viernes, 22 de febrero de 2013

La Educaciòn Superior en la Provincia de Buenos Aires

Aritz Recalde, febrero de 2013

“En particular nuestras universidades, en su seguidismo –poco exitoso- de las tendencias del Norte, son incapaces de comprender cuáles son las necesidades técnico – científicas de esa transformación social, y resultan meros instrumentos de colonización cultural”. Oscar Varsavsky

Retomando el argumento de Oscar Varsavsky del epígrafe, consideramos oportuno que la provincia de Buenos Aires promueva una política en Educación Superior al servicio de las necesidades técnico – científicas de la región y del país. En este sentido, cabe destacar que buena parte de los valores fundamentales y de los objetivos educativos del proyecto nacional, están claramente planteados en la Ley de Educación Nacional 26.206/06 a la cual la provincia adhirió en 2007.

Los establecimientos de Educación Superior en la provincia
“Sin base científico – tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace imposible (…) el campo científico – tecnológico debe aportar conocimientos para desarrollar una capacidad adecuada, que permita disponer de suficiente poder nacional de decisión”. Juan Perón

En la provincia de Buenos Aires están radicadas 18 universidades nacionales (1), 3 universidades provinciales (2) y 584 Unidades de Educación Superior no universitaria (grado, posgrado y postitulo) (3) . Dentro de las instituciones universitarias nacionales, adquiere suma relevancia aquellas organizadas en la Red de Universidades Nacionales del Conurbano Bonaerense (RUNCOB) (4).
Tal cual se observa en las cifras, los Institutos de Educación Superior no universitaria ocupan un lugar central en el sistema bonaerense, incluyendo según datos del año 2010, a 179.452 alumnos (5) y a 4.370 docentes (6) . En general, la Educación Superior no universitaria está relacionada con los Institutos de Formación Docente y con los Institutos de Educación Técnico Profesional (7). Su gestión está regulada por la Dirección Provincial de Educación Superior y Capacitación Educativa, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación.

Atendiendo la diversidad de instituciones del Sistema de Educación Superior, uno de los aspectos fundamentales a profundizar en una política de Estado, tiene que ver con la articulación del sistema. En este sentido, debería contemplarse la articulación:
- entre las universidades públicas y privadas y la Educación Superior no universitaria;
- entre la Educación Superior y los otros niveles educativos.
- Entre la educación superior, el conjunto del Estado y el sistema productivo.

La Ley de Educación Superior del año 1995 (LES) creo los Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior (CEPRES) (8) como ámbitos institucionales para la articulación regional. Un dialogo fluido dentro del conjunto del sistema educativo, debería evitar superposiciones de ofertas promoviendo la apertura de carreras que respondan a los problemas de cada región.

Sobre la base del dialogo y el compromiso conjunto entre la educación superior y el resto del sistema educativo, se pueden empezar a planificar acciones concretas para reducir las altas tasas de deserción estudiantil, garantizando el acceso y la permanencia efectiva de los sectores populares.

Asimismo, queda mucho avanzar en la articulación de la educación superior no universitaria y la universitaria, en temas como el intercambio de investigaciones o la promoción del posgrado y la capacitación continua de los docentes y los egresados de la provincia (9).

Un tema fundamental, se refiere a la necesidad de articulación entre el sistema productivo y la Educación Superior. Su vinculación es estratégica, ya que y tal cual firmó Juan Perón “mientras el país exporta tecnologías en la capacidad intelectual de sus técnicos, importa tecnología en máquinas y procesos industriales. No obtiene el fruto de lo primero, pero paga bien alto lo segundo”.

Finalmente y en otro nivel de análisis, la RUNCOB podría actuar de manera conjunta para revertir la fuerte asimetría en la distribución de recursos en ciencia y tecnología en relación a las grandes universidades.

La investigación
“El rasgo fundamental de una nación es una política propia”. Juan José Hernández Arregui

Desde el año 2003, el proyecto nacional está impulsando la reconversión del perfil productivo del país. Los argentinos tomamos la estratégica decisión de industrializar el país, consolidando con ello la independencia económica que es la base de la soberanía política de la nación. En este marco, el sistema de Educación Superior tiene la impostergable responsabilidad de reorientar sus recursos materiales y humanos, para apuntalar la industrialización.
El sistema científico del país (10) está debatiendo los alcances de la investigación y de los criterios de validación para su ejecución. ¿Quién recibe los resultados de las investigaciones y qué impacto cultural, social o económico encuentran?, ¿qué utilidad tienen?. Buena parte de la tradición en Educación Superior, reitera una tendencia cientificista que deriva en que las investigaciones solamente sean generadas por el interés de los docentes y los miembros de las mismas instituciones. Otra deformación de las investigaciones, se origina en la tendencia reiterar las agendas provenientes de las agencias de los países extranjeros, que en nombre de la “neutralidad de valores”, instauran las políticas científicas para su beneficio. La provincia debería promover sus propios indicadores para planificar y distribuir los recursos del sistema científico y de Educación Superior.

Para cumplir con esos objetivos, se debe tener en cuenta que la provincia gestiona la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC). Además, las instituciones universitarias de la región disponen de los recursos nacionales de ciencia y técnica, como es el CONICET y otros entes del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

En otros aspecto, se debe destacar que resta mucho por hacer para efectivizar acciones conjuntas en el campo de la investigación y la divulgación académica, entre la Educación Superior y las instituciones públicas como el Instituto Provincial para la Administración Pública (IPAP), el Consejo Provincial de Educación y Trabajo (COPRET) (11) o el Archivo Histórico Ricardo Levene.

Citas
(1) En el país hay 114 instituciones universitarias. En el universo de la gestión estatal se ubican 48 universidades y 7 institutos estatales. En el caso de la gestión privada, hay 57 instituciones distribuidas en 46 universidades y 11 institutos. Luego hay 1 institución extranjera y 1 internacional. Datos del Anuario de la SPU 2010.

(2) Universidad Pedagógica Provincial (UNIPE), Universidad Provincial de Ezeiza (UPE) y Universidad provincial del Sudoeste (UPSO). Artículo 31. B de la ley de Educación de la provincia 13.688/07.

(3) Según datos del Ministerio de Educación de La Nación, hay 2.129 Institutos de Educación Superior No universitaria en el país. 948 son estatales y 1.181 de gestión privada. http://www.mapaeducativo.edu.ar/

(4) Universidad Nacional Arturo Jauretche; Universidad Nacional de Lanús; Universidad Nacional de Avellaneda; Universidad Nacional de Quilmes; Universidad Nacional de La Matanza; Universidad Nacional de Tres de Febrero; Universidad Nacional de General Sarmiento; Universidad Nacional de José C. Paz; Universidad Nacional de General San Martín; Universidad Nacional de Moreno; Universidad Nacional de Lujan.

(5) El total del país es de 691.007 alumnos, ubicados 397.744 en la gestión estatal y 293.263 en el ámbito privado. http://www.mapaeducativo.edu.ar/

(6) El total del país es de 20.049 cargos docentes distribuidos en 11.742 de gestión estatal y 8.307 en el sector privado. En el caso de la provincia de Buenos Aires hay 3.229 cargos en la gestión estatal y 1.141 en la privada.

(7) Artículo 31 de la ley de Educación de la provincia 13.688/07

(8) En la provincia son el CPRES Bonaerense y el CPRES Región Metropolitana.

(9) La Ley de educación Superior estableció el artículo 39 bis, que favorece el ingreso de egresados de la educación superior no universitaria, al posgrado universitario.

(10) La CIC adhirió al “Documento I de la Comisión Asesora del Personal Científico y Tecnológico del MINCYThacia una redefinición de los criterios de evaluación del personal científico y tecnológico” redactado el 13 de septiembre de 2012.

(11) La ley de Educación de la provincia 13.688/07 en el artículo 123 contempla la participación en el COPRET de las universidades públicas y privadas y la CIC, entre otras instituciones con asiento en la provincia.


lunes, 18 de febrero de 2013

Pensamiento Nacional y Cultura

Prólogo
por Iciar Recalde

“La historia grande de Latinoamérica, de la que formamos parte, exige a los argentinos que vuelvan ya los ojos a su patria, que dejen de solicitar servilmente la aprobación del europeo cada vez que se crea una obra de arte o se concibe una teoría.” Juan Domingo Perón

 
Juan José Hernández Arregui estableció que los pensadores nacionales no hacen más que interpretar los estados latentes de las masas y, en este sentido, Pensamiento nacional y cultura aparece en circunstancias profundamente auspiciosas para la vida política del país y de la región. Momento en que las organizaciones libres del pueblo se encuentran en un período de avance, de restauración de derechos y de recomposición del tejido social, respaldado en una fuerte organización del movimiento obrero que retoma la senda abierta por Juan Domingo Perón el glorioso 17 de octubre de 1945. La asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003, y las gestiones de gobierno de la actual presidenta Cristina Fernández, permitieron la reapertura del debate acerca de la nación y de su destino histórico en el contexto de la geopolítica mundial y de la división internacional del trabajo, interrumpido por décadas de políticas tuteladas por el extranjero en consonancia con los vendepatria de tierra adentro. El libro de Recalde no escapa a este propósito cuando da cuenta de manera pormenorizada de que imperialismo y colonialismo son fases del mismo fenómeno y que el imperialismo económico acarrea el cultural a través de todo un enorme aparato de justificación del coloniaje. Sin reparos ni medias tintas, advierte que la lucha política por la liberación nacional es simultáneamente lucha cultural contra la dominación extranjera. Por tanto, la asunción del estatus dependiente del país, a diferencia de lo que la intelligentzia estipula para las ciencias sociales, deberá guiar los análisis de la cultura y no a la inversa. La dependencia, explica pormenorizadamente Recalde, es un fenómeno estructural, visceral de los países periféricos expresado en sus dimensiones económica, política, social, tecnológica, científica, etc., y así como habla a través de las estadísticas de mortalidad infantil del continente, tiene un alma: la cultura de la dependencia, que permite que el proyecto del colonizador entre en el modo de ser social del pueblo dominado hiriéndolo en lo más profundo: su ser nacional. La cultura en un país dependiente es un parto doloroso: extraviada de sus rasgos propios, nace tullida, mutilada, enajenada al servicio del armazón ideológico que justifica la dominación. Esta desfiguración de la mirada autóctona coexiste con todo el conjunto de elementos que integran el sostén de la deshumanización en el Tercer Mundo, porque sólo es posible mantener a un pueblo en situación semicolonial, si su conciencia nacional se imagina previamente partícipe de los valores del amo imperial, de sus objetivos y de su historia. En este sentido, Recalde revela que la cultura en la periferia se internaliza por medio de un complejo proceso de colonización cultural tendiente a legitimar y sostener en el tiempo el dominio económico sobre nuestro país. La ficción jurídica de la independencia política, que Arturo Jauretche describió lúcidamente a través del concepto de estatuto legal del coloniaje, ha jugado un rol sobresaliente en la devastación espiritual de la Argentina a través de la incorporación de modos de ver y experimentar lo social y la nación en su conjunto ligados a cosmovisiones e intereses foráneos. Y en este contexto, las oligarquías, amas y señoras de los aparatos de la cultura en el país en complicidad con los intereses del capital transnacional, llevaron a cabo una labor ininterrumpida de azonzamiento de generaciones intelectuales que aprendieron a pensar en francés, a comerciar en inglés y a renegar profundamente de lo propio. De espaldas al pueblo mestizo y pobre, sentaron las bases del extranjerismo mental, del universalismo de la cultura extranjera y la constante negación de sus orígenes americanos. Doctrinarios, doctores, funcionarios y escribas a sueldo del extranjero, imaginaron la construcción de Europa en su propio suelo y ejecutaron la entrega del patrimonio nacional, el genocidio de sus habitantes y la desarticulación social cobijada en el mito de la blanquitud nacional como justificación científica de la inferioridad del hombre americano. Entregaron la patria sin miramientos, amparados en la moral del librecambio y del progreso. Y así emergió lo de civilizados y bárbaros que coadyuvó a la formación de una pedagogía colonialista con la que se falsificó la historia del país y se asentó una política de la historia que impidió cualquier vislumbre de elaboración de un pensamiento propio. La dupla civilización o barbarie conformó un cuerpo de ideas poderosísimo para legitimar las acciones de exterminio que la oligarquía argentina ejecutó sobre aquellos sectores ligados al federalismo que entorpecían su proyecto de país agroexportador dependiente. Civilizar en Argentina consistió en desnacionalizar: pensar lo propio como hecho anticultural (la barbarie englobaba toda la herencia hispano-indígena, mestiza, religiosa y pobre) y lo extranjero como hecho cultural por excelencia (la civilización era la Europa blanca, laica rica y culta). La servidumbre cultural de nuestros intelectuales sería recompensada con cargos públicos, rentas, el manejo de las instituciones de la cultura, la prensa y todo el aparato de construcción de prestigios al servicio del coloniaje cultural, proceso examinado por Recalde, entre otros aspectos, a través del devenir de la Universidad argentina y del rol antinacional de los medios de comunicación. Y en su reverso, a través del rescate de figuras y de experiencias políticas ligadas al nacionalismo, silenciadas por haberse atrevido, lisa y llanamente, a amar a la patria antes que a las rentas y al crédito personal, defendiendo la soberanía cultural como tarea obligada del intelectual en la periferia y cuestionando la superioridad europea a través del vislumbre de su funcionalidad colonial. La misión de la producción intelectual fiel a su pueblo, advierte Recalde, ha rehuido siempre los oportunismos tras la certeza de que su labor de recuperación de la cultura del continente sepultada por las oligarquías debía desenterrar además, el proyecto de la Patria Grande, de Iberoamérica como única nación frustrada por los intereses imperiales, que fraguaron su desmembramiento en múltiples naciones sin soberanía real. Porque del mismo modo en que el imperialismo estructura las sociedades dependientes naturalizando la opresión a través de la colonización cultural, la cultura ha sido instrumento de la emancipación nacional de los pueblos sometidos. La cultura de la opresión y la cultura de la liberación atraviesan en su enfrentamiento toda la historia de la Argentina y en este punto, el libro de Recalde permite percibir a las claras la disputa entre dos tradiciones culturales diferenciadas que tienen su origen en los debates y en las luchas políticas del siglo XIX y que se reactualizan en el presente. La disputa circunscripta en las figuras de Juan Manuel de Rosas, el Federalismo y las montoneras y Mitre, el Unitarismo y la oligarquía argentina, cuya traducción en términos culturales se describe a través del enfrentamiento entre un proyecto cultural oligárquico/liberal (europeísta, elitista, racista, de civilización y ligado al mito de la blanquitud nacional) y un proyecto cultural nacional, popular y antiimperialista (vinculado a proyectos libertarios, centrado en la mirada realista sobre la situación del país, distributivo y democrático). El siglo XX, encuentra la expresión de esta batalla cultural en el enfrentamiento político que motorizan las figuras de Yrigoyen, Perón y las masas populares, en disputa con la oligarquía y sus voceros intelectuales (vastos sectores de las clases medias, los partidos de izquierda tradicional, entre los principales). Esta batalla continúa vigente en el siglo XXI, momento en que Argentina e Iberoamérica caminan hacia el futuro con el convencimiento de que la política son los pueblos que hacen su historia y que nuestro único norte es el Sur. Recalde sabe que el antiimperialismo, que el nacionalismo de los pueblos oprimidos, no surge de los libros sino del hambre, la ignorancia y el castigo infringido sobre sus hombres. Pero sabe al mismo tiempo, que en tiempos como estos, la fingida neutralidad ideológica es cobardía imperdonable: esa es la razón de estas páginas, herramientas para el combate, que escriben el derrotero de todos esos hombres que sueñan y luchan a lo largo y ancho del continente. Prologar este volumen, además de lo antedicho, significa un honor porque además de los lazos filiales que nos unen, su autor continúa siendo para muchos de los que compartimos su labor militante, una enorme guía intelectual y afectiva para cumplir el destino de la Argentina, de Iberoamérica y del Tercer Mundo en su conjunto: la independencia.

Índice
PRÓLOGO
CAPÍTULO I: PENSAMIENTO NACIONAL: DEFINICIÓN DE CONCEPTOS
Apuntes para una Sociología de la Cultura
¿Qué es el Pensamiento Nacional?

CAPÍTULO II: LOS PENSADORES NACIONALES
Juan José Hernández Arregui y la Sociología argentina
Raúl Scalabrini Ortiz: modelo de intelectual nacionalista
Arturo Jauretche y el periodismo

CAPÍTULO III: PENSAMIENTO NACIONAL Y UNIVERSIDAD
Reflexiones sobre la Reforma Universitaria del año 1918: siete hipótesis para su análisis
Actualidad y futuro del peronismo universitario
El nacionalismo popular y los Intelectuales
El peronismo y la soberanía cultural
Ciencias sociales y nacionalismo

CAPÍTULO IV: PENSAMIENTO NACIONAL Y COMUNICACIÓN
Análisis de la Ley de Servicios de Radiodifusión N° 14.241 del año 1953
El periodismo y los intereses nacionales
¿Periodismo militante o periodismo militar?

CAPÍTULO V: PENSAMIENTO NACIONAL E HISTORIA
Legado de San Martín en el Bicentenario
Obra y legado de Juan Manuel de Rosas en el Bicentenario
¿Chicos de la guerra o Héroes de Malvinas?
El feriado de la soberanía nacional y la política exterior argentina
Sonreí Tercer Mundo: Estados Unidos y Europa te están mirando

BIBLIOGRAFÍA

miércoles, 6 de febrero de 2013

El Fondo Monetario Internacional, este “monstruo tan peligroso”


Aritz Recalde, febrero 2013

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del Presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, de inmediato, destaqué dos jóvenes técnicos de confianza del equipo de gobierno, para investigar a este “monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Bretton Woods. El resultado de ese informe fue claro y preciso: en síntesis se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”. Juan Perón (1968: 51)

“El mundo no ha cambiado nunca; lo que ha variado ha sido el tipo del imperialismo dominante. La historia del mundo es el devenir del imperialismo en los tiempos”. Juan Perón (2006: 247)

En el año 2005 Néstor Kirchner anunció la decisión del gobierno nacional de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La disposición del mandatario argentino, le otorgó suma actualidad a las palabras de Juan Domingo Perón del año 1968, cuando aseveró que “la tecnocracia suele ser funesta cuando se aferra a sus preconceptos aprendidos, olvidando que la economía es una sucesión de casos concretos que han de solucionarse a base de criterio objetivo y no por la aplicación de recetas, a que tan apegados suelen ser algunos técnicos. La economía liberal ha cerrado su ciclo y seguir defendiendo y practicando sus postulados es someterse a unas reglas de juego que ya no existen” (1968: 168).
Las operaciones mediáticas que apoyan las recomendaciones de este “monstruo tan peligroso” como lo llamó Perón, siguen sosteniendo los “preconceptos aprendidos” en las escuelas de economía de las metrópolis. La recetas y las recomendaciones de los técnicos del FMI, presentan a sus intereses imperiales como si fueran medidas de aplicación universal. Los ingleses impusieron sus ambiciones en nombre de la libertad de comercio y la civilización y los norteamericanos hicieron lo mismo, sobre el principio de la globalización y el Consenso de Washington.
Esos “preconceptos” cuando son adoptados por los economistas y los comunicadores de los países dependientes, nos impiden analizar la “sucesión de casos concretos” que condujeron al país a su mayor crisis económica, política y social en el año 2001. La “sucesión de casos concretos” en la historia del país que transcurrió entre 1976 y 2003, muestran un sometimiento político que conllevó a un brutal “saqueo de la Argentina”, tal cual denominó la periodista María Seoane. Las “misiones técnicas” que hoy “juzgan” los indicadores y las estadísticas del país, son las mismas que recomendaron aplicar el modelo de capitalismo global que terminó en crisis asiática de 1997, en el default ruso de 1998, el tequila mexicano de 1995, la crisis norteamericana o que actualmente están destruyendo la economía de Europa.

Frente a los planteos de los tecnócratas del FMI y de los profetas del odio que los difunden, solamente podemos responder que ya hemos aprendido sus lecciones a fuerza de un sinfín de crisis y de una sucesión de tragedias. Sabemos que la veracidad o no de una teoría económica, debe medirse en los alcances de la acción política de los Estados y los pueblos que la impulsan. Desentendiendo las recomendaciones del FMI desde el año 2003, Argentina inició un camino de crecimiento que con aciertos y con errores, afirman nuestra decisión infranqueable de ser un país soberano en lo político y más justo en el plano social.

Como estableció Perón y más allá de las recomendaciones del FMI, “la economía libre y el libre comercio son sólo afirmaciones para el consumo de los tontos y de los ignorantes. La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste” (1968: 168). En Argentina, guste o no les guste a los tecnócratas del “monstruo tan peligroso”, la economía la controla Cristina Fernández de Kirchner para ponerla al servicio del pueblo argentino.


Juan Perón, La Hora de los pueblos, Editorial Norte, Madrid, 1968.
Juan Perón, Los vendepatria, Editorial de INJDP, Secretaria de Cultura de La Nación, Buenos Aires, 006.
María Seoane, El saqueo de la Argentina, Editorial sudamericana, Buenos Aires, 2003.