambiemos puso en agenda para captar el 51% de los votos.
Evo Morales radicalizó el proceso político en Bolivia e impulsó una reforma constitucional, nacionalizó los hidrocarburos y democratizó el acceso a la tierra. Actualmente, está haciendo lo mismo con la minería concesionada. La administración estatal de su principal riqueza le permitió distribuir el ingreso y mantener el apoyo de su base social pese a la caída del precio de las exportaciones.
Argentina y Brasil podían haber seguido el camino de Bolivia y recuperar las riquezas estratégicas para distribuirlas entre las mayorías, reforzando el apoyo social y garantizando los recursos para el  crecimiento en el mediano y largo plazo. En el caso argentino, ello implicaba motorizar una concepción peronista ortodoxa y nacionalizar el comercio exterior y hacer una reforma financiera e impositiva. Ello suponía disputar seriamente con el poder económico interno y externo. Lejos de profundizar el proceso político, el FPV realizó una campaña electoral sin propuestas de reformas económicas o de mejora social considerable. En línea con el caso nacional, Dilma anunció  una reforma política y un impuesto a la renta financiera y ambas iniciativas no pasaron del discurso.
En los dos países y sin desconocer las diferencias de procedimiento, los gobiernos  salieron del poder  y no se produjeron grandes movilizaciones o acciones de resistencia popular contundente. En el caso argentino, el FPV no tuvo una campaña electoral unificada y un sector del Movimiento apostó a debilitar al candidato presidencial. La militancia se movilizó activamente entre las elecciones generales y la segunda vuelta electoral, sin con ello impedir la derrota en distritos históricamente peronistas como lo es la Provincia de Buenos Aires.
Cambiemos aplicó el programa de la aristocracia del dinero consistente en garantizar una trasferencia de ingresos al sector financiero, a los grupos agroexportadores y a las empresas de servicios y titulares de los recursos naturales. El gobierno en sólo nueve meses generó una deuda externa superior a los 30.000 millones de dólares. Al sector agroexportador entre la devaluación y la eliminación de las retenciones, les otorgó una ganancia extraordinaria en el año 2016 de 100.000 millones de pesos.
Los aumentos del gas, la electricidad o el combustible están llevando a la crisis a las empresas locales y producen un deterioro social considerable. Los negocios de los proveedores de energía no solo atentan contra la sustentabilidad productiva y social, sino que además ponen en juego la soberanía territorial en Malvinas que está siendo subordinada a los negocios de las empresas inglesas, norteamericanas y holandesas que representa el Ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren.
El saldo económico del programa de Cambiemos se expresa en el estancamiento y en la caída del PBI (cercana a los 3 puntos en 2016), en una inflación inducida superior al 45%, en la salida de capitales (más de 20.000 millones de dólares a la fecha) y en destrucción del tejido industrial vía importaciones y debilitamiento del mercado interno (deterioro de la capacidad de consumo popular). La faceta social del programa está mostrando una tendencia preocupante: 200.000 nuevos desempleados, paritarias por debajo de la inflación en el universo de los trabajadores formales y pérdida del valor de compra de los planes sociales de la economía informal.
La política exterior de Cambiemos sigue los grandes lineamientos de los EUA. En el plano regional consiste en debilitar al Mercosur para ir a la Alianza Pacifico, mientras en paralelo apoya activamente la destitución de Nicolás Maduro y de Evo Morales, cuestión importante para desandar el ALBA y otras experiencias de articulación institucional y política iberoamericana.
La resistencia política en la Argentina no se hizo esperar y en lo que va del año se movilizaron los trabajadores formales (CGT-CTA), los sectores medios kirchneristas y los representantes de la economía informal (CTEP, CCC, Barrios de Pie).  Pese a que en los primeros meses se produjeron más movilizaciones y conflictos que en los últimos años, está claro que no implican un límite al programa neoliberal y tampoco son en sí mismo una alternativa política para el 2017 y el 2019.
Para resistir al programa neoliberal y a la embajada de los EUA hacen falta mayor unidad, organización y combatividad social. La creación de un triunvirato de la CGT y la implementación de un dialogo con la CTEP es un avance importante. Pese a ello, siguen existiendo divisiones sindicales entre el Triunvirato, el Movimiento de Acción Sindical, la Corriente Federal y las dos CTA. UATRE y las 62 organizaciones que integran el gobierno nacional de Cambiemos.
La unidad es un piso mínimo para cualquier política (unidad de acción), a la cual hay que sumarle un programa con objetivos compartidos (unidad de concepción). Este último aspecto está siendo enunciado tanto por la Corriente Federal que impulsa un Programa de “26 puntos”, como en el documento “De mal en peor” del 5 de agosto que fue redactado por el Triunvirato. Unidos y convencidos, hará falta mayor disposición a la lucha frente a un gobierno que destruye el trabajo argentino para beneficiar el extranjero y a la usura internacional.
Dentro del universo político los dirigentes peronistas que tienen responsabilidades de gestión, se encuentran frente al desafío de gobernar, de ser oposición al neoliberalismo y de reconstruir el peronismo. En algunos casos, hay funcionarios que están abocado a ser meramente gobierno y votan y acompañan todas las medidas de Cambiemos para obtener recursos. Pareciera que no importa que se ponga en juego la soberanía nacional y social del país. Otro grupo de dirigentes están dedicados a construir la oposición frontal al gobierno nacional.  El tercer aspecto político fundamental de la etapa, tiene que ver con reconstruir el Movimiento Nacional. Actualmente, hay diversas divisiones y no existe una conducción política incuestionada como anteriormente ejercía Juan Perón.
Frente a la dimensión de los enemigos y adversarios, es fundamental que en las elecciones de 2017 los dirigentes políticos y sociales se unan para resistir a la aristocracia del dinero que todo lo destruye y corrompe. Hay que trabajar arduamente por consolidar una oposición al neoliberalismo y por la reconstruir el Movimiento. Aquellos dirigentes peronistas que solamente se preocupen por gobernar, formaran parte de un programa que  conduce la Argentina de manera acelerada a otro 2001.  Si el Movimiento nacional triunfa en 2017, el camino político es auspicioso para el 2019.

Habiendo recuperado el gobierno, las organizaciones libres del pueblo tendremos que optar por aplicar alguna de las cuatro posibilidades de solución a los problemas nacionales y regionales.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El peronismo, los intelectuales y la universidad


Aritz Recalde [1], octubre 2016

En diversos temas la historiografía argentina fue desmintiendo falsedades y develando omisiones. Se dijo que la Revolución Justicialista era una dictadura, pese a que llegó al poder por medio de las urnas en las primeras elecciones libres desde el año 1930 y que fue derrocado por un brutal golpe de Estado en 1955. Se sostuvo que el desarrollo económico de la etapa era el mero resultante de los altos precios internacionales y no de un plan de gobierno planificado y consciente. Más allá de ésta lectura simplista, quedó demostrado que la Revolución impulsó un importante crecimiento y desenvolvió Planes Quinquenales legando al país una industria básica y la fabricación de autos, barcos o de energía atómica. Se acusó a Perón de ser afín al partido nazi, en paralelo a que el mandatario reconoció al Estado de Israel y existió plena libertad de cultos durante la década de gobierno. Se difamó al sindicalismo peronista por ser supuestamente “nuevo” y manipulable y por ser conducido demagógicamente, pese a que nunca los obreros consiguieron semejantes derechos sociales en Iberoamérica y desde el 17 de octubre de 1945 la CGT es un factor sustancial de poder político. Estos mitos fueron develados como falaces por la historiografía y por la lucha política de los argentinos.   
En el caso de la universidad peronista siguen existiendo un sinfín de mentiras, de errores historiográficos y de ocultamientos. La historia oficial de la universidad se organizó por parte de los dirigentes de los partidos socialistas y de la UCR a partir de 1955 y de 1983. El planteo de dichos pensadores sostiene que el peronismo fue un movimiento “antiintelectual” e incluso algunos llegan a manifestar que en lo referente a las casas de altos estudios fue autoritario y policial.
Durante las últimas décadas varios trabajos de investigación demostraron que la etapa fue fructífera en las ciencias aplicadas y en las ingenierías y que la Revolución introdujo una democratización social en el ingreso con la sanción de la gratuidad en el año 1949.  Pese a éstos últimos avances en la construcción de un registro histórico más real y menos tendencioso de la cuestión, siguen existiendo deficiencias y omisiones para interpretar la universidad peronista.
En particular, en el universo de las ciencias sociales se sigue repitiendo como supuesta verdad incuestionable que la “edad de oro” de disciplinas como la filosofía, el derecho, la historia, las letras o la sociología surgió en 1955. La historia oficial escribió que antes del golpe militar no existían intelectuales o que sus aportes eran prácticamente inexistentes y que recién con la dictadura se abría una etapa de desenvolvimiento y de progreso de las ciencias sociales.

Algunas causas del ocultamiento
Los partidos socialista y radical dijeron que el peronismo era autoritario en la universidad con la finalidad de justificar los cargos que les dio la dictadura. Si lo anterior era “malo”, tendrían el derecho de acometer ilegalmente los espacios de la institución con acuerdo castrense. Los socios civiles de la dictadura de 1955 asumieron sus cátedras sin concurso, como parte de un acuerdo político con los responsables del sangriento golpe de Estado surgido del bombardeo de junio. No es casualidad por eso, que la universidad argentina calló cuando se derogó la Constitución Nacional, se intervino la justicia, se produjeron los fusilamientos de 1956 o se aplicaron masivas persecuciones y violaciones de los derechos humanos. La universidad que los historiadores liberales o reformistas denominaron “edad oro” se impuso con las armas, no con los libros o por intermedio de concursos docentes.
Un sector de la izquierda nacional sostuvo que el peronismo no tuvo programa académico consistente, ya que la universidad habría estado en manos de la iglesia y del nacionalismo. No es real que la iglesia manejaba la universidad y está documentado que la institución era plural como bien lo expresan la existencia de los docentes Carlos Astrada, Juan José Hernandez Arregui, Carlos Cossio, José Balseiro, Alfredo Pucciarelli, José María Rosa, Diego Luis Molinari u Homero Mario Guglielmini. Por otro lado, la iglesia y el catolicismo tuvieron y tienen grandes figuras de la cultura como son los docentes Arturo Enrique Sampay, Hernán Benítez o José Enrique Miguens o los intelectuales de la envergadura de José María Castiñeira de Dios, Leonardo Castellani o de Nimio de Anquin.
Sectores del mismo justicialismo destacaron que Juan Perón habría opacado a los intelectuales y académicos y citan como referencia sus diputas del mandatario con Arturo Jauretche o con Arturo Sampay.  Si bien es cierto que Perón es un intelectual y que en su Movimiento político existieron fuertes discusiones, tampoco se puede negar que hubo cientos de pensadores y de hombres de la cultura sin los cuales no se podía haber desarrollado la Revolución. 
Además de las tres causas mencionadas, hay otras dos que ayudan a comprender el ocultamiento y las omisiones a la verdad. La primera tiene que ver con el hecho de que si se aplicaban las ideas e iniciativas de los pensadores y los académicos del peronismo de los cincuenta, hoy la Argentina podría ser un país soberano en el terreno económico, político y cultural. Los Estados centrales y la oligarquía interna destruyeron las instituciones de la Revolución y en la universidad expulsaron a los docentes, silenciaron sus ideas y ocultaron sus obras.
El segundo aspecto se origina en que los poderes oligárquicos se propusieron negar la existencia de pensadores ligados a los partidos políticos o a los sindicatos argentinos. Frente al supuesto “vacío” intelectual, nombraron en la conducción de la política pública a los representantes de los grupos económicos extranjeros (tecnócratas).  

La universidad peronista
La universidad del peronismo se diferenció de los modelos académicos liberales y reformistas, aunque tomó aspectos de ambas tradiciones.

Función social
La universidad peronista le otorgó una función social a la institución en el universo de los estudiantes, de los docentes y de los nodocentes. A diferencia del liberalismo, favoreció el ingreso a la educación de los jóvenes humildes con la sanción de la gratuidad y con las becas. La Revolución permitió la cursada de los trabajadores con los horarios nocturnos de la Universidad Obrera Nacional (UON).
Los docentes de la universidad consiguieron derechos como son la carrera docente o a la dedicación laboral de tiempo completo.
La Revolución le otorgó participación política a los trabajadores en la conducción académica. La UON tenía un rector vinculado a la CGT y en el año 1974 el peronismo le otorgó derecho a intervenir en el gobierno de la universidad a los nodocentes.

Función productiva
La Revolución consideró a la independencia económica como la base de la soberanía política argentina.  En este contexto, el peronismo impulsó activamente la ciencia y la cultura nacional en los sectores público y privado, tanto en universidades como en la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Antártico o en Fabricaciones Militares.
La Revolución estimuló la capacitación industrial y en oficio con la escuela técnica. En el terreno de la educación superior apoyó activamente la ciencia aplicada y la regionalización de las funciones de docencia y de investigación. El peronismo impulsó la federalización de la educación con la apertura de diversas sedes de la Universidad Obrera Nacional, que ofertó carreras de ingeniería ligadas a los objetivos de los Planes Quinquenales en el terreno ferroviario o aeronáutico.   

Función nacional
El peronismo apoyó la cultura nacional y subsidió el cine argentino, sancionó una ley de medios de comunicación que obligó a transmitir música del país y democratizó el acceso al teatro a la masa popular. En todos los casos se consideró que el folclore y demás representaciones de la cultura popular, tenían que integrarse a una nueva conciencia nacional en desarrollo.
La Revolución consideró que las universidades tenían que nacionalizarse en sus contenidos y perspectivas teóricas. Con esta finalidad, las instituciones debían crear carreras en torno de las particularidades y de las demandas sociales y productivas de cada región. Las investigaciones tenían que contribuir a conocer los recursos naturales estratégicos y las potencialidades científicas argentinas. En el terreno de las ciencias aplicadas y del desarrollo tecnológico el avance fue notable y el país desplegó emprendimientos industriales y energéticos de histórica envergadura.
En el universo de las ciencias sociales y humanas fue una etapa fructífera en todas las áreas. En derecho enseñaron prestigiosos intelectuales y docentes como Arturo Enrique Sampay, Humberto Podetti o Carlos Cossio quien organizó la llegada al país de Hans Kelsen. La filosofía tuvo desarrollos fundamentales en las obras de los profesores Coriolano Alberini, Juan José Hernández Arregui, Carlos Astrada o Rodolfo Agoglia y en el año 1949 se organizó en Mendoza el encuentro de filosofía más importante de la historia del país. En el año 1955 nació la carrera de psicología en la Universidad del Litoral y durante la etapa Juan Pichon Rivière -quién dictaba cátedra en la UBA-, impulsó el nacimiento de la psicología social argentina. La asignatura sociología estuvo a cargo del filósofo marxista Juan José Hernández Arregui y de dos figuras fundamentales para la académica nacional que son Alfredo Poviña y José Enrique Miguens. La enseñanza de la historia estuvo dictada por profesores como Diego Luis Molinari, José María Rosa o Enrique Barba.  
Estos y otros cientos de intelectuales y de docentes consolidaron una etapa fundamental de las ciencias sociales argentinas. Lamentablemente para la ciencia y la cultura iberoamericana, muchos de ellos fueron expulsados ilegalmente por una dictadura en acuerdo con un grupo de civiles.

Los intelectuales peronistas
El peronismo tuvo diversos intelectuales en todos los ámbitos de la vida nacional. Muchos de los pensadores de la Revolución Justicialista trascendieron más por sus obras, que por sus libros o por su actividad docente. Algunos se avocaron a la tarea tecnológica y a la gestión científica del desarrollo de la industria militar (Ing. Juan Ignacio San Martin), siderúrgica (Ing. Manuel Savio), la obra pública (ing. Juan Pistarini) o la energía atómica y la ciencia básica (José Balseiro).
Eminentes docentes y funcionarios universitarios consolidaron importantes acciones en el terreno del derecho (Enrique Sampay), la economía (Ramón Cereijo) o en medicina (Ramón Carrillo).
Numerosos escritores e intelectuales acompañaron al peronismo como fue el caso de Manuel Gálvez que integró la Junta Nacional de Intelectuales o el historiador nacionalista Ernesto Palacio, quien se distanció luego del peronismo. Figuras prestigiosas del campo de la cultura acompañaron con críticas, encuentros y desencuentros a la Revolución, como son Raúl Scalabrini Ortiz, Castiñeira de Dios, Jorge Abelardo Ramos, Manuel Ugarte, Arturo Jauretche o Carlos Astrada.    

A diferencia de los mitos difundidos por la historia oficial del campo intelectual y de las universidades, está demostrado fehacientemente que el peronismo tuvo un programa universitario que permitió grandes avances en todos los terrenos de la vida académica y científica.
Asimismo, la Revolución Justicialista fue acompañada por pensadores que desarrollaron la tecnología y la industria argentina, que refundaron la salud pública y que legaron grandes aportes teóricos en el universo de las ciencias humanas y sociales.



[1] Autor del libro “Intelectuales, peronismo y universidad”, Ed. Punto de Encuentro, CABA, 2016.

domingo, 28 de agosto de 2016

Los medios de comunicación y la aristocracia del dinero

Aritz Recalde, agosto 2016


¿Para qué el Decreto de Necesidad y Urgencia 267/15?
El Gobierno Nacional sancionó el DNU 267/15 por intermedio del cual derogó parte importante del articulado de las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522/09) y la de Argentina Digital (27.078/14). Básicamente y de manera sumamente resumida, el DNU implicó:

a-     Beneficiar al GRUPO CLARÍN.
- El DNU prorrogó por 10 años las licencias del grupo de medios. En el año 2005 el Gobierno Nacional ya había prorrogado por el mismo tiempo las licencias (Decreto 527/05).
- Evitó que Clarín aplique la cláusula antimonopolio de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que había sido ratificada por la Corte Suprema de Justicia.
También para proteger al grupo empresario, en 2002 Duhalde sancionó una ley que puso un tope del 30 % del capital extranjero en medios (Ley 25.750/03). La finalidad fue evitar que un acreedor foráneo se quede con Clarín, que había tomado préstamos para comprar los cableoperadores del interior.
- El DNU favorece la posibilidad de que el grupo retenga y amplíe su red de televisión por cable (“TV por suscripción”). El decreto estableció que la TV por cable se regula por la misma norma que las telecomunicaciones y no por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Actualmente y como resultado de la reforma, no hay límite del número de licencias, los operadores no deben respetar las grillas, ni promover canales locales y tampoco están obligados a cumplir con las finalidades culturales de la ley 26.522/09.
Es de esperar que Clarín refuerce su política de apropiación del cable en todo el país que aplicó en los años noventa. El grupo adquirió Nextel para ampliar su actividad a los servicios de telefonía y la nueva normativa le permite ampliar sus licencias de TV abierta.
El Grupo Clarín es el gran beneficiario del DNU y todo indica que CAMBIEMOS le pagó su apoyo político en la campaña electoral del año 2015.

b-    Favorecer al GRUPO TELEFÓNICA. Además de la prorroga de licencias mencionada, el gobierno apoya a este grupo con la posibilidad de que en dos o tres años las telefónicas puedan vender televisión por cable o satelital.

c-     Debilitar las FUNCIONES DE REGULACIÓN del sistema de medios por parte de las organizaciones libres del pueblo y el Congreso, en relación al Poder Ejecutivo. El Decreto clausuró la Autoridad Federal de Comunicación Audiovisual (AFCA) y la Autoridad Federal de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (AFTIC), creando en su lugar el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM). El ENACOM se compone de un presidente y de tres directores nombrados por el Poder Ejecutivo. De los tres directores que designa el Congreso uno corresponde a la primera minoría. En resumen, Mauricio Macri designa cinco miembros del ENACOM y la oposición solamente dos. La norma establece que sus miembros pueden ser removidos sin causa o proceso y desaparecen las representaciones de las provincias o de las universidades.

El DNU flexibiliza la transferencia de licencias entre los grupos, cuestión que facilita la consolidación del sistema de oligopolios y acentúa la falta de regulación pública.
En paralelo, el gobierno apoyó la finalización de Futbol Para Todos, transfiriendo la televisación de los partidos a los grupos privados. Paradójicamente, la mayoría de los costos del futbol siguieron siendo abordados por el Gobierno Nacional.

Comisión para la reforma de las leyes de Servicios de Comunicación y Argentina Digital
El DNU creó una Comisión para la elaboración de un proyecto de reforma la las normas derogadas. La Comisión publicó un documento con 17 “Principios que regirán la Ley de Comunicaciones Convergentes”. El texto fue elaborado por un colectivo de seis personas dirigidas por Silvana Giudici y con figuras vinculadas a Clarín y Telefónica.
En general, el documento está cargado de “buenas intenciones” como es el caso de la convergencia, la pluralidad de voces, el respeto a los derechos de los usuarios, el derecho al acceso a internet, la autonomía de los órganos de control, la adjudicación “razonable” de licencias, la promoción de la cultura nacional, la defensa del empleo del periodista, el pluralismo de los medios estatales o la existencia de medios comunitarios. 
En buena medida, gran parte del decálogo de intenciones ya integraba la regulación anterior. El texto tiene grandes omisiones y a la vista de lo que está efectivamente ocurriendo, difícilmente se puede cumplir el “espíritu de la Comisión”. El supuesto que originó la refirma que es la potencial convergencia y la necesaria pluralidad de medios públicos, son una máscara para que Clarín, Telefónica y otros grupos concentrados locales y extranjeros controlen la totalidad de licencias de radio o televisión.
Además y tema preocupante, se están perdiendo miles de puestos de trabajo en medios y poderosos grupos norteamericanos como Turner, están por adquirir un canal y el negocio de la televisación del futbol.

El sistema de medios de comunicación y la dependencia cultural
Las medidas de gobierno de CAMBIEMOS profundizan la condición cultural dependiente de la Argentina. En el plano de la comunicación se reproduce la asimetría de la división internacional del trabajo, que está caracterizada por la existencia de un centro que vende tecnología y exporta contenidos (EUA y Europa) y por una periferia que reproduce los patrones culturales dominantes. Las potencias económicas y culturales desarrollan su predominio a partir de vincularse con actores locales. Esta realidad no es meramente un problema argentino, sino que caracteriza a Chile (Diario Mercurio), Venezuela (Grupo Cisneros) o Brasil (Grupo Globo). Estas empresas de medios son puertas de entrada en Iberoamérica de los intereses geopolíticos, económicos e ideológicos de las potencias internacionales.

El funcionamiento del sistema de medios del país se caracteriza por tres rasgos fundamentales que son:
-          Comportamiento OLIGÁRQUICO.
La historia de nuestra comunicación está ligada directamente al poder de la oligarquía económica y política. La línea editorial de los principales medios es la de los grupos agroexportadores o la de los grupos industriales. Arturo Jauretche lo describió con lucidez cuando mencionó que El cuarto poder está constituido en la actualidad por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas, y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro que para sostenerse debe ganar dinero vendiendo diarios y recibiendo avisos (…) Así, el diario es un medio y no un fin, y la llamada “libertad de prensa”, una manifestación de la libertad de empresa a que a ella se subordina, porque la prensa es libre sólo en la medida que sirva a la empresa y no contraríe sus intereses”.

-          EXTRANJERIZANTE Y ANTINACIONAL.
El mundo se desenvuelve en una férrea disputa cultural. Las Potencias tienen sus propias agencias y medios de organización y de difusión cultural para Iberoamérica. Los Estados Unidos disponen de la CNN en español, los rusos RT en español, los chinos administran la agencia Xinhua y los británicos Reuters. Además de las agencias de noticias, hace tiempo que las potencias extranjeras están comprando los medios de comunicación en el país.
CAMBIEMOS promueve que el norteamericano grupo Turner adquiera Telefe (español) y el negociado de la transmisión del futbol. De conseguirlo, los EUA abrirían CNN argentina e impondrán su ideología desde el deporte y las noticias.
Los españoles manejaron con perspectiva estratégica este mecanismo y a la par que compraron canales y radios con Carlos Menem, fueron persuadiendo a la opinión pública para que sus grupos económicos se queden con el petróleo (REPSOL), Aerolíneas (Marsans) o las telefonías de la ex ENTEL (Telefónica). No exageró Juan José Hernández Arregui cuando mencionó que “Desacreditar y aislar todo pensamiento argentino era la misión combinada de la prensa, la radio, el cine, al servicio de los centros organizados del poder mundial”.
Tal cual denunció Julian Assange, el grupo norteamericano Silicon Valley (Apple, google o facebook) utiliza las nuevas tecnologías al servicio de la política exterior norteamericana. Estos grupos controlan a las personas, moldean conductas y direccionan búsquedas de información, de consumos comerciales y de opiniones políticas en las redes.
Buena parte de nuestra comunicación en redes sociales, televisión o radio está orientada al beneficio de empresas extranjeras y promueve la geopolítica europea y norteamericana en la región.

-          OLIGOPÓLICOS.
Como adelantamos, nuestro sistema de comunicación es concentrado y permite que algunos pocos grupos manejen buena parte de la emisión y distribución de la cultura. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tenía, entre otras funciones, el objetivo de democratizar esta concentración que hace imposible la pluralidad de voces y la vida democrática. 
Con el DNU que comentamos la aristocracia del dinero está impulsando activamente la consolidación oligopólica y concentrada de los medios.

La aristocracia del dinero de CAMBIEMOS profundiza el proyecto neoliberal
Lejos de ser original en este y en otros planos, el Gobierno Nacional aplica un paquete de medidas que fueron iniciadas en el año 1955 y profundizadas a partir del año 1976 y 1989.

AGENCIAS DE NOTICIAS
El peronismo impulsó un sistema de medios públicos y privados, orientados a la promoción cultural y a la defensa de los intereses nacionales. Con dicha finalidad abrió la agencia de noticias TELAM, de cuya escuela de periodismo se formaron Rogelio García Lupo o Jorge Ricardo Masetti quienes contribuyeron a crear la cubana Prensa Latina. Luego del año 1955 las noticias internacionales fueron importadas de las agencias norteamericanas que las cubren, editan y distribuyen en función de su interés nacional.
En el siglo XXI los gobiernos populares del continente crearon TELESUR, con la finalidad de romper el cerco informativo neocolonial. Actualmente, CAMBIEMOS borró TELESUR de la grilla de la TV Digital abierta y sacó a la Argentina del Canal sudamericano. En su lugar y en acuerdo con el gobierno de los EUA, Mauricio Macri impulsa al grupo Turner y a la CNN.
Con la Resolución 166 - E/16 de la Jefatura de Gabinete, el Gobierno Nacional se apropió de la base de datos del ANSES para hacer propaganda con la telefonía y los correos electrónicos de los individuos. En la campaña electoral de 2015 CAMBIEMOS se quejaba de la comunicación gubernamental de Futbol Para Todos, que ahora realizan grupos económicos y que manejarían los EUA. Actualmente y pese a lo que sostenían hace un año, realizan una onerosa y masiva campaña de prensa que avanza sobre las libertades individuales. La publicidad de gobierno es financiada con recursos públicos derivados de los favores a Clarín o Telefonica y se complementa con un manejo masivo y agresivo en redes sociales y buscadores de música o videos. Con la Resolución 166 van a hacer propaganda en cadena en los teléfonos particulares y en los correos personales de más de 30 millones de personas.    

LOS DUEÑOS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Luego de producido un conflicto gremial entre el Diario La Prensa y sus trabajadores que culminó con un obrero muerto, el gobierno peronista expropió el periódico en el año 1951. A diferencia de lo que tradicionalmente ocurre, el Estado fallaba a favor de los obreros que recibieron el medio y lo administraron de manera idónea y democrática. El nicho de mercado de La Prensa fue ocupado, en parte, por el diario Clarín.   
Para contrarrestar la acción oligárquica, meramente comercial y extranjerizante del periodismo, el Estado creó la televisión pública en 1951 (Canal 7). Durante la etapa el Estado potenció la producción nacional y cultural y adquirió algunas radios.
El gobierno había generado las condiciones legales y tecnológicas para la aparición de tres canales privados, que fueron asignados luego del golpe de Estado de 1955. La dictadura de Aramburu clausuró todos los medios de comunicación ligados al gobierno democrático, sean estatales, partidarios o sindicales y sancionó el decreto 4161 que directamente prohibía nombrar a Perón y a su Movimiento. Los nuevos canales de televisión fueron adjudicados con un doble criterio:
a-     Los titulares eran referentes políticos opositores al gobierno y a la democracia popular;
b-    Los contenidos y la tecnología eran principalmente norteamericanos. Canal 9 se vinculó a la National Broadcasting Company (NBC), el 13 nació ligado a Goard Mestre con vínculos con la Columbia Broadcasting System (CBC) y Time Life y el Canal 11 con la American Broadcasting Company (ABC).

Como resultado de esta decisión gubernamental, la Argentina ponía los medios de comunicación al servicio de las dictaduras políticas y de la norteamericanización de la económica.
En el año 1974 el peronismo no renovó las licencias de los tres canales privados que pasaron al Estado. Lo mismo hizo Hugo Chávez en el año 2007 con Radio Caracas Televisión (RCTV) y no le renovó la licencia. Como a Perón, al dirigente bolivariano lo acusaron de dictador. Paradójicamente, cuando se privatizó Canal 9 a la vuelta de la democracia o las televisoras 11 y 13 con Menem, los mismos periodistas hablaron de pluralismo y de libertad de prensa. Se cumplió un principio dogmatico del liberalismo que sostiene que las trasferencias económicas de la mayoría popular a una minoría oligárquica son legítimas y que el proceso inverso es un medio de “subversión y autoritarismo”.
Hasta la llegada de Carlos Menem a la presidencia en el año 1989, la propiedad de medios tendió a ser nacional y sus perspectivas y contenidos (series o noticias) extranjeros. El presidente riojano modificó la ley de medios de la dictadura 22.285/80 que prohibía a los licenciatarios ser extranjeros. En paralelo y en el marco de la Constitución Nacional de 1994, firmó tratados de inversión con EUA permitiendo que la potencia del norte administre nuestra cultura. La decisión de Macri de apoyar a Turner no es original, sino que profundiza la dependencia cultural y política iniciada en el año 1955.
El menemismo mantuvo la prohibición para que las cooperativas sean licenciatarias de medios, contribuyendo a la consolidación de un modelo comercial y oligopólico de la cultura. El gobierno menemista amplió la cantidad posible de licencias de cuatro a 24 y permitió el cruce de empresas gráficas con la producción audiovisual. Los grandes grupos comerciales tenían todo el poder mediático en sus manos y la democracia estaba silenciada.

REGULACIÓN DEMOCRÁTICA DEL SISTEMA DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL
Tal cual adelantamos, la historia de la comunicación es la de nuestra oligarquía que evitó las regulaciones propias de la soberanía popular. No es casualidad que en democracia sólo dos gobiernos impulsaron leyes de servicios de comunicación: en 1953 y 2009. El poder económico nacional y extranjero no sometió la regulación de medios a fines sociales y en nombre de la libertad de prensa retuvo sus privilegios de clase o de facción.
Esta última condición también se repitió en dictaduras y no es secreto para nadie que Clarín o La Nación apoyaron al golpe de 1976 continuando una actitud que Mariano Grondona había aplicado desde Primera Plana y la dictadura de Ongania de 1966.
La ley de medios del peronismo 14.241/53 declaraba al sistema interés público, prohibía el ingreso del capital extranjero, impedía la formación de oligopólicos, vedaba la trasferencia de licencias y le proporcionaba una importancia fundamental al sistema oficial de comunicación. Desde el año 1955 se produjo el proceso inverso y la prensa se volvió eminentemente comercial, de propiedad extranjera y concentrada en pocas manos privadas.
Desde la vuelta de la democracia la Coalición por una Radiodifusión Democrática, impulsó una comunicación cultural y social que no sea un mero negocio, sostuvo que había impedir la concentración y la trasferencia de licencias por parte de los grandes actores. El espació bregó por la pluralidad de voces y por el derecho a que los medios comunitarios y sin fines de lucro sean propietarios y emisores. Desde su origen, la Coalición contempló la defensa de la cultura nacional y local y la formación de una autoridad de control diversa y democrática. Muchos de estos principios conformaron la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual del año 2009. Esta última norma conjuntamente con la ley de Educación Nacional del 2006, fueron los dos textos normativos más debatidos en foros, sindicatos o universidades de toda la historia Argentina.


La aristocracia del dinero que gobierna los destinos del país quiere retrotraer el sistema de medios al año 1955.